UNO Y EL UNIVERSO
Hernán Borja*
La unidad vivida de la persona y del mundo, unidad que se manifiesta solo en el recuerdo, es por cierto, en su modo esencial subjetivo constituyente y objetivo reflexivo, el más profundo y más auténtico medio de realizar la totalidad que requiere la forma novelesca.
Georg Lukács
González Quiroz, Dairo Elías. Oscuridades y destellos de la memoria. S.l., autoreseditores.com, 2026, 382 págs.
La vocación intelectual de González Quiroz y su dedicación a la escritura, se ha visto consolidada en sus libros Aventura pedagógica de la casa lectora (2012), Triple aventura académica (2019) y Desafíos de la generación del bicentenario (2022). Ha publicado artículos de crítica literaria en revistas especializadas. Tiene un blog denominado https://www.dairogonzalezquiroz.com/, que es un espacio quincenal reflexivo sobre la actualidad, especialmente la literaria, escrito desde hace años con monástica regularidad, y algunas de cuyas páginas han sido publicadas en El Espectador, influyente diario colombiano.
En la Feria del Libro Internacional de Bogotá 2026, presentó su última producción literaria Oscuridades y destellos de la memoria, un texto híbrido entre el diario personal, la crónica histórica y la reflexión personal, con cargado énfasis en lo confesional; tanto que la experiencia del lector se ve atraída sin defensas hacia el hechizo de lo testimonial y visceral, como si se encontrase, en muchos parajes de este viaje narrativo, ante una novela de aprendizaje fallida, pues la conciliación entre la persona y el mundo se agrieta cuando el narrador cree disfrutar de ella.
Con miras al carácter confesional, el autor es explícito en su exordio: “Mi doble deseo es que la memoria pase a ser escritura… y rescatar mediante la memoria y las palabras los hechos de mi vida y de mi país” (119) y, podría añadirse, los de la humanidad, por su influencia en el territorio nacional, como con frecuencia los trae a colación González Quiroz.
No obstante, en el relato de su vida, los hechos nacionales y mundiales, y la reflexión sobre ellos, ocupan un gran espacio, y esa es una de las propiedades que tallan la narración, tanto que puede conducir al corolario de que no hay existencias personales por fuera de lo social e histórico, tal como lo quiso sugerir Ernesto Sábato en el libro que da título a esta reseña.
Es más, en la sucesión de páginas la intertextualidad con otros autores es frecuente para confrontar o respaldar las tesis que se exponen; la nutrida enciclopedia del literato enriquece el discurso y lo torna sugerente y atractivo.
Igualmente, la polifonía evita la monotonía del registro idiomático, pues el escritor vincula diálogos y opiniones en distintos escenarios; así, evita la prédica unilateral en lo cotidiano y sectaria en lo político. Voces que se manifiestan también en las cartas propias y ajenas, transcriptas con estudiada oportunidad, y que constituyen uno de los deleites del libro por ser documentos auténticos, escritas al pie de la hoguera de las acciones.
Sin muchas reservas, podría llegar a pensarse que el texto muestra un ascenso del hombre mediante la superación paulatina de sus dificultades personales, en los planos profesional y financiero y la conquista de una felicidad hogareña. Como si esta fuera una novela de formación humana, donde el personaje logra, después de un largo proceso, la conjunción entre su ser y el exterior.
Sin embargo, en las auroras del texto, la arcadia hace aguas desde los propios años de niñez, pues los acontecimientos sociales se encargan de socavar el precario piso de la isla personal. Luego, el enfrentamiento con las dificultades, llevan al autor a sortear con pericia e inteligencia diversos factores en su contra; con una inmensa carga de alegría, eso sí, y respaldado por la vivencia de una sexualidad sin tapujos. Se asiste, indudablemente al proceso de conformación de una personalidad intelectual, humanamente solidaria; a un espíritu lúdico que disfruta el goce pagano en las calles, en los enfrentamientos contra la represión, en las conquistas sindicales, en el amor y su amada docencia.
Ahora bien, en contravía del vitalismo desbordado, el discurso lleva al lector a adivinar la persistencia venenosa de una celosa culebra: la vocación de escritor. A la que se ha sido fiel en el propósito, pero cuya práctica se ha visto entorpecida por factores, de sobra conocidos y comunes a tantos creadores, que González Quiroz nos brinda con profusión.
El autor ha sido atormentado en sueños y vigilia por una dualidad nunca resuelta entre el artista y el ser comprometido con el cambio de la sociedad. Tan persistente ha sido esa escisión, que aun con tres sólidos libros ya publicados, aún persiste la condena de días alienados por diversos intereses (sin que medie arrepentimiento, pues el autor exulta cuando recrea muchas de sus experiencias políticas, sindicales y afectivas):
«Para evitar seguir muriendo en forma alienada y miserable absorbido por lo urgente o la insignificancia de las pequeñas cosas, voy a seguir con rigurosidad una lista personal de condiciones esenciales para vivir de manera digna y enfrentarme verdaderamente al oficio de escritor.» (374)
Confesión hecha casi al final de estas memorias, constituye una sujeción absoluta a los mandatos de Calíope, la diosa de la narrativa. Y es que el texto ha estado nutrido de afirmaciones propensas a darle cobijo a la susodicha serpiente, esa voz escuchada que, según su convicción, terminaría con su vida de no seguir su inflexible mandato.
Quien lea Oscuridades y destellos de la memoria, se encontrará con el país real, el retrato humano y las cotidianidades de diversas comunidades, la costeña primero y luego la bogotana; y podrá dilucidar lo común de los hombres en su búsqueda de la supervivencia y el interés personal y social; al igual, el enfrentamiento con la vida y los ritos, costumbres, comidas y vivencias que conforman las diversas nacionalidades del múltiple país colombiano.
Texto lúdico, escrito para espíritus libres y que podría rescatar de la pacatería a tantos que aún sucumben en su autorrepresión y en la injusticia social, al ser agentes de un capitalismo sin sentido.
La temática y el estilo de Dairo se acrisolan cada vez en sus nuevas publicaciones. Es un autor agradable y profundo, investigativo y creativo, vanguardista en su expresión y con un dominio acendrado de la lengua española. Hombre de letras y en un ser abierto a contribuir al bienestar de la humanidad.
Oscuridades y destellos de la memoria se disfruta página a página, al adentrarse en parajes y seres que revelan, con certezas nacidas de una experiencia individual, esencias incuestionables de la naturaleza humana; topadas y conceptualizadas por el autor en el tortuoso camino hacia sí mismo. Los innumerables recursos estilísticos pasan desapercibidos por la maestría de su manejo y tornan ameno un texto denso, plurivalente y ávido de agotar la realidad en la escritura.
*Autor de las novelas Al pie de la hoguera (2013) y Sangrenegra: la cruz de Jacinto, 2022, 2ª. edición).

Maestro Borja, muchas gracias por esta gran reseña.
Apreciaciones que en verdad, reconoce la experticia de un buen autor.
Muy amable profesor Héctor.
Que la memoria sea luz y sombra que ilumina el pasado y el presente para que el olvido no sea costumbre que atrapé la inocencia
Profesor Antonio, muy amable por leída y mensaje.