COLOMBIA, ¿PAÍS DE IZQUIERDA, CENTRO O DERECHA?

Amables lectores sentipensantes, antes de apostar por la Feria Internacional del Libro de Bogotá donde hice el lanzamiento de mi quinto libro –Oscuridades y destellos de la memoria: “siempre será mejor que haya palabras acertadas o desacertadas que una guerra que dispara con precisión con las armas…”–, llevaba días pensando en escribir algo sobre izquierda, centro y derecha cuando tropecé con una caricatura de La Ché colombiana que, con su irónica concisión habitual, sintetizaba en Extremos mis inquietudes. En ella se ve a tres rostros indefinidos: al lado de una rata el de la extrema derecha pensando en un fusil, el de la extrema izquierda también al lado de una rata y con un fusil detrás portando una pancarta sin letrero, y el del centro arrellenado en una silla ubicada más a la derecha (ver abajo).

Tres posiciones políticas importantes para nuestras discusiones en Colombia en las que ahora me voy a detener, a menos de una semana de las elecciones presidenciales del próximo domingo 31 de mayo en medio del dominio del algoritmo en el que parece que la única manera de llamar la atención “fuera incendiar las emociones de las personas, apelar a sus instintos más bajos, dibujar al contrincante como un enemigo deplorable y apostarle a la erradicación de las ideas contrarias, al menos desde el plano moral.”

En los noventa, Norberto Bobbio escribió Derecha e izquierda, “un corto e influyente libro en el que se opuso a quienes planteaban que hablar de izquierdas y derechas ya no tenía sentido. Este gran pensador italiano consideraba que la distinción era aún relevante ya que permitía clasificar las posiciones políticas según que buscaran reducir o no las desigualdades sociales. Pero añadía que esa diferencia, que se centra en los propósitos de la política, no agotaba el espectro político, pues era necesario analizar también los métodos y, por lo tanto, era necesario distinguir también entre los moderados y los extremistas.” (Uprimny, 2026A)

Al igual que Rodrigo Uprimny, creo que Bobbio tuvo razón en los noventa y que sus planteamientos siguen siendo relevantes para nuestras discusiones en Colombia, por lo cual procedo a retomarlos y actualizarlos. Para él una persona o un grupo político “es de izquierda si considera que la mayoría de las desigualdades son injustas y es por eso que deben ser reducidas (como las diferencias en propiedad e ingreso) y algunas, incluso, eliminadas (como las discriminaciones raciales o de género). La izquierda defiende entonces un papel activo del Estado, que debe garantizar los derechos sociales y lograr una mayor igualdad social, ya sea a través de instrumentos redistributivos específicos, como los impuestos, o ya sea por medio de ciertas transformaciones estructurales, como la reforma agraria.” (Ibíd) El dúo Aída Quilcué e Iván Cepeda Castro del partido Pacto Histórico es el mejor ejemplo de esta posición política en la actual contienda electoral colombiana.

Por el contrario, continúa Uprimny, las visiones de derecha aceptan muchas de las desigualdades que la izquierda rechaza: consideran que algunas de ellas son inevitables pues derivarían de la naturaleza; defienden otras como legítimas porque estarían fundadas en el esfuerzo y el mérito; y juzgan que otras son buenas socialmente porque preservan el orden y dinamizan el mercado. Por eso las derechas desconfían del papel redistributivo del Estado y defienden un mercado más libre. Paloma Valencia del partido Centro Democrático y Abelardo de la Espriella del movimiento Defensores de la Patria son sus figuras representativas (ver: https://www.dairogonzalezquiroz.com/leer/por-una-mejor-vida-a-pesar-de-tantas-oscuridades-y-pocos-destellos/).

“Esta distinción permite organizar las posiciones políticas en un eje según sean más igualitarias y defensoras del papel redistributivo del Estado (izquierda) o menos igualitarias y más favorables al mercado (derecha). Sin embargo, este eje sólo mira la finalidad de la política; es necesario analizar también los medios o métodos para alcanzar esos propósitos. Y en este aspecto podemos distinguir entre extremistas y moderados: los primeros absolutizan los fines, que buscan alcanzar rápido y a toda costa, por lo cual tienden a pensar la política según la distinción amigo-enemigo, que el jurista de los nazis Carl Schmitt postuló como la esencia de lo político. Los extremistas están entonces dispuestos a romper el Estado de derecho para alcanzar sus finalidades y tienden a estigmatizar como enemigos (y no como simples opositores) a quienes no comparten sus visiones. Los moderados, por el contrario, están más abiertos al diálogo y a los avances graduales. Su visión de la política es más cercana a las visiones pluralistas y deliberativas de la democracia pues consideran que puede haber acuerdos entre posiciones distintas y, por ello, se abstienen de estigmatizar al adversario y defienden un respeto robusto al Estado de derecho.” (Uprimny, 2026A)

Extremos por La Ché, 18 de noviembre de 2025 https://www.elespectador.com/opinion/caricaturistas/la-che/la-che-513/

Si combinamos los dos criterios de los fines y los medios de la política tenemos entonces cuatro tipos de posiciones: izquierdas extremistas o ultras (como las narcoguerrillas colombianas), izquierdas moderadas (como las socialdemocracias nórdicas y algunos progresismos latinoamericanos), derechas moderadas (como Ángela Merkel y la democracia cristiana alemana) y derechas extremistas o ultras (como los fascismos o Donald Trump y Benjamín Netanyahu). “Esta tipología es obviamente simplificadora: deja de lado otros propósitos de la política que son muy importantes, como las posiciones frente a las identidades, la autonomía personal o las estrategias de seguridad.” Pero creo como Uprimny que, en todo caso, es una tipología útil para nuestros debates actuales, aunque un lector atento se preguntará: ¿y dónde queda ahí el llamado centro? Pregunta que Bobbio resolvió con su vida, aunque no pudo resolver los dilemas de un mundo tan cambiante, donde las palabras para entenderlo van detrás de la realidad política.

El centro puede ser entonces asociado a autores como el propio Bobbio o, en especial el gran escritor galo-argelino, Albert Camus. La reivindicación de este eje político “como moderación no implica el abandono del entusiasmo, ni caer en el cinismo o la indolencia. Debemos combatir con entusiasmo tanto el fanatismo como el cinismo. El realismo y la moderación son necesarios pues —… cito a Camus— la virtud totalmente pura es asesina; pero una dosis de moral es necesaria a todo realismo, pues también el cinismo es asesino… La asunción de una actitud centrista o de moderación tampoco significa abandonar los ideales, ni dejar de asumir posiciones claras, incluso en temas difíciles.” (Uprimny, 2026B)

Pienso que aspirantes presidenciales como Sergio Fajardo, Claudia López y Roy Barrera se ubican en el punto donde los contrarios se tocan y se anulan: no es chicha ni limoná, por tanto, son impotables. Por eso, esa ubicación política “se diluye en su falta de estrategia e incapacidad de construir alianzas amplias.” A pesar de que Colombia es un poco moderada, “los liderazgos políticos del centro se diluyen en los personalismos sin estructura política.” De ahí que sus esfuerzos no han logrado convencer a los votantes de acuerdo con todas las encuestas. Sin embargo, los candidatos presidenciales centristas merecen hoy un mayor reconocimiento, pues, ellos reivindican la moderación y rechazan los absolutismos y los extremismos en política.

De acuerdo con Julio César Londoño (2022), el centro es exquisito por definición. Aristotélico. Ni tanto que se queme el santo ni tanto que lo pongamos en la Presidencia. Buscan con celo el punto medio, la aurea mediocritas, ¡y la alcanzan! Abominan de las hordas de la extrema derecha encabezada por Álvaro Uribe Vélez -expresidente procesado- por mil razones, todas válidas, pero no soportan a Petro. Es honrado pero chandoso, rezongan. Parece que hizo algo de trabajo social en la periferia, conceden algunos; pero hay vacíos teóricos en la matriz estocástica de su modelo económico… ¡para no hablar del acento y las uñas de Francia!, señalan otros. Lo dicho -sigue Londoño-, son exquisitos, técnicos, ambientalistas y equilibrados, hasta que llega la hora de la verdad y una fuerza fatal, atávica, genética, la gravitación de los siglos, los arrastra a la derecha. Entre lo repugnante y el salto al vacío, se tapan sus delicadas narices y se arrojan a la letrina del uribismo con una resignación patriótica admirable.

¡Amables lectores sentipensantes!, apoyado en el diccionario de la RAE, permítanme ahora hacer mención al origen etimológico y al significado político del trío lingüístico convocante: la palabra derecha proviene del latín directus, que significa recto, directo o guiado hacia un lugar, y ésta a su vez, deriva del verbo latino regere -enderezar, regir, gobernar-, cuya raíz indoeuropea –reg- también se asocia con conceptos de rectitud y liderazgo; el vocablo centro proviene del latín centrum, y éste a su vez del griego kéntron, que significa aguijón, punzón o la punta afilada del compás que los antiguos geómetras clavaban en la tierra para trazar circunferencias; y el término izquierda proviene del euskera ezkerra o ezker que se cree derivada de la combinación esku -mano- + okertorcida o contrahecha-, resultando en mano torcida o mano torpe, términos que sustituyeron al latín sinister que tenía aún connotaciones más negativas.

Y en cuanto al significado político de dichas palabras, hay que afirmar que él viene de París y este año cumplirá 237 años: “El 29 de agosto empezamos a reconocernos: los que defendían su religión y su rey se reunieron a la derecha del presidente para evitar los gritos, los insultos y las indecencias que sucedían en la parte opuesta, a su izquierda”, escribió en sus memorias el barón de Gauville -diputado de la nobleza en la Asamblea de la Revolución Francesa-, según Martín Caparrós (2024).

Era el nacimiento de la definición política más eficaz de los últimos siglos, actualizada, como ya dije, por Bobbio. Funcionó, se mantuvo: era muy clara, continúa Caparrós, muy gráfica y tan arbitraria que, aunque ahora parezca extraño, aquellos señores se podrían haber parado al revés y lo diríamos al revés y sería lo mismo. En cualquier caso, seguimos hablando de derechas e izquierdas y sus matices. Durante años las derechas quisieron disfrazarse de centros. Pero vieron que las izquierdas lo conseguían mejor y tuvieron que lanzarse a su derecha. Así que ahora las que más suenan se hacen llamar extrema derecha o ultraderecha; ocurriendo lo mismo con la extrema o ultraizquierda.

El Roto: imparcialidad. Viñeta del 13 de mayo de 2026, https://elpais.com/opinion/2026-05-13/el-roto-imparcialidad.html

En suma, entonces, las características de los de derecha y ultraderecha serían: quieren destruir el Estado, son nacionalistas y  globalizadores puros; mueren por el mercado y responden a viejas tradiciones fascistas; son muy religiosos y supersticiosos; son muy homófobos y extremadamente machistas –con esas actitudes, tal parece que cierto candidato tiene huevo– y “suelen ser antisemitas como sus mayores pero han inventado una nueva manera de serlo”: apoyan a sus camaradas de USA e Israel. “Los une, si acaso, su forma de aprovechar la frustración reinante y ofrecer a esos frustrados la expectativa de un cambio social. Es curioso: en varios países esas derechas han conseguido aparecer como la única reacción contra un statu quo que todos los demás supuestamente representan. Y así convierten a los demás en conservadores que quieren mantener la democracia, estas sociedades donde tantos no viven las vidas que merecen.” (Caparrós, 2024)

La derecha siempre se definió por conservar, sigue Caparrós, por pelear para que nada cambiara porque cualquier cambio era peor, destruía el orden. No se podía ser de derecha sin una religión, que garantizaba que todo iba a seguir igual porque era la voluntad de un dios. Ni se podía ser de derecha sin algún dinero porque la derecha existía para garantizarte que los pobres no te lo robarían. Ni se podía sin aferrarse a las viejas tradiciones y las viejas reglas. Las nuevas derechas expresan y exprimen como nadie el miedo al diferente. Pero la meta que realmente los unifica a todos es la que silencian: mejorar las vidas de los ricos. Lo hacen de muchas maneras. El enredo fiscal es uno de sus favoritos: se nota poco y los beneficia mucho. Y así cumplen su viejo objetivo con eficacia renovada: si hay algo que estas nuevas derechas tienen en común es su habilidad para conseguir que los voten los pobres para defender los intereses de los ricos. “Usar a los descontentos para mejorar la situación de los más contentos es el truco más viejo del manual y, por eso, cada tanto cambia de nombre comercial: ahora se llama extrema derecha cuando debería llamarse la gran derecha, el gobierno tradicional de los poderosos de toda la vida. O derecha a secas, que es lo que es y ha sido desde aquel día en que todos los nobles que defendían al rey decidieron juntarse en un costado del salón —y atrincherarse allí.” (Ibíd)

Los dirigentes y seguidores de esa derecha nacional a secas “consideran que, con respecto a las tecnologías de la Violencia, la motosierra es una innovación chévere pero satanizada; que la donbernabilidad es la única manera de bajar los homicidios, o al menos los indicadores; que matar indios será un crimen pero no es pecado; que los manifestantes pierden los ojos porque los ponen en las trayectorias de los proyectiles del Esmad; que las campesinas embarazadas son en realidad fábricas de maquinitas de guerra; que ponerles internet a los pobres es una güevonada; que los falsos positivos no fueron 6.402 sino 6.204; que los ambientalistas son románticos histéricos; que el calentamiento global es un imposible meteorológico en planetas planos y que la corrupción es inherente al ser humano.” (Londoño, 2022)

Es esa misma derecha y ultraderecha internacional descarada que es capaz de intervenir en nuestra política al condicionar la relación entre Colombia y Estados Unidos a través de Trump y sus compinches: “Si Colombia, Dios no lo quiera, toma el camino equivocado, todos los malos actores que hoy están en Cuba, Venezuela y Nicaragua se trasladarán a Colombia”, dijo el senador republicano Bernie Moreno, uno de los compinches del trumpismo para América Latina. También sugirió desconocer los resultados: “Si van a contar votos que son resultado de una clara intimidación, entonces no van a tener unas elecciones que la comunidad internacional, y desde luego los Estados Unidos de América, consideren libres y justas”. De este modo, “el senador ha sugerido que no se cuenten los votos de territorios donde hay disputas con los grupos criminales y presiones.” (elespectador.com, 2026)

Negar las votaciones de poblaciones con presencia de grupos criminales sería bloquear -continúa El Espectador- la democracia colombiana y muestra un desconocimiento de las dinámicas históricas que ocurren en medio del conflicto. La solución no es dejar de contar votos ni tampoco favorecer la narrativa simplista de unas elecciones fraudulentas. Especialmente porque los liderazgos ciudadanos de esos territorios exigen ser escuchados y, sí, contados. ¡Senador Moreno!, “si sus deseos son respaldar la democracia de Colombia, es fundamental que sus declaraciones no sean más leña para el fuego de la polarización. La observación electoral no puede ser sesgada y la influencia sobre el electorado no es una estrategia aceptable. Los colombianos merecen respeto” (Ibíd), pues, no existe ninguna razón objetiva para sembrar dudas generalizadas sobre un sistema electoral que ha sido puesto a prueba de manera constante.

De los diez candidatos presidenciales, Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia y Sergio Fajardo están en el podio de la intención de voto. Foto: El Espectador.

Pero bueno, ¿Colombia es un país de izquierda, centro o derecha? Según el mismo diario colombiano pero del pasado 22 de mayo, en la última encuesta de Invamer financiada por Noticias Caracol y Blu Radio, el 37,1 % de los colombianos aseguró identificarse ideológicamente en la derecha, el 28,2 % en la izquierda y el 18,5 % creen ser de centro. Además, de acuerdo con otro diario nuestro -El Tiempo (2026)-, curiosamente un estudio de la Universidad de Oxford con monos explica por qué el 90% es diestro; el trabajo examinó datos de 2025 individuos pertenecientes a 41 especies de primates antropoides.

Sea como fuere, ante esa medición de Invamer y ese estudio universitario, la derecha sigue “con su estrategia de vender miedo para que la gente vote por ella”, dicen unos. “A la derecha le gustan los atentados terroristas porque eso les da votos”, argumentan los más atrevidos. “Ambas frases, más que venir de un concienzudo análisis político, no son más que lugares comunes que en los últimos días han empezado a hacer circular algunos políticos afines al Gobierno de Petro para hacer énfasis en lo inconveniente que resulta para Colombia no solo votar por la derecha, sino que exista una derecha en el espectro político y democrático.” (Calvás, 2026)

Más allá de que esas afirmaciones que se hacen a la ligera, sigue Juan Pablo Calvás, lo interesante llega cuando, como un mero ejercicio argumentativo, se busca construir una serie de frases que funcionen de manera parecida, pero ahora soportando una teoría de la conspiración que tenga como punto de partida los sectores de izquierda: “A la izquierda le gusta que haya pobres” o “la izquierda avanza en su tarea de empobrecer a los colombianos para que haya más necesitados que voten por ella”, podrían ser algunas de las frases surgidas de ese potencial ejercicio de extrapolación. “Incluso, se podría hacer un esfuerzo extra y darle mayor consistencia a tal señalamiento que… sirve mucho en este ejercicio retórico.” (Ibíd) De todos modos, la dinámica en la que la derecha tienta y la izquierda arremete es perjudicial para esta última. “Sea cual sea la verdad, ¿quiénes son las víctimas? El mismo pueblo que unos y otros dicen defender.” (Ibíd)

Finalmente, ¡amables lectores sentipensantes!, sabiendo que éstas son las tres corrientes políticas predominantes en Colombia, los exhorto a seguir ahondando académicamente para seguir construyendo nuestras acciones y proyectos. Invito a todos a la mayor movilización que podemos hacer en las urnas votando por nuevos escenarios emancipatorios y una nueva narrativa política para seguir avanzando en el verdadero cambio. Así, ejerceremos el poder de elegir libremente para luchar todos unidos por la transformación histórica de Colombia pasando de una débil democracia mínima a una plena democracia sustantiva. Obvio que las elecciones presidenciales traen consigo ilusiones perdidas; no obstante, ellas también nos ofrecen algún destello esperanzador.

Ojalá pues que las elecciones del 31 de mayo sean muy conscientes y votemos masiva e inteligentemente para seguir demostrado el gran poder e importancia del voto libre ya que, como bien lo dice José Narosky: “Una ilusión fracasada es una experiencia dolorosa; pero una vida sin ilusiones es una vida dolorosa”. Ojalá que no seamos indecisos en la participación electoral y nos llenemos de argumentos serios para que votemos por la posición política que mejor interpreta nuestros ideales y nuestra visión democrática que exige responsabilidad, prudencia y un firme compromiso con el interés colectivo: “labrar en las honduras del espíritu camino” de cambio y de progreso. ¡Ah! y no olviden llevar la cédula y … los destellos de la memoria para leer e iluminar la larga fila que de seguro habrá.

INDISPENSABLE TÁBULA GRATULATORIA

CALVÁS, Juan Pablo (2026, mayo 4). “A la izquierda le gusta que haya pobres”. El País de España, Madrid, https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-05-04/a-la-izquierda-le-gusta-que-haya-pobres.html

CAPARRÓS, Martín (2024, oct 24). La palabra derecha. El País de España, Madrid, https://elpais.com/eps/2024-10-19/la-palabra-derecha.html

ELESPECTADOR.COM (2026, mayo 23). Senador Moreno, la democracia colombiana merece respeto. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/editorial/senador-moreno-la-democracia-colombiana-merece-respeto/

LONDOÑO, Julio césar (2022, abril 16). El centro exquisito. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/julio-cesar-londono/el-centro-exquisito/

UPRIMNY, Rodrigo (2026A, mayo 3). Izquierdas y derechas: las enseñanzas de Bobbio. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/rodrigo-uprimny/izquierdas-y-derechas-las-ensenanzas-de-bobbio/

_________________ (2026B, mayo 24). Por un centro izquierda en política. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/rodrigo-uprimny/por-un-centro-izquierda-en-politica/

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