POR UNA MEJOR VIDA A PESAR DE TANTAS OSCURIDADES Y POCOS DESTELLOS

¡Amables lectores multicreyentes y sentipensantes!, soy de los que hacen del domingo una fiesta y de los días anteriores una apuesta porque creo que esto que tenemos como medio democracia ofrece la posibilidad de decir por quién y por qué. Por usar una simple expresión de libertad, diré por quién voy a votar en las próximas elecciones presidenciales colombianas que se realizarán el domingo 31 de mayo, oportunidad única para seguir avanzando en cambios y seguir dando vuelco al oscuro panorama nacional a través de un ético y político voto libre e inteligente, aunque la democracia no sólo son las urnas pues ésta es un horizonte más lejano al cual buscamos llegar.

He ahí el objetivo de este leve ensayo en medio del asombroso segundo viaje a la luna después de 57 años a pesar de que la tierra se cae a pedazos por las corrupciones y las guerras de Rusia y Ucrania, y la de USA, Israel e Irán (guiada por el procesado líder lunático que celebra que “la humanidad alcance el confín espacial más remoto y, luego, no es que prevenga de la desaparición de un gobierno o de un régimen o de un país, sino de una civilización por completo”), que nos tienen al borde del vértigo y de las bombas nucleares pregoneras de las peores catástrofes.

Mientras tanto, en medio de una oscura senda, Colombia agrega algunos candidatos presidenciales que se acusan entre sí en peleas de escupitajos que pasan por debate político, infames influenciadores que reparten insultos a diestra y siniestra y tuiteros que difunden por su alcantarilla lodazales y trinos inaceptables en donde “la más mínima decencia (o la más mínima responsabilidad) dejó hace mucho tiempo de existir”. Además, Colombia agrega una abierta y soterrada asesoría maquiavélica del cuestionado y vergonzoso presidente eterno -investigado y procesado por eventuales delitos de soborno y fraude procesal-. Nuestro país también agrega una dedicación mayoritaria a cubrir pendejadas, mentiras y noticias falsas en lugar de descubrir la parte esencial de los hechos, en medio de los algoritmos digitales que como bisagra “conecta a la masa envidiosa con la industria de buscavidas capaces de transformar nuestros demonios internos en un rico botín”.

Al final de la Primera Guerra Mundial, hace poco más de un siglo, “el escritor francés Paul Valéry escribió una carta pública en la que lamentaba el triste estado en el que había quedado Europa después de la conflagración mundial; ¿cómo fue posible, se pregunta el poeta, que pueblos tan desarrollados, con tanta ciencia y tanto arte hubiesen engendrado una guerra tan devastadora y absurda en la que todos perdieron? Se necesitó de mucha ciencia para matar a tanta gente y aniquilar tantas ciudades en tan poco tiempo; y agrega: tanto horror no habría sido posible sin tanta virtud.” (García, 2026) Hoy, más de un siglo después, esas palabras vuelven a tener sentido. A principios del siglo XX, cuando Paul Valéry escribe su carta, “Europa había llegado a una gran sofisticación intelectual, pero había perdido su humanismo, su sentido ético. Tal vez estamos en una coyuntura similar, de creatividad individual con pérdida de los ideales colectivos.” (Ibíd)

Más que similar es una coyuntura peor, pues, en el mundo actual los asuntos suceden como si las más pesadillesca parábola de Kafka ya se hubieran hecho realidad sin que nadie se hubiera dado cuenta. Hay que recuperar en el mundo, y sobre todo en Colombia, el balance entre humanismo y ética antes de que llegue la tragedia final; para eso es necesario volver a creer en la verdadera ética política -ajena a la politiquería- que una el tejido social desgarrado. Además, parodiando a Javier Cercas, la política es cosa de todos porque nos atañe a todos -ella es demasiado importante para dejarla solo en manos de los políticos-. 

Con ese terrible despliegue nacional e internacional, mezclado con la visión de nuestra cultura, de todo un lenguaje de impugnación que tiene por tema -a la vez por sujeto y por objeto- la política de un país convulsionado, asediado por la violencia, el narcotráfico y la polarización, nuestra elección presidencial definirá el nuevo dúo gobernante de Colombia en reemplazo del exguerrillero economista Gustavo Petro Urrego y la abogada afrodescendiente Francia Márquez Mina. En el ejercicio de nuestro derecho al voto libre e inteligente para cumplir con el deber de la endeble democracia, permítanme anunciar el mío sustentado e interrelacionado con RAZONES que retomo de los planteamientos de mi artículo A boca de urna por un futuro mejor. Esto me llevará igualmente a retomar una o dos columnas más en las que analicé otras elecciones en el país.

Pero primero que todo diré lo que sucedió en las elecciones del 8 de marzo pasado -e inmediatamente después-, que reconfiguró el mapa electoral y dejó al Pacto Histórico como la fuerza con más curules tanto en el Senado (25) como en la Cámara (42), seguido por el Centro Democrático. Esas elecciones también dejaron las consultas interpartidistas que aseguraron plaza a Paloma Valencia, ganadora de la llamada Gran Consulta por Colombia; Claudia López, ganadora en la Consulta de las Soluciones; y Roy Barreras, quien logró la mayor votación en el Frente por la Vida. Entre el 9 y el 13 de marzo, la mayor parte de los candidatos restantes registraron sus postulaciones. Figuran entre ellos Iván Cepeda -quien no pudo participar en la consulta del Frente vital por decisión del Consejo Nacional Electoral-, Abelardo De La Espriella, Sergio Fajardo, Clara López, Luis Gilberto Murillo, Mauricio Lizcano, Miguel Uribe Londoño; Santiago Botero; Sondra Macollins, Carlos Caicedo y Gustavo Matamoros. Con los ajustes finalizados, el 25 de marzo la Registraduría Nacional delineó la ubicación de candidatos y candidatas en un tarjetón. Todo esto en medio de alianzas, debates y sondeos que definirán el avance de cada uno de los aspirantes de cara a la primera vuelta.

De esta forma, las elecciones legislativas y las consultas presidenciales dejan una campaña presidencial polarizada entre izquierda y derecha. El 8 de marzo deja un centro muy debilitado, demuestra que la izquierda está unificada alrededor del presidente Petro y su candidato Cepeda, y catapulta a la senadora uribista Paloma Valencia tras arrasar en la consulta de la derecha. Así, Abelardo y ella se ubican como los dos candidatos visibles de la derecha y ultraderecha colombiana. Pienso que pasada la Semana Santa la mayoría de los 14 candidatos con sus respectivos segundos a bordo debió reflexionar acerca de las encuestas realizadas hasta el momento, pues, ellas muestras rezagadas a los aspirantes de centro -Sergio Fajardo, Claudia López y Roy Barrera-, quienes se ubican en el punto donde los contrarios se tocan y se anulan (no es chicha ni limoná, por tanto son impotables) y quienes, a pesar de los resultados que los marcan por debajo del margen de error, han descartado retirarse de la contienda electoral.

 Encuestas que derrotan por Osuna, 06 de abril de 2026, https://www.elespectador.com/opinion/caricaturistas/osuna/encuestas-que-derrotan/

De los candidatos centristas, Barrera tiene fama de haber cambiado de bando más de una vez, pero, además de Cepeda, es el otro candidato al que le he oído hablar de las cosas más urgentes que necesita Colombia: de una economía en grande, de infraestructura, de concertar voluntades, de unir al país. Fajardo, además de barrendero, tiene otras virtudes: “Sabe administrar, es inteligente y se siente que es un hombre honesto. No juega a la demagogia ni a la polarización. Ni siquiera se envanece por el hecho de tener las dos actitudes que más necesita Colombia: serenidad y ecuanimidad. Tal vez, incluso, cierta ingenuidad noble que contrasta con la sagacidad y la perfidia de otros” (Opina, 2026) como la de Roy. El defecto de Sergio es que no parece incómodo con el país que tenemos, y aquí se necesita algo de indignación. Y López es una mujer capaz de gobernar al país; Claudia se considera una candidata distinta al uribismo y al petrismo, una alternativa sin odios, sin corrupción y con soluciones reales. “Hay que continuar lo que va bien: la reforma pensional, la reforma laboral y avanzar hacia un salario mínimo vital. Hay que cambiar lo que está mal: corregir un sistema de salud que hoy es un dolor diario para millones y recuperar la seguridad fortaleciendo la justicia y la fuerza pública para retomar el control de los territorios”, grita la exalcaldesa y exsenadora.

A pesar de todo, el centro político “se diluye en su falta de estrategia e incapacidad de construir alianzas amplias.” A pesar de que Colombia es un poco moderada, “los liderazgos políticos del centro se diluyen en los personalismos sin estructura política.” Por eso, sus esfuerzos no han logrado convencer a los votantes. La pregunta es inevitable: ¿seguirán en competencia o se retirarán para apoyar a algunos de los que, según las encuestas, tienen opciones reales de pasar a la segunda vuelta?

Retirados o no los candidatos centristas u otros que incluso están por debajo de éstos (verbigracia: Clara López renunció y se unió a Cepeda y Quilcué porque López lleva con ellos una larga historia de trabajo: El país reclama fortaleza y reflexión para afrontar la coyuntura actual, donde la sumatoria de voluntades hará la diferencia, argumentó; ella contó que, por medio del diálogo democrático y la disposición para tender puentes, se lograría construir un camino sólido hacia la victoria), UNA RAZÓN de mi voto tiene que ver con la corrupción pues es el gran cáncer de Colombia traído por algunos españoles e instalada desde la Conquista y agravada en la Colonia y la República; de ahí en adelante, el crecimiento sistemático de la enfermedad ha sido exponencial, “en la medida en que el crecimiento de la riqueza del Estado ha venido permitiéndolo”, como lo prueba el hecho –la cifra es de la Contraloría General– de que de los dineros públicos se roben 50 billones de pesos al año (aunque un estudio de la Universidad Externado de Colombia habla de $9 billones; ambas cifras, con todo, son angustiosas; igual un solo peso que se roben es mucho, porque además lo hacen en asuntos vitales como el agua o la alimentación de los niños, la salud, los medicamentos, la infraestructura, los hospitales, la conexión virtual para estudiantes rurales, entre otros) lo cual es evidencia de su metástasis -se han robado todo bajo las narices de estos gobiernos y contando con sus negligencias- que pulveriza Abraham Lincoln así: “Podrán engañar a todos durante algún tiempo; podrán engañar a alguien siempre; pero no podrán engañar siempre a todos.”

Y la Metástasis anterior no la detendrá el dúo caricaturesco de Abelardo y Juan Manuel Restrepo ni tampoco el de Paloma-Juan Daniel (fórmula que al conformarse quedaron mal ambos: “ella, porque finalmente le tocó resignarse a que quien podría remplazarla no está de acuerdo con acabar la JEP; y él, por someterse al seguro encontronazo por subirse a un bus en el que lo recibirán con desconfianza, empezando por el mismo Uribe” -Bejarano, 2026-), los nuevos rostros uribistas de los nefastos partidos tradicionales corruptos del viejo establecimiento -ejemplo: Valencia es una neoconservadora payanesa de estirpe pastranita nieta de un expresidente que persiguió y desterró a Manuel Quintín Lame, dirigente indígena del Cauca, a quien Quilcué llamaba su abuelo- que han producido el atraso económico, la pobreza extendida, la violencia de décadas, la corrupción, la ineficiencia estatal, el desprecio por la ciudadanía y la comunidad LGBTIQ+ (a la que Oviedo pertenece: No soy cualquier marica, soy un marica que quiere representar a todo el país, dijo en respuesta a burlas homofóbicas de Abelardo, a quien le salió el tiro por la culata).

Siendo así, la metástasis mencionada solo la detendrá y solucionará de raíz los preparados y honestos congresistas elegidos y la fórmula presidencial del Pacto Histórico conformada por Iván Cepeda Castro y Aída Quilcué Vivas -lideresa indígena del Cauca simbólicamente muy valiosa-, auténticos rebeldes y valientes demócratas que, en medio del unificado petrismo alternativo y las linternas sociales unidas alrededor de esta candidatura, ya están convertidos en un faro que alumbra el presente de la oscura senda colombiana e ilumina la continuación del cambio que necesita nuestro adolorido pero amado país.

Por eso, Abelardo traza brutal línea exterminadora y diseña estrategia de sabotaje e intimidación a la prensa, y Paloma procede con mezquindad y mendacidad: ésta inaugura en campaña el plan de destripar a la izquierda. No otra cosa persigue su vileza de relacionar sin pruebas al aspirante que puntea en las encuestas con el infame asesinato de Miguel Uribe, “cuando la Fiscalía sindica del crimen a la Segunda Marquetalia. Grupo criminal con el cual estaría negociando hoy el candidato de izquierda, según Valencia. Para rematar, pregunta Álvaro Uribe dónde están los instigadores, Petro y Cepeda.” (De la torre, 2026) Claro que Uribe lleva veinte años envenenando al país –destrozando el proceso de paz exitoso de Santos, por ejemplo, “y luego convenciendo a la gente de que las consecuencias de esos destrozos son culpa del proceso–“. Además, a propósito de un cruce de trinos entre el actual presidente y José Antonio Ocampo (su exministro de Hacienda, a quien culpa del déficit producto de eliminar el subsidio a la gasolina y, por ende, del desequilibrio fiscal de Colombia), El vílico del Ubérrimo publicó en X: Es más peligroso trabajar con esclavistas como Petro o Cepeda que con Idi Amín, el dictador ugandés, quien mataba a los ministros para comerse el hígado. He aquí unos de los tantos ejemplos de cómo es que Paloma y Uribe mienten y tergiversan.

De la Espriella y Valencia también han hablado de desmantelar la JEP y los derechos LGBTIQ+, a pesar de que ese tribunal y esos derechos poseen blindaje constitucional, lo que significa que es la Corte Constitucional, no el presidente, quien tiene la última palabra para modificarlas. Además, Abelardo “no me parece un buen candidato. Es vanidoso y agresivo, desprecia todo lo que es sencillo y colombiano. Les ha faltado al respeto a los indígenas, y eso en un país como Colombia es imperdonable. Y no tiene nada que criticarle a este establecimiento tan injusto y a este orden histórico tan maligno.” (Ospina, 2026)

Todos saben que conversaciones de paz hubo con la 2ª Marquetalia, pero antes del asesinato de Uribe Turbay. Y recuerden que Paloma también trató a Cepeda de asesino en pleno Senado cuando le espetó dramática: No me vaya a mandar matar, “el dedo acusador precisamente hacia el hombre que se había hecho político en la defensa de las víctimas. Entre otras, de los 6.402 inocentes que el gobierno de la seguridad democrática mandó matar sin que Paloma musitara palabra. Así mata ella dos pájaros de un tiro: pone en grave entredicho a su contendor por la presidencia y descalifica todo logro o intento de paz negociada. Batiendo a su gusto la colada, le adjudica a la Paz de 2016 los desaguisados de la Paz Total, el mayor descalabro de este Gobierno.” (De la torre, 2026)

De todos modos, Aída e Iván, conscientes de ese verdadero descalabro petrista, han propuesto el rediseño de esa paz que podrá ser ariete del acuerdo nacional que ellos buscan, mirando hacia la concertación de un cambio pacífico, mientras Paloma resarce el respeto y el honor mancillados a Cepeda, y Uribe al de Petro e Iván. O sino “estamos fatalmente condenados a vivir en este veneno, a olvidarnos de cualquier ejercicio medianamente sensato de la ciudadanía para convertirnos en hooligans o fanáticos, todos repitiendo ciegamente la propaganda de la tribu”, como bien lo dice Juan Gabriel Vásquez.

 El elegido fue Oviedo por Osuna, 14 de marzo de 2026, https://www.elespectador.com/opinion/caricaturistas/osuna/el-elegido-fue-oviedo/

Por otro lado, Uribe ha indicado que siempre ha apoyado a Paloma Valencia y que es su candidata para las presidenciales y nadie puede poner en duda ese respaldo político. Pero él tiene una gran amistad con el padre de Abelardo de la Espriella y con el mismo Abelardo; por eso, no habrá descalificaciones en contra de él ni de sus seguidores. Hay unos que apoyan a Abelardo y otros apoyamos a Paloma, debemos crear un ambiente de respeto para los dos candidatos y entre los seguidores. Si se quiere una unión para más adelante debe haber raíces a través del respeto, precisó. Por ahora, las encuestas muestran que hay un crecimiento de Paloma y que Abelardo ha cedido terreno, pero aún quedan varias semanas para la cita a las urnas. Como Iván sigue repuntando -ante lo cual él, su partido y seguidores no pueden dormirse en los laureles-, sectores de ultra y derecha consideran que, si no hay una unión, el aspirante del Pacto Histórico podría ganar en la primera vuelta. 

Ahora bien, la percepción del electorado de la terminación del periodo presidencial de Petro es buena, lo cual es señal de un electorado que quiere cambios profundos y verdaderos. Además, él manda la parada aunque vaya de salida porque su capacidad de controlar la narrativa, de convertir cada decisión en un campo de batalla ideológico comprensible, es lo que define la recta final de su Gobierno: he aquí OTRA RAZÓN del anuncio de mi voto. Colombia no está mejor que hace cuatro años, pero no creo que haya empeorado. Los males de que acusan a Petro ya existían casi todos cuando él llegó, tal lo precisa William Ospina.

El primer presidente de izquierda ha disminuido la pobreza, pues, ha dado subsidios a los más vulnerables y a su economía popular; ha repartido tierras a muchos campesinos; nadie puede negar que Petro ha producido destellos esperanzadores, “lo que no es poco, aunque por lo incoherente de su estilo, que un día habla de reconciliación y otro día atiza la discordia, que un día combate la pobreza y otro día sataniza la riqueza, que hurga más en las heridas del pasado que en los surcos del porvenir, no deje ver las cosas buenas que hacen sus partidarios. Hay mucha gente en las filas del petrismo trabajando con amor y con abnegación por un cambio real, y se verían mejor los resultados de todo ese esfuerzo si la vanidad del presidente, sus manías y sus caprichos, no se atravesaran siempre haciéndoles creer a ellos mismos que Petro es lo único que existe.” (Ibíd) Sin embargo, no han llegado más cambios profundos por la férrea oposición despiada que ha tenido en el Congreso. Colombia se ha sostenido a pesar de ese congreso y otras instituciones y a pesar de la presencia de figuras nefastas en la izquierda, pero hay personas que han hecho todo para dejar un legado digno de ser recordado.

Después de estos cuatro años Colombia es más visible para nosotros y para el mundo. Más visible en sus destellos: su riqueza natural, su belleza geográfica, su complejidad humana, su talento excepcional; y más visible en sus oscuridades: el odio, la violencia, la ineficiencia estatal, la corrupción, la incapacidad de diálogo, la inermidad ciudadana, el poder de los negocios criminales, la rapacidad de los políticos y la falta de un proyecto colectivo menos dogmático, verdaderamente incluyente. Petro ha sido valiente, sigue William Ospina, pero ha puesto el énfasis en los errores y los crímenes de sus adversarios, y trata de callar o de justificar los pecados propios. Y ese es uno de los puntos clave de las próximas elecciones: si se mantiene la esperanza de un cambio y se lo hace posible, o si vamos a volver al país de los odios heredados y las violencias que se muerden la cola.

Por eso nuestro deber es recordar que el de Petro puede haber sido un gobierno un poco irresponsable –hay que votar por Cepeda a pesar de Petro, dicen algunos-, pero no ha sido un gobierno criminal. Se siente el afecto que sienten por él muchos de los sectores tradicionalmente maltratados y excluidos de la sociedad. Él no ha traído soluciones definitivas pero ha traído una ilusión, y eso ya es algo, para quien nunca recibió nada de una casta política miserable. Es verdad que no llegó todo el cambio esperado, también es más verdad que hacia atrás asustan: “Colombia se enfrenta al peligro de que llegue la oleada de otra de esas cíclicas contrarrevoluciones preventivas que vuelven a llenar de muertos los ríos y de tumbas las escombreras. Colombia no puede volver al pasado, tiene que escoger a alguien que le ofrezca de verdad prosperidad, porque ese es el nombre de la paz, eficiencia administrativa, serenidad, reconciliación, y un horizonte de oportunidades para todos.” (Ospina, 2026) Y eso es lo que ofrecen Cepeda y Quilcué.

Aída e Iván, según el repunte en las encuestas y el sentir popular, tienen más credibilidad que los demás por ser ellos auténticos referente simbólicos e históricos. Reconozco en ellos a unos batalladores de todas las horas quienes tienen una férrea preparación política para manejar este país. Cuando optaron representar en el Senado al país que aspira a una verdadera democracia nacida de su pueblo querido, convirtieron sus curules en una cátedra de tolerancia, democracia y debate.

Iván Cepeda es “un hombre sobrio, reflexivo y mesurado, metido en un juego en el que, por lo general, llevan la ventaja los que atacan, los que gritan y los que exageran…” (López, 2026) Sostiene que “necesitamos una revolución ética. Es el único al que le he oído hablar de austeridad en el gasto, y de que no hay que utilizar bodegas de calumniadores para desprestigiar a los adversarios. Durante mucho tiempo sentí que lo único que lo movía era su odio por Álvaro Uribe, pero en un país donde se recurre tanto a la violencia, Iván Cepeda ha escogido poner su causa en manos de la justicia, y eso es lo que hay que hacer en una sociedad civilizada.” (Ospina, 2026)

Además, el autocontrol que siempre lo ha caracterizado “nunca fue tan evidente como en el momento más doloroso de su vida: el día en que su padre fue asesinado. Cepeda, quien tenía 32 años, vio el carro de su padre en lo que pensó que era un accidente. Al bajarse descubrió que era un asesinato. Como ya habían llegado las cámaras de televisión, su primera reacción quedó grabada. Sin explosión emocional, sin histeria e incluso sin llanto, dijo en un tono pausado que ocultaba su dolor: Acabo de ver esta cosa tan terrible. Yo le pido al país, al presidente Samper y a quienes tienen que ver con la justicia, que hagan algo para parar esta ofensiva contra los dirigentes de izquierda y que no quede este crimen impune.” (López, 2026) Hoy se sabe que ese crimen fue cometido por agentes del Estado.

Cepeda ha sido un senador a quien sus colegas respetan por su coherencia ideológica, su solidez intelectual y su temperamento conciliador que le ha permitido llegar a acuerdos con los contrarios. Su tarea de control político ha permitido que el país conozca las alianzas entre grupos criminales y barones electorales. Sus debates son serios y contundentes, siempre documentados. Con entereza afrontó las descalificaciones que seguían a cada una de sus denuncias y mostró valor a la hora de afrontar señalamientos injustos y persecuciones, por parte de la ultraderecha, pero sobre todo por parte de El patrón del Ubérrimo. Cepeda también ha sido el más fuerte y consecuente opositor de los gobiernos de Uribe e Iván Duque. El programa de gobierno del binomio del Pacto Histórico recoge lo que el país excluido reclama: soberanía del Estado, cero corrupción, igualdad política y social y un rediseño sólido de la paz total. 

Por su parte, Quilcué, además de gran senadora, es una ambientalista destacada que hace parte del Consejo Regional Indígena del Cauca. La escogí, dijo Cepeda, porque el Cric y Aída representan lo mejor de las tradiciones de la resistencia, la lucha social y la construcción de un país justo y democrático. “Juntos vamos a recorrer este camino; para mí es muy placentero que sea alguien de los pueblos indígenas”, agregó. Ella es una mujer eximia del pueblo nasa de 53 años, que recibió el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos en la categoría “Defensa a toda una vida” en el año 2021, en reconocimiento a su dedicación y liderazgo en la promoción y protección de los derechos de los pueblos indígenas.

Escojo pues al binomio petrista rebelde e inteligente, certero e innovador, socialdemócrata y feminista; frente a una dupla ultraderechista simplista y errática, repetitiva y explosiva, cascarrabias y machista, oscura y enredada; o frente a un dúo tradicional disfrazado de centrista y diverso. Si ganan Aida e Iván llevarían a Colombia a un segundo tiempo de los interesantes progresismos latinoamericanos, en busca de bienestar e identidad renovados para la mayoría de nuestro pueblo. En caso de ganar Abelardo-Restrepo o Paloma-Juan Daniel, el país entraría en un incierto populismo grotesco que podría ser macabro, peligroso y desastroso como el de Donald Trump en USA, quien de seguro seguirá metiendo la mano en nuestras elecciones así como está amenazando con la muerte de la civilización persa (¿acaso lo que se ha construido durante generaciones y siglos puede aniquilarse en unas pocas horas?), pero lo que está muriendo es su imperio porque “él es el emblema de esa descomposición, como demuestra la repugnante ligereza con la cual profiere amenazas genocidas”. Yo soy el imperio al final de la decadencia, reza el célebre verso de Paul Verlaine.

Algo más acerca de los candidatos de la derecha y ultraderecha: yo nunca he odiado a nadie como para desearle cualquier cosa terrible. A pesar de lo desastroso que su clase política ha sido para la historia de este país, a ellos no les deseo mal, pero creo que es fundamental para el país que no ganen y por eso les deseo su fracaso. No por mí -bueno, también por mí-, sino por lo que significaría para mi amado y adolorido país. De todos modos, “Cuanto mayor es la dificultad mayor la gloria.” Cicerón y la sentencia latina (ad augusta per angusta) tienen razón, sólo se alcanzan resultados grandes por vías estrechas: en algunos campos, pero sobre todo en política no se llega al triunfo sino venciendo mil dificultades, máxime si en ella, “los novedosos apedrean a los originales”.

En una entrevista para el medio Revista Encuentro, un periodista le consultó a una joven: ¿Abelardo o Cepeda? Sin embargo, la joven confundió al candidato Iván Cepeda con el cantante y compositor bogotano Andrés Cepeda. En la entrevista dijo que ella se inclinaba más por Cepeda, “porque toda la vida he escuchado su música. Para mí es un cantautor asombroso”. Sin embargo, la confusión juvenil no es tan desfasada porque en verdad ella en su corta vida ha escuchado musicalmente a Andrés y políticamente a Iván, pues ambos son asombrosos en su campo.

Con la llegada de Iván Cepeda a la Presidencia y de Aída Quilcué a la vicepresidencia habrá “reconocimiento de una educación humanista, diversa e integral (garantizado por la sólida formación intelectual de Cepeda y su compromiso de años con la búsqueda de la paz) y pluriétnica -representado por la trayectoria de lucha por la reivindicación de los derechos de su pueblo y de los pueblos originarios de la senadora indígena Quilcué-” (Restrepo, 2026). Es evidente que, sigue Álvaro Restrepo, ellos son una oportunidad para extirpar los viejos vicios de una política y de una educación decimonónicas, que no han hecho otra cosa que sacarle el cuerpo al cuerpo: al cuerpo individual y al cuerpo colectivo de un país enormemente rico y diverso, que ya no acepta un reflejo único en el espejo: elegir gobernantes es también elegir el tipo de sociedad que queremos ser.

Por eso, ¡afables lectores sentipensantes y librepensadores, sin titubeos, los invito a que en estas elecciones votemos por Iván Cepeda porque, en suma, es un hombre honesto, de carácter y preparado, lo que es garantía de que en el Palacio Nariño habrá alguien confiable para el bien de todos los colombianos; aunque cada uno es dueño de su conciencia, y sin desconocer que Aída es una buena candidata experimentada y honesta. A pesar del acoso ultra y derechista, hay que persistir en la continuación del cambio estructural para Colombia.

Para eso es necesario que haya trascendentales debates públicos civilizados sin falacias entre los principales candidatos. Un pueblo con escasa formación política y un paupérrimo nivel de debate público, y un pueblo arrinconado por las guerras e inseguridades tiende a peleas interminables en el que “prevalecen los rencores primitivos más que los ideales de justicia y desarrollo”-. Pero me quedará muy difícil apoyar a quien se haya negado, sin razones sólidas, a participar en discusiones argumentadas, inteligentes y nada violentas o irrespetuosas. Obvio que los debates, por su naturaleza, “son idóneos para conocer aspectos que rara vez vemos de los candidatos: cómo piensan, actúan y hablan bajo presión, cómo responden a las críticas, cómo tratan a sus contrincantes y cómo presentan su visión de país en contraste con las de otros. Además, la presencia de personas que piensan distinto lleva a necesarias confrontaciones, diálogos entre diferentes que, en últimas, representan a un país diverso y complejo.” (elespectador.com, 2026) ¡Candidatos!, necesitamos sólidos debates públicos respetuosos. Colombia los necesita para tomar la decisión electoral más importante con más argumentos.

Por último, que las fuerzas positivas del universo, los cósmicos susurros sagrados y las ciencias humanas pobladas de amor, educación y virtud acompañen a la candidatura del Pacto Histórico para que salga elegida, lo que sería un éxito para los colombianos: no más miedo a la profundización del cambio por un mejor futuro, la débil democracia nacional y la frágil estantería macroeconómica e institucional del país lo necesita. La permanencia del petrismo en el Gobierno empieza a definirse el domingo 31 de mayo -Aída e Iván pueden corregir el rumbo de este gobierno, preservando, al mismo tiempo, sus logros-. Por eso, los invito a todos a votar conscientemente por esta candidatura. En nuestras manos está la responsabilidad de elegir a los mejores en las urnas: vote bien, ¡viva el voto consciente e inteligente! Hay que renovar la esperanza del cambio nacional y que ojalá sea en primera vuelta para que las propuestas progresistas “sigan construyendo horizontes genuinamente humanos, productivos, garantes del bien común y sin la distancia entre humanidad y naturaleza.”

Ojalá entonces que gane el binomio Cepeda-Quilcué y encabece el gobierno de izquierda amplio y respetuoso de los derechos como ya lo demostró el dúo Petro-Márquez. Colombia nunca ha tenido un segundo gobierno de izquierda en los más de 200 años republicanos; pero ahora tenemos el momento más favorable para lograr la continuidad de ese contundente cambio. “En la historia de Colombia la izquierda nunca ha estado más fuerte y el poder tradicional más débil”, precisa Felipe López Caballero. ¡Señores sufragantes!: No hay mañana, ¡es ahora o nunca! No más miedo al gran destello iluminador. No olviden que el oscuro arrepentimiento es eterno. ¡Por el bien del país!, urge que Aída e Iván ganen y gobiernen para todos. Es casi cuestión de vida o muerte: ¡Sí señores, el cambio es en primera!

Finalmente, ¡amables lectores multicreyentes y sentipensantes!, los exhorto a encontrarnos para seguir debatiendo y acumulando luchas, pero, sobre todo, para seguir construyendo con nuestras acciones y proyectos. Reitero pues la invitación a todos a la mayor movilización que podemos hacer en las urnas votando por Aída Quilcué Vivas e Iván Cepeda Castro del Pacto Histórico, único partido que apoya la construcción de nuevos escenarios emancipatorios y una nueva narrativa política para seguir avanzando en el verdadero cambio. Así, ejerceremos el poder de elegir para luchar todos unidos por la transformación histórica de Colombia pasando de una débil democracia mínima a una plena democracia sustantiva. Las grandes expectativas traen consigo ilusiones perdidas; no obstante, ellas también nos ofrecen este gran destello. Ojalá pues que las elecciones presidenciales sean conscientes y votemos masiva e inteligentemente para seguir demostrado el gran poder e importancia del voto libre ya que, como bien lo dice José Narosky: “Una ilusión fracasada es una experiencia dolorosa; pero una vida sin ilusiones es una vida dolorosa”. Las ilusiones renovadas de la continuación sólida del verdadero cambio sincero y profundo están a la vuelta del 31 de mayo. Como Cepeda sigue imbatible en las encuetas y sectores de derecha y ultraderecha no se van a unir, el aspirante del Pacto Histórico podría ganar en la primera vuelta. Adelante pues que la continuación del cambio es en primera.

INDISPENSABLE TÁBULA GRATULATORIA

BEJARANO GUZMÁN, Ramiro (2026, marzo 15). Escogiendo vices. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/ramiro-bejarano-guzman/escogiendo-vices/

elespectador.com (2026, abril12). La ausencia en los debates le hace daño a la democracia. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/editorial/la-ausencia-en-los-debates-le-hace-dano-a-la-democracia/

DE LA TORRE, Cristina (2026, marzo 31). Iván Cepeda y los retos de la paz. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/cristina-de-la-torre/ivan-cepeda-y-los-retos-de-la-paz/

GARCÍA VILLEGAS, Mauricio (2026, abril 4). La religión civil. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/mauricio-garcia-villega

LÓPEZ CABALLERO, Felipe (2026, abril 12) ¿QUIÉN ES IVÁN CEPEDA? Cambio Colombia, Bogotá, https://cambiocolombia.com/poder/articulo/2026/4/quien-es-ivan-cepeda-por-felipe-lopez-caballero/

OSPINA, William (2026, feb 22). Cuatro años después. El Espectador, Bogotá https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/william-ospina/cuatro-anos-despues/

RESTREPO, Álvaro (2026, abril 7). Gran Ministerio del Alma Colombiana. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/alvaro-restrepo/gran-ministerio-del-alma-colombiana/

2 respuestas a «POR UNA MEJOR VIDA A PESAR DE TANTAS OSCURIDADES Y POCOS DESTELLOS»

  1. Compañero Dairo, gracias por tu compartir, de tus reflexiones.
    Entiendo que a veces tengamos que tener posiciones o miradas que llamen la atención.
    Y considero que es una oportunidad para hacer otras reflexiones.
    Sin embargo, en mi apreciación considero que esta oscuridad hace parte de una transición que permanentemente está viviendo el mundo y estamos viviendo las personas que ocupamos este bello espacio.
    Si bien, hoy estamos viendo destellos que conducen a la oscuridad, esa oscuridad será seguro la promotora de muchos destellos que fortalecerán el mundo y fortalecerán la vida o una nueva vida, pero definitivamente tu posición es importante y lleva una reflexión para el convivir en un mundo cambiante, y que gracias a la dinámicas de la existencia, han posibilitado que se debiliten poderes y hegemonías que le han venido haciendo daño al mundo, a la vida a la existencia, y a la garantía de ella.
    El desarrollo ha sido una herramienta para mantener el poder y los intereses personales, despojado de humanismo, no importa el otro, importa el yo, la codicia y el egoísmo.
    Pero todo, por la Dialéctica, cambia tarde o temprano, la historia del mundo nos lo ha mostrado, a pesar de que nos sean ocultados.
    Excelente análisis local y su relación con lo internacional.
    Buena radiografía.
    Al final nos iluminas con tu análisis, los destellos están presentes y se ve una luz 💡, no al fondo, sino en el camino para seguirlo.
    No todo está perdido.
    Hoy hay mas posibilidades que pesadumbres.
    Gracias

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