DETRO Y FUERA DE JUEGO
En homenaje al apesadumbrado, pero bravo y resiliente pueblo venezolano; y en homenaje a la colombiana desobediencia civil pacífica

Amables lectores multicreyentes y sentipensantes, en medio del reino de un autócrata indecente y dos gobernantes democráticos decentes, se desarrolla el Mundial de Fútbol en EE UU, México y Canadá, donde parece mandar el juego político sobre el espectáculo deportivo. Por eso, el fútbol y la política te obligan a reconsiderar el pensamiento empírico, la razón y sus límites; aunque la nómina de figuras futbolísticas como Mbappé, Messi, Cristiano, Modric, Yamal, Lucho o Vinícius invitan a soñar y las actuaciones de los gobernantes desalmados a poner los pies sobre la tierra. Tal es el tema de este artículo, apoyado sobre todo en la participación de Colombia en los mundiales.
Tres países diferentes con presidentes singulares y expectativas variadas: lo que en USA es promesa de superar su Mundial del 94, en México es historia viva con sus gestas mundialistas del 70 y del 86. La imagen del Estadio Azteca el jueves pasado 11 de junio, “lleno para actuar como anfitrión por tercera vez, fue sobrecogedora. El lugar donde triunfaron Pelé y Maradona aporta a la historia de los mundiales una mística única Maradona” (EP, 2026) quien en un mismo partido marcó dos goles históricos -uno divino y otro humano- y quien “fungió como vengador de los muchachos argentinos muertos por los ingleses y al mismo tiempo puso en la picota a los militares asesinos que los enviaron al matadero.” (Spitaletta, 2026)
Ese es el estándar de un Mundial. Pese a ser uno de los pocos países que se resisten a la universalidad del balompié como fenómeno, a eso es a lo que aspira no solo EE UU sino también Canadá en su primer Mundial, pese o por sus amenazas de anexión de todo el país. Claro que esta Copa es un reflejo de una situación geopolítica imperial. USA tiene 78 juegos y México y Canadá 13 cada uno, dos países que no son socios sino comparsas, actores de reparto. De eso nos vamos a acordar. Las historias que están ocurriendo en estas semanas de banquete futbolístico se contarán durante los próximos años. Y cuando se cuenten, el contexto político en el que se produjeron será también importante.
Asociar el fútbol al contexto político es darle más sentido con los grandes episodios de la historia global y personal. Los griegos, según Juan Constaín (2026), desde el siglo IV antes de Cristo, tenían una solución para corregir y aplacar el caos lunar de cada calendario que regía en cada ciudad: medir la vida de la gente, la vida de los pueblos, según el ciclo de las Olimpiadas, que ocurrían cada cuatro años. En esta época, tenemos el Mundial de Fútbol –que ocurre también cada cuatro años como herencia griega y por curiosidad coincide con las elecciones presidenciales colombianas, confluencia que ha sido especialmente problemática este año– en el que nuestras vidas se pueden ir reflejando en cada uno de ellos, desde que tenemos memoria hasta el más reciente: desde Chile 62, en mi caso, del que sólo recuerdo las algarabías fraternales por la hazaña del balompié colombiano que consistió en empatar 4-4 con la URSS y la conquista de Brasil del bicampeonato planetario encabezado por el rey Pelé, aunque recuerdo más de las fuertes discusiones de mi madre contra mi padre porque estaba encoñado con una amante, y de la preocupación en casa y el vecindario por el triunfo presidencial del conservador y poeta Guillermo León Valencia.
Lo sucedido 28 años después, cuando Colombia volvió a un Mundial en 1990, lo registré en mi quinto libro Oscuridades y destellos de la memoria, pero me acuerdo perfectamente cuando El pibe Valderrama apenas recibe la pelota ya su mirada ha abarcado todo el terreno, ha visto dónde están los adversarios y dónde los partidarios mejor colocados, por dónde conviene avanzar o a quién entregar el esférico; esta visión soberana del espacio de juego es privilegio de los grandes. Ello unido a una contextura física ideal, un driblin imprevisible, una serenidad absoluta y una precisión en los pases hacen de él un Fenómeno. Sereno y preciso fue aquel pase profundo que lanzó en terreno de Alemania; Freddy Rincón, El coloso del Pacífico, quedó solo frente al arquero BodoIlgner, disparó y gol. El tiempo reglamentario ya había terminado y se jugaban segundos de adición; el partido lo perdía Colombia 1-0: lo que vino fue júbilo.
Colombia empataba con una de las máximas potencias futboleras del mundo y se promovía a la segunda ronda de Italia-90. La selección practicó un buen fútbol: en el primer juego derrotó a Emiratos Árabes Unidos 2-0; luego perdió 2-1 con Yugoslavia, y en el primer partido de la segunda ronda cayó 1-3 contra Camerún. Fue el fin de un sueño, pero la consolidación de una nueva era para el fútbol colombiano. El Mundial lo ganó Alemania, que derrotó en la final a Argentina.
Dicho entusiasmo futbolístico fue el mismo que sentí con: «Venga esa mano país, entre todos cambiaremos la historia de Colombia. Palabra que sí», lema-reto de la AD M-19, Alianza Democrática que ayudó a romper los viejos paradigmas de hacer política en el País Lúdicamente Dramático. Este movimiento fue el que propuso a mi esposa para la Personería de Pitalito-Huila por sus capacidades académicas, profesionales e intelectuales, quien acepta la postulación y el Concejo de dicho municipio la elige por unanimidad en septiembre. Y el 18 de octubre de este mismo año, en medio de un paro latinoamericano de educadores, el círculo jubiloso del Mundial del 90 se cerró cuando los Docentes Elegibles del 86 logramos nuestros nombramientos en la planta del Distrito Capital después de haber efectuado un encadenamiento debido al incumplimiento de su Secretaría de Educación, en donde fuimos atendido por su jefe y otras autoridades del Ministerio de educación nacional.
¿Me acuerdo de USA 94? Por supuesto, me acuerdo: horrible Mundial, tan horrible como sus camisetas. ¿De Francia 98? Sí: el gol de Léider Preciado y la eliminación de Argentina. 16 años después, en 2014, Colombia regresó al Mundial e integró el Grupo C con Grecia, Costa de Marfil y Japón. La Tricolor sumó nueve puntos, clasificando en la primera posición luego de derrotar a Grecia 3-0 en el primer partido, a Costa de Marfil 2-1 en el segundo y a Japón 4-1 en el último. En octavos de final se enfrentaron a Uruguay, venciéndolo 2-0 en el estadio Maracaná y con un desempeño extraordinario de James Rodríguez, quien anotó dos goles. Uno de esos terminó siendo el mejor gol de la competición y el mejor gol del año.
En los Cuartos de Final la Selección colombiana cayó ante Brasil, los anfitriones, por un marcador de 2-1. Quedará en la memoria el gol anulado a Mario Alberto Yepes por fuera de juego en el minuto 72, que habría significado el descuento para su equipo. Sin embargo, James anotó el único y último tanto de su equipo en el partido y en el torneo. El diez colombiano terminó el Mundial como goleador, recibiendo posteriormente el Balón de Oro, pequeña esfera tornasolada que concentró y ahora concentra todo el espacio cósmico y contiene sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos.
Por eso no puedo olvidar ese Mundial, pero sobre todo porque en ese mismo año hubo golpes tan fuertes: Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, / la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma… Golpes que Abren zanjas oscuras / en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Fueron los heraldos negros que nos mandó la muerte de Gabriel García Márquez aquel jueves santos inolvidable. Con ese golpe empozado en mi alma pasé el resto de aquel año releyendo varios de sus libros profundos. Lo hice como quien escucha y observa un encuentro mundialista: con devoción, con intensidad y emocionado hasta la lágrimas, que se convirtieron en mi gran homenaje al Nobel Colombiano.
Aprovechando que nuestro cuarto y último vástago -Raiza Andrea González Romero- estudiaba economía en Rusia, en medio de la dictadura de Putin que afectaba a su pueblo y las condiciones laborales de los inmigrantes, viajé a Moscú con la gran Liebre para visitarla y observar el Mundial de 2018. Volamos justo el día después de cumplir con el deber democrático del voto y allá nos enteramos de que Iván Duque del Centro Democrático obtuvo la Presidencia de la República con el respaldo absoluto de Álvaro Uribe Vélez, en medio de un histórico letargo de mis compatriotas. Por el motivo y la razón de nuestra estadía, el amigo periodista Jorge Hernán Peláez nos entrevistó a los tres en el histórico café Pushkin de Moscú, en donde dialogamos celebrando la clasificación de la selección Colombia a octavos de final, lo cual se constituyó en un testimonio imperecedero que se puede consultar en el link: https://www.dairogonzalezquiroz.com/ver/entrevista-con-jorge-hernan-pel
Retomando el Mundial 2026, pues Colombia no clasificó para el de Qatar en 2022, hay que decir que el de este año está llamado, por tamaño, a batir todos los récords. Es el primero que se juega en tres países a la vez, que suman 16 sedes. “Es el primero también con 48 selecciones, lo que obliga a hacer una ronda eliminatoria de dieciseisavos de final y arroja un total de 104 partidos durante seis semanas. Las entradas son las más caras de la historia. Bajo la dirección de Gianni Infantino, la FIFA ha inflado el campeonato para exprimirlo financieramente” (EP, 2026) y ha contado para ello con la frenética e interesada cooperación del presidente procesado Donald Trump. “La imagen de Infantino entregando un inventado premio FIFA de la paz a Trump para alimentar su insaciable ego, el pasado diciembre, es suficiente síntoma de la época en la que se celebra este Mundial.” (Ibíd) Aquí es bueno recordar que el tal Infantino reside en EE UU y que es todo un “lavapatas” de Trump y compañía.
Además del insaciable ego trumpista, otra de las características principales de esta época es la continuación del atropello constante a los inmigrantes comandado por algunos presidentes autoritarios, pero sobre todo por el multimillonario e indecente autócrata de Trump, quien ha desplegado una decadencia en el trato a los participantes del Mundial por cuenta de sus políticas migratorias. Por eso, es indignante, el atronador silencio de Infantino ante los vejámenes y abusos de las autoridades de inmigración de USA contra ciertos jugadores, árbitros y ciertas delegaciones de algunos países participantes en el Mundial, e incluso hasta aficionados e influenciadores han sufrido la inclemencia de una administración que culpa al extranjero como origen del crimen en su territorio.
La 1ª polémica sucedió el 7 de junio con la llegada a suelo estadounidense de la selección de Senegal, “la cual tuvo que atravesar un minucioso y atípico control migratorio en la propia pista de aterrizaje… Otra ola de críticas surgió tras el rechazo por parte de las autoridades migratorias estadounidenses a Omar Abdulkadir Artan, árbitro somalí que debía cumplir con su trabajo en varios partidos de la Copa. El colegiado venía de ser nombrado el mejor árbitro africano de 2025; sin embargo, su ingreso a Estados Unidos fue negado en Miami, a pesar de que asegura tener su visado en orden.” (EE, 2026A)
Otro ejemplo llegó con la selección de Irak, sigue El Espectador, con un interrogatorio de más de siete horas a Aymen Hussein, su goleador, cuando aterrizó en Chicago. En ese mismo vuelo venía Talal Salah, fotógrafo oficial de esa selección. Lo interrogaron por 10 horas, revisaron todos sus equipos y lo deportaron. La lista de lunares no se detiene, pues el martes la FIFA anunció que se revocaron las entradas al torneo para los aficionados de Irán.

Quintatinta en El País de España, https://elpais.com/opinion/2026-06-14/emocion-por-encima-de-todo.html
Recordemos que cada federación de los 48 países mundialistas tiene —o tenía— el derecho de distribuir el 8 % del aforo de los estadios en los cuales vayan a jugar. Esta postura coincide con la tensión militar que existe con el país anfitrión después de un pacto que huele a pólvora pues hay tantos factores no racionales en juego que se comprende el escepticismo general sobre lo que podría venir. En particular, porque Irán “les ha respondido con firmeza y obligado a tragar su agresión, junto con la de Israel… Ah, y entre tanto, el Mundial también se utiliza para mimetizar el genocidio de Israel y Estados Unidos en Gaza.” (Spitaletta, 2026)
Pero hay más: por solicitud de la FIFA, “el seleccionado iraní tuvo que establecer su campamento base en la ciudad fronteriza de Tijuana, en México, a pesar de que se había designado previamente a Arizona para tal propósito. El equipo tendrá que cruzar la frontera en las fechas de sus encuentros y regresar ese mismo día a territorio mexicano” (EE, 2026A), lo que ocasionaría un gran desgaste. El presidente de la FIFA, la multinacional más grande del orbe, ha sido confrontado por medios de comunicación a raíz de los abusos anteriores y su respuesta fue pobre y burlesca: “No podemos controlar todo. (…) Tal vez, algunas veces, es bueno estar chill y relajarse. Trabajamos para resolver todo”.
Señor Infantino, tal vez, algunas veces, sea bueno no relajarse tanto y tomar una postura en defensa de quienes conforman el mundo del fútbol, no olvide lo esencial que es para la buena marcha de una sociedad y, como dice Norbert Elías, relevo fundamental en el proceso de la civilización. Tenga en cuenta que los entusiasmos deportivos vienen a colmar nuestro pobre nacionalismo y la precaria identificación con una comunidad imaginada llamada Colombia, Senegal o Irán. Y a propósito, ¿dónde está la solidaridad mundial? Nosotros, aficionados o espectadores, podríamos hacer que en cada celebración protestemos contra Trump e Infantino; así plantaríamos cara a estos y otros abusos entre los cuales avanza la infantinización del fútbol en la que se ha creado un patrón donde todo, absolutamente todo, se explica por la plata.
No obstante, tampoco olvide señor Infantino que el fútbol “representa, igualmente, un espacio privilegiado para el aprendizaje de los hábitos democráticos. El gesto fundador de una democracia es el reconocimiento de que el conflicto hace parte de nuestras relaciones cotidianas en todos los campos” (Valencia, 2026) y que no puede ser importado del exterior ni ser resultado de un accidente o una patología particular. A propósito, en medio de este Mundial, después de una guerra preelectoral con una tensión infinita en la que se sentía el péndulo de la tortura kafkiana, los resultados de las elecciones presidenciales del pasado domingo 21 de junio en Colombia dejó un país escindido en dos mitades.
Esas dos mitades disfrutaron por igual de los goles y acciones de Luis Diaz, Daniel Muñoz o James Rodríguez en sus encuentros con la República del Congo, Uzbekistán y Portugal –y de seguro disfrutarán el partido de los 16avos de Colombia y Ghana– porque ellos, más que futbolistas, son gestores de nuestro sentido de pertenencia; dichas mitades perdidas en sus consensos más primarios, “se desvelan mirando el mismo partido de fútbol, con la misma camiseta, anhelando la misma victoria. Ahí está la esencia más inexplicable de los Mundiales: cómo algo tan polarizador como el fútbol despolariza a quienes están al lado, inalcanzables.” (Sastre, 2026)
En esta línea, es “curioso –por decir lo menos, porque también es triste en muchos sentidos– que dos electores sentados en orillas ideológicamente distantes se insulten y se maltraten de palabra ante la imposibilidad de respetar a quienes piensan diferente, pero unas horas más tarde se abracen, cuando suene el pitazo inicial de un partido en el cual ambos animan a la selección nacional.” (Quiroz, 2026) De cualquier manera, el fútbol permite cambiar de canal, limar asperezas, demostrar que en el fondo el país nos importa mucho, aunque tengamos diferentes visiones sobre cómo conducirlo. “Se trata de una pasión que nos recuerda que todos somos parte de un proyecto común, que a pesar de nuestras diferencias todavía hay momentos en los que nos podemos encontrar en un objetivo compartido.” (EE, 2026B) Los partidos entre Colombia y otras selecciones nos empezó a recordar que la nuestra es una excusa muy poderosa para el encuentro. Como debe ser.
Pero pensándolo bien con Caparrós, no es tan curioso porque el Gran Festival de las Patrias: el breve lapso en que ese invento fatal se nos impone a todos. Seremos patrioteros: la enorme mayoría no tendrá ninguna duda en apoyar al equipo del país donde nació. Yo, sin ir más lejos, y tantos como yo, que rechazamos la gran trampa patria, que sabemos que los países son una ficción creada para controlarnos y jodernos, que intentamos pensar más allá de esos límites y sentir más allá de esos límites, nos pasaremos estos días encerrados en ellos: orgullosos de ellos, concentrados en ellos, conmovidos por ellos.
“Se ha solido creer que el fútbol apacigua tensiones y actúa como analgésico ante las tragedias globales. Una pausa colectiva en la que las guerras, las crisis diplomáticas, las rivalidades geopolíticas y las fracturas sociales quedaban momentáneamente suspendidas.” (Niño, 2026) Eso no es tan cierto porque hace tiempo que este deporte dejó de ser un refugio frente a las tragedias globales. Hoy es uno de sus escenarios más eficaces para mostrarlas, allí están algunos ejemplos que dimos arriba. No es tan cierto que los partidos pongan entre paréntesis las bajas pasiones colectivas, los nacionalismos exacerbados, las exclusiones y las disputas por la movilidad pues este Mundial está siendo el más global de la historia además porque está exhibiendo algunos asuntos que nos divide, evidenciadas crudamente por las medidas trumpistas. Es el mundo viéndose a sí mismo en una pantalla gigante, fragmentado, contradictorio, desigual y transmitido en directo.
Así, este torneo representa una metáfora tan precisa de la época que vivimos. “No porque consiga unir al planeta, sino porque expone sus fracturas. No porque suspenda la geopolítica, sino porque la reproduce. No porque silencie las desigualdades, sino porque las vuelve visibles. El Mundial ya no funciona como una tregua frente a las tensiones internacionales; se ha convertido en uno de los escenarios donde estas se manifiestan con mayor claridad.” (Ibíd)
En suma, a pesar de la FIFA y Trump, el balompié sigue siendo un deporte maravilloso por muchas razones: se puede jugar casi en cualquier parte, porque para su práctica no se necesitan implementos especiales y porque sus reglas son sencillas. Siempre me pregunto con Caparrós por qué carajo me importa que un jugador meta una bola de cuero en una red colgada de tres palos: cómo puede ser que tal minucia me provoque las emociones que me provoca. Además, este raro invento contemporáneo nos convoca a tantos –dos, tres mil millones– y nos pone a pensar en lo mismo durante seis semanas porque es brutal y un poco patético. Por los motivos anteriores tiene tanta acogida en buena parte del mundo.

Mundial de fútbol por Osuna, 11 de junio de 2026, https://www.elespectador.com/opinion/caricaturistas/osuna/mundial-de-futbol/
Así, el fútbol mantiene unos altos índices de popularidad, pese a todos los abusos que sigue cometiendo su jefe máximo en contra de la gente del fútbol y pese a la continuación de la aplicación de medidas de Trump contra los inmigrantes en medio del Mundial quienes aportan mucho al progreso estadounidense pues estudios económicos revelan que una parte del aumento del PIB es atribuible a la contribución de la población extranjera, lo cual lo corrobora el hecho de que “la inmigración representa una fortaleza desde el punto de vista económico”. Con la colaboración higiénica de dos países tan dignos como México y Canadá, en definitiva, para Trump e Infantino el fútbol es antes negocio que deporte, “es una cueva de jeques y millonarios y mafiosos y oportunistas varios que nos necesitan –tangencial pero absolutamente– para que la vaca más sagrada siga dando sus tsunamis de leche.” (Caparrós, 2026)
La vaca más sagrada que es lo más importante de las cosas menos importantes y que Jorge Luis Borges ubica como un juego estúpido. También Rudyard Kipling se burló de ese deporte y de las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan. Pero Albert Camus, ese filósofo de la moral, de la vida y la existencia, afirmó que todo lo que sabía sobre los hombres lo aprendió del fútbol. Concuerdo con esa afirmación al igual que Sebastián Giraldo. El fútbol es la puesta en escena —a pequeña escala y en condiciones controladas— del drama de los seres humanos en este mundo y lo que él espera de sus directivos y de los presidentes de las naciones-sedes es que la política sea el verdadero arte de gobernar con pulcritud y transparencia para que este apasionado drama humano cuestionado y codiciado –como otros– encuentren una salida real y el progreso signifique auténtica evolución humana. Porque pese a Borges, Kipling y algunos pocos, el fútbol como inteligencia en movimiento es la única religión que no tiene ateos, y si los hubiera, estarían en USA; por eso, el fútbol es la única religión que ha congregado a dos, tres mil millones en un mismo momento.
Sea como sea, cada cuatro años un balón universal rueda. Ahora esta esfera tornasolada está rodando en tres países en medio de enormes tensiones sobre migración, fronteras e identidad. Tensiones agravadas con el problema que USA es la sede principal y que su presidente procesado tiene todo el protagonismo bárbaro, además, un codicioso y relajado italiano arrodillado al imperio es el máximo dirigente de la FIFA; aunque la armonía de la rotación terrenal inventa las futuras memorias del fútbol y demuestra una vez más que las naciones no son redondas. Pero, en fin, como el fútbol deja también de ser fe y empieza inevitablemente, desde las probabilidades, a ser datos, permítanme esta predicción apoyada en Pompilio Iriarte: “Humano es el que yerra, / augur quien vaticina: / de cuarto irá Argentina, / tercer puesto, Inglaterra. / ¡Matones, no más guerra!, / brindemos con champaña, / se viene ya la hazaña / de magna resonancia: / segundo, será Francia, /”. La Copa es para el que amaña… ¡Colombia! Obvio que acertar en los resultados del fútbol pertenece al reino de lo imposible. Los textos breves quincenales, por suerte, son posibles.
INDISPENSABLES MURMULLOS REFERENCIALES
CAPARRÓS, Martín (2026, jun 11). La infantinización del fútbol. El País de España, Madrid, https://elpais.com/deportes/mundial-futbol/2026-06-11/yo-quiero-que-gane-argentina-granjuan-pero-por-que-queremos-tanto-semejante-tonteria.html
CONSTAÍN, Juan Esteban (2026, JUN 10). Por fin otra vez. El Tiempo, Bogotá, https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/por-fin-otra-vez-3563439
EE (2026, jun 12A). En Estados Unidos, la pelota sí se mancha. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/editorial/en-estados-unidos-la-pelota-si-se-mancha/
_______ (jun 29B). “¿Cómo no iba a jugar bien Colombia?”. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/editorial/como-no-iba-a-jugar-bien-colombia/
EP (2026, jun 14). Emoción por encima de todo. El País de España, Madrid, https://elpais.com/opinion/2026-06-14/emocion-por-encima-de-todo.html
NIÑO, César (2026, jun 22). El mundial más global. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/mundo/america/el-mundial-mas-global/ QUIROZ, Fernando (2026, junio 1). Un bálsamo llamado fútbol. El Tiempo, Bogotá, https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/un-balsamo-llamado-futbol-3561241
SASTRE, José Luis (2026, jun 24). El misterio despolarizador del fútbol. El País de España, Madrid, https://elpais.com/opinion/2026-06-24/el-misterio-despolarizador-del-futbol.html
SPITALETTA, Reinaldo (2026, jun 16). El Mundial de Trump y compañía limitada. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/reinaldo-spitaletta/el-mundial-de-trump-y-compania-limitada/
VALENCIA GUTIÉRREZ, Alberto (2026, jun 24). El fútbol y la política. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/albertovalenciag/el-futbol-y-la-politica/
