TOTÓ LA MOMPOSINA, ESTRELLA DE LA MÚSICA COLOMBIANA

En homenaje a Ángel de Arco Ángel, Huxley Martínez, Jorge Naín Ruiz Ditta y Víctor Castro Castelar, educadores, gestores culturales y cantantes de música vallenata, y sobre todo en homenaje a Aída Quilcué Vivas e Iván Cepeda Castro, grandes y honestos seres humanos que han defendido y defenderán al folclor tradicional y al atormentado y querido pueblo colombiano.

Amables lectores multicreyentes y sentipensantes, a sus 85 años, el pasado 19 de mayo murió en México Sonia Bazanta Vides-SBV-, conocida mundialmente como Totó la Momposina, un referente mundial del folclor colombiano y embajadora de nuestros sonidos tradicionales en escenarios internacionales. Su vida y obra es el tema de esta columna.

Ella nació en Talaigua Nuevo, Bolívar, y creció entre los brazos de Mompox a orillas del río Magdalena, el río de nuestras vidas, en medio de agua, peces, cerdos, pollos, gallos y gallinas; tabacos, frutas, árboles y periódicos; conflictos socioeconómicos y familiares; pájaros, caballos, cai-manes, mar-ranas, mulas, muñecas, yeguas, toros, vacas, burros y burras; pero, sobre todo, en medio de tambores, cumbias, porros, bullerengues y mapalés y otros ritmos autóctonos: distintivos identitarios que le forjaron una visión exacta de su Caribe del alma.

Talaigua Nuevo y la tierra momposina, con sus calles unánimemente inolvidables porque todas concluyen en el monte o el río, sigue siendo un espacio costeño bueno para vivir, donde se conoce todo el mundo y no hay mucha violencia, pero la hay. Allí, en las entrañas populares del terruño, Daniel Bazanta, su padre que era percusionista, y Libia Vides, su madre que era cantante y bailarina, fueron jirones de una fuerza mágica pues llenaron su niñez con la fascinación de la oralitura -oralidad y literatura tradicionales-, en medio de pescadores y agricultores. Así, en el corazón de la depresión momposina, desde niña Sonia imitó el sonido de los tambores –razón por la cual sus padres la llamaron Totó y lo de La Momposina es obvio- y aprendió a cantar y bailar hasta que, en 1964, junto a sus padres y hermanos, conformó su primer grupo musical.

El vital sector momposino, lugar del mundo donde aún se azota a los árboles que no dan frutos, donde alguna vez los mosquitos le arrancaban a picotazos las plumas a las gallinas, tiene además lavanderas, gitanas del agua, que golpean incesantemente las viejas ropas. Ahí también está la blanca y andaluza iglesia de Pinto indicando la terminación de los Brazos de Mompox y el de Loba; indica, además, que atrás, por el Brazo de Loba, queda Magangué Bolívar: ciudad activa, sucia, metida en la depresión, puerto vivo, con sus iglesias r-osadas como pasteles de boda; tierra de Enilce López, la gata-reina del paramilitarismo y chance costeños, y madre del Gato con Votos, príncipe de los paracos ribereños. Ciudad que a todas luces señala que allí el Magdalena, como feria, está bien vivo con La candela viva, que es la teatralización de nuestra danza con el tiempo que nos mata verdadera e imaginariamente.

Los Brazos de Mompox y el de Loba con Magangué y todo el río Magdalena antes y después de bifurcase en El Banco Magdalena son pues ejes originarios de la colosal cantautora SBV, nuestra diva descalza pregonera de la tradición musical del Caribe colombiano. Tras su formación inicial en medio de ese andamiaje cultural, en 1983, grabó Totó la Momposina y sus Tambores, y participó en varios escenarios nacionales. Después estudió en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia y realizó giras internacionales que la llevaron a consolidar su proyección artística.

Oh, Chambacú, sudor de negros, / historia de esclavos que como tú, Estefanía, / escribieron la historia mía. Totó aprendió también de esta Estefanía, La cantadora del monte y, aunque sus composiciones no fueron tantas, para ella escribió ‘Oye, manita’. Estefanía Caicedo “fue la maestra de Totó en los bailes cantados. Nació en el corregimiento de Rocha, jurisdicción del municipio de Arjona, en Bolívar, y creció con las dos costas adentro: su padre era del Pacífico y su madre del Caribe. Ambos descendientes bantú[sic] y sobrevivientes de la diáspora africana. Estefanía representó, entonces, la síntesis de ese territorio simbólico que habitaron las poblaciones negras” (Galindo, 2026), ese que no dependía de un lugar geográfico sino de unos tambores, unos decimeros andadores “y sus canciones que hacían las veces de correo, periódico y libro de historia al tiempo. Transmitían mensajes, denunciaban injusticias, contaban leyendas, narraban las noticias y hasta regaban chismes.” (Ibíd)

De acuerdo con Laura Galindo, de ellos aprendió La cantadora del monte. Heredó sus cuadros costumbristas, su lenguaje, sus tonos, sus acentos y su destreza para la décima espinela. Pasó el tiempo y de Arjona se mudó al barrio Chambacú, en Cartagena. Hizo parte del Grupo Folclórico Malibú, se unió a Delia Zapata Olivella en varias de sus cruzadas, y fue maestra de bailes cantados: bullerengue, tambora, guacherna, chandé, berroche y fandango de lengua. Allí fue donde la conoció SBV, cuando aún era joven y estaba aprendiendo a ser leyenda. Se convirtió en su respondona –nombre que reciben las coristas que contestan a los pregones de la cantadora– y, sobre todo, en su pupila. Aprendió de Estefanía y con el tiempo, no solo se ganó la capitanía para ser cantadora, sino también el derecho a serlo junto a su maestra.

En el año 2000, La Momposina estrenó su disco Pacantó, uno de sus mejores, por cierto, y el primero en el que rinde tributo directo a la raza y a la diáspora. En ese disco aparece ‘Ay, manita’, la canción que le compuso a su maestra, La cantadora del monte: Oye, manita, tú eres mi hermana. / Tú eres mi hermana / hasta malangana. Con esta canción y toda su trayectoria musical, Totó le otorgó dignidad y aura al linaje de las cantadoras.

El Pescador, del compositor banqueño José Benito Barros, fue otro de sus éxitos musicales, “y uno de los cantos que hace honor al mundo frente al río que inspiró su carrera. Es la canción de un hombre que va en su canoa de bareque, en una noche oscura con la corriente subiendo, y “no tiene fortuna, solo su atarraya.” (Osorio, 2026)

Otra más fue Yo me llamo Cumbia del compositor barranquillero Mario Gareña o Jesús Arturo García Peña, donde hace honor a los ritmos de su tierra y al poder de su voz: “Yo me llamo cumbia, yo soy la reina por donde voy; / No hay una cadera que se esté quieta donde yo estoy; / Mi piel es morena como los cueros de mi tambor; / Y mis hombros son un par de maracas que besa el sol”.

Posteriormente, “Totó se fue lejos de su Caribe un tiempo, a París, donde estudió Historia de la música, Organización de espectáculos, Coreografía y ritmo, todo en la Universidad de la Sorbona. Luego, La candela viva, su disco de 1993, le aseguró la visibilidad internacional masiva” (Osorio, 2026): se presentó en Cuba, Canadá, Centroamérica, Chile, Argentina, Suecia, Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda, España, Bélgica, Japón, la antigua Unión Soviética y Estados Unidos, donde superó las 300 presentaciones en el Radio City Music Hall de Nueva York.

La música de SBV combina elementos africanos, indígenas y españoles, resultado del proceso histórico de sincretismo cultural ocurrido durante la colonización española en América. De esta fusión surgieron diversos ritmos tradicionales del Caribe colombiano, entre otros se destacan la cumbia, el porro y el mapalé. En su álbum Carmelina (1990), ella señaló que su música puede entenderse como “el resultado de un proyecto musical iniciado tal vez hace más de 500 años”.

Por solicitud de otra estrella caribe que también iluminó en Colombia el mundo de la cultura -el escritor Gabriel García Márquez-, La momposina lo acompañó y cantó para él y todos los asistentes a la ceremonia de entrega del premio Nobel de Literatura en 1982. “A él le gustaba la chagonguería, era bailador, y le gustaba la música de nosotros: la que pertenece al Magdalena, la del acordeón”, dijo ella a la Fundación Gabo sobre su compañero, a quien conoció en Barranquilla cuando este era periodista de El Heraldo. Totó fue ahí “lo que Colombia es en su sustrato más hondo, antes de las banderas y los discursos: un territorio de agua y tambor, de mezcla y duelo, de alegría que no niega el sufrimiento, sino que lo baila. Los académicos suecos que la escucharon esa noche no entendieron la letra. Entendieron otra cosa: que aquello era verdadero. Hay pocas cosas más difíciles de falsificar que eso” (Guevara, 2026), incluso así sea acudiendo a la campante Inteligencia Artificial, que más que artificial es Imitada.

Así, Totó la Momposina participó en diferentes espacios académicos y culturares que van desde la ceremonia Nobel en Suecia y el Festival de Jazz de Montreux en Francia hasta colaboraciones con Shakira y Carlos Vives, “pasando por décadas de trabajo que convirtieron la cumbia, el porro y la tambora en lenguas reconocibles en países que antes no sabían de nuestra existencia. Echarse al hombro al país no es metáfora vacía cuando se habla de ella: no es necesario ser presidente para representar bien a una nación que es más que su violencia.” (EE, 2026) 

Foto: Mauricio Alvarado Lozada. Bogotá, 22 de mayo de 2026, https://www.elespectador.com/opinion/editorial/toto-la-momposina-adios-morena/

Y obvio, debido al impacto continuo de Sonia Bazanta en la cultura nacional e internacional, el Ministerio de Cultura le otorgó la distinción Vida y Obra en el año 2011, la cual agradeció repleta de orgullo popular. Dos años después, recibió el Premio Internacional de la Casa del Caribe de Cuba por el aporte cultural de su carrera. Este galardón reconoce a intelectuales, artistas y folcloristas por la trascendencia de sus obras; ella, al recibirlo expresó su amor y aprecio por el lugar al que calificó como una pequeña isla inmensa musicalmente.

Además, con éxitos como El pescador o La Luna, Totó la Momposina se hizo merecedora de otros premios como el Grammy Latino Especial a la Excelencia Musical, distinción que exaltó su aporte a la preservación de la música tradicional colombiana. Y por su vida y obra, El Espectador, periódico bogotano, le saldó la deuda que tenía con esta gran mujer que nos enseñó a dejar de despreciar la herencia afro que tanto nos ha dado y que tanto negamos con el racismo que persiste. Al cantar, sigue este diario, ella nos amarraba a las raíces de este gran árbol que es Colombia, pero sin violencia: hasta ahí llegaban las quejas por lo maltrecho, seco y hasta venenoso que podía estar el árbol. El pescador y sus conversaciones con la Luna nos servían de espejo: nosotros, mezcla de muchas sangres provenientes de muchos lados, solo tenemos una atarraya para lidiar con los virajes de esta tierra a la que se le embolata tanto la fortuna. Como si al escuchar a Totó dejáramos de sentirnos condenados. Fue así como su trayectoria la convirtió en una de las voces más influyentes de la cultura colombiana y en símbolo de identidad nacional fuera del país.

Ojo que la música del Caribe era menospreciada por las élites de la capital colombiana. Enrique Santos Montejo, uno de sus alfiles, “calificaba la música de Lucho Bermúdez como una merienda de negros. Su desprecio nacía de prejuicios de clase y raza, correspondientes al proyecto político-cultural de conformar la nación colombiana uniformando regiones y etnias, desconociendo la gran diversidad cultural del país.” (Benavides, 2026) Según Iván Benavides, la resistencia de la élite comenzó a ceder ante la irrupción de la música grabada, la radio y el cine. Las industrias culturales latinoamericanas desde los años 40 realizaron una labor de reingeniería en los imaginarios e identidades de la gente de la región, proyectando el son, el bolero, la ranchera, el tango y la cumbia como aires panlatinos.

SBV ayudó a que la música de tambores fuera reconocida después de tantos años de ser mirada con desdén. “Su huella e impacto fueron mucho más allá de lo artístico; llevó las músicas tradicionales, que durante años fueron vistas solo como expresiones regionales, a un nivel de reconocimiento global como patrimonio cultural. Totó reivindicó el papel de las cantadoras, de las mujeres afrodescendientes y de las tradiciones que se han transmitido a lo largo de generaciones.” (Martínez, 2026)

En suma, entonces, esta célebre cantautora, bailarina y musicóloga de la Universidad Nacional de Colombia con estudios en París, Bremen, Berlín, Colonia, Santiago de Cuba y La Habana, cuenta con una discografía de 14 álbumes, muchas giras nacionales e internacionales. Su trayectoria se caracterizó por visibilizar melodías que representan la identidad del país mediante una potente voz, vestidos coloridos, maracas y tambores tradicionales. Reitero que entre sus piezas más célebres y escuchadas por el público se encuentran composiciones emblemáticas como Aguacero de mayo, El pescador, Tu tambor, Prende la vela y Yo me llamo cumbia.

Sobre estas composiciones agregaría, apoyado en Bejarano (2026), que Tu tambor es una canción publicada formalmente en el álbum discográfico Fuego en el año 2018, que resalta las raíces mestizas de la nación con frases enérgicas. La obra Prende la vela, editada en el trabajo discográfico Tambores y cantos en el año 2015, relata las dinámicas de bailes típicos como el mapalé, un ritmo de herencia afrocolombiana. Y el tema El pescador narra las vivencias de los trabajadores del mar en su interacción constante con la naturaleza, una pieza donde la maestra solía lucir trajes tradicionales y adornos florales en sus presentaciones visuales.

En fin… Totó la Momposina, más que una cantadora, “era una fuerza de la naturaleza: la candela viva, el aguacero ’e mayo, la Mojana, el espíritu del agua, la verdolaga que se riega por el suelo. Fuego había en su voz y generosidad en su corazón. Cuando se subía a un escenario, era la tierra misma la que cantaba, el alma del Caribe colombiano con la fuerza indomable de un huracán”, como bien lo dice Iván Benavides.

Pero, además de sus producciones individuales, continúa el citado Bejarano, SBV estableció alianzas y colaboraciones artísticas de primer nivel con músicos y agrupaciones de la talla de Vox Dei, Los Jiavas, León Gieco, Victor Heredia, Gilberto Gil, Jaime Roos, Gustavo Santaolalla, Pablo Milanés, Celso Piña y Lila Downs, consolidando su estatus como un referente de unión musical en el país y en América.

Debido al surgimiento de dificultades neuro-cognitivas, los familiares de SBV anunciaron su retiro de los escenarios en 2022 para cuidar su salud, después de más de seis décadas dedicada a preservar y difundir expresiones musicales del Caribe colombiano como la cumbia, el bullerengue, el porro y el mapalé, por todo Colombia, américa y el mundo. Finalmente, luego de cuatro años penosos en México, nuestra querida Totó muere al lado de los suyos. La noticia fue confirmada por su mánager, Carolina Gotok, quien indicó que la artista falleció acompañada por su hija Angélica y sus nietos: “Con inmensa tristeza, pero también con profundo orgullo y gratitud, nosotros sus hijos y toda la familia la despedimos con la dignidad y el amor que merece. Gracias por todo lo que nos regalaste, por tu ejemplo, tu entrega y tu inmenso legado”, se lee en el comunicado de prensa según Daniel Guerrero Aldana (2026).

El Ministerio de las Culturas colombiano dejó un mensaje en redes sociales: “Hoy despedimos a la eterna momposina que habló de la música tradicional del Caribe, la potenció y la enriqueció durante décadas para escribir un capítulo entero de la historia cultural de nuestro país”. La misma Totó narró su muerte en varias de sus canciones: «Que yo vi que me llevaban; que yo vi que me enterraban; que yo vi que me llevaban; que yo vi que me lloraban», dice su voz en La Candela Viva.

“Murió tranquila”, dijo su hijo, Marcio Vinicio, a la emisora Blu Radio. “Para nosotros es un descanso, porque una mujer como ella, con tanta vitalidad y tanta energía, ya no respondía físicamente”, añadió. Según Camila Osorio (2026), él contó que desde octubre del año pasado Totó estaba casi siempre en cama, con cuidados paliativos. “Ha muerto Toto la Momposina, mi familiar y excelsa del arte y la cultura caribeña colombiana. Que vuele alto hasta las estrellas”, dijo el presidente Gustavo Petro al conocer la noticia.

“Hay músicas que no se inventan. Se heredan de una memoria tan antigua que no cabe en ningún archivo, solo en los cuerpos de quienes las cantan. La cumbia no nació en un pentagrama ni en un estudio de grabación: nació en la orilla del Magdalena, en el encuentro violento y fértil entre África, América y España, en la garganta de mujeres que cantaban para nombrar lo que el dolor no tenía palabras. Esa música sobrevivió siglos al margen de la historia oficial —la que se escribe, la que se premia, la que se exporta— porque hubo cuerpos que la sostuvieron cuando nadie más lo hacía. Totó la Momposina fue uno de esos cuerpos. Quizás el último de esa magnitud”, dijo Santiago Guevara Rodríguez, abogado, activista educativo y miembro de la Asociación Cavelier del Derecho.

Se fue pues la voz de La VerdolagaPrende la VelaAguacero de Mayo, la que puso a bailar a Colombia con la cumbia y el mapalé. La suya, en sus palabras, fue “una música de verdad, que no miente. Es como el tambor, que a todo el mundo le llama y no sabe la razón, y es porque uno primero lo escuchó en el vientre de su madre, tam-tam, tam-tam”, afirmó Camila Osorio, periodista de El País de España. “Mañana cuando me vaya / ¿Quién se acordará de mí? / Solamente la tinaja / por el agua que bebí. / Aguacero ’e mayo, déjalo caé”, solicitó la misma Totó. Que caiga fuerte pues ese aguacero refrescante de garganta y tierra sedientas.

“La muerte de Totó la Momposina no solo representa el adiós a una de las voces más emblemáticas de la música colombiana; también pone sobre la mesa el papel de las artistas que hoy continúan con un legado de mujeres que han dedicado su vida a cuidar, reinterpretar y llevar el folclor nacional a nuevas audiencias en todo el mundo”, señaló Cindy Katerine Martínez López, periodista y magíster en gerencia de organizaciones.

Es evidente pues que el gran legado de Sonia Bazanta Vides fue llevarle al mundo entero el folclor de nuestro país, de reivindicar el río Magdalena con sus brazos de Mompox y Loba en medio del olvido histórico, de llenar vacíos con su voz igual que lo hizo, conservando las diferencias y semejanzas, el gran sociólogo, político e historiador de origen momposino, Orlando Fals Borda con sus cuatro tomos denominados Historia doble de la costa. Ambos perdurarán en el recuerdo de generaciones de personas que la escucharon y escucharán durante décadas de carrera musical y académica, pero bueno esto vislumbra un paralelo para otro artículo.

Y continuando por la senda de nuestra diva descalza, ojalá que nunca se nos olvide que sus cumbias y mapalés no solo hablaron del Caribe, sino de la anchura colombiana. “Que al escuchar su voz recordemos que ella, con lo tradicional de nuestros pueblos, creó ritmos nuevos y nos reforzó la identidad que a veces se nos dispersa. Que dejar de negarnos nos ayuda a bailar mapalé. Que la cumbia es nuestra. Que somos cumbia… Hay coraje en el legado de Totó: su decisión fue enfocarse en lo que disfrutaba de su casa y vivió para que todos los demás aprendiéramos a gozar nuestro folclor. Fue una de las que lo defendió con constancia y alegría, mientras el país entero se recuperaba del shock de los robos, los bombazos, los secuestros y las tragedias de nuestro tiempo, de nuestra casa. Fue una propuesta alternativa que, sin olvidar el desastre que vivíamos, nos proponía una Colombia mejor, llena de goce, de diversidad, de sonidos que sacuden hasta el alma.” (EE, 2026)

Para despedirla con sus palabras y las de El Espectador, tomamos la letra de su canción Adiós, fulana: Totó, “en mi corazón te llevo amasada en mi cerebro. Como cuero de tambor, de tu marca es sal y guerra que de lucha por la tierra. Donde pasa paz y sol, adiós, morena.” Adiós, mulata. Colombia no te olvidará. Mas la pregunta que deja su muerte “no es cómo recordarla. Es más incómoda: ¿qué pasa con las músicas ancestrales cuando ya no hay un cuerpo que las habite así? El patrimonio inmaterial tiene una fragilidad que el patrimonio de piedra no conoce. Un templo en ruinas sigue en pie. Una cumbia sin cantadora es solo una partitura, y las partituras no sudan, ni lloran, ni bailan descalzas. Totó lo sabía mejor que nadie. Por eso no solo cantó: enseñó, investigó, transmitió. Entendió desde temprano que su tarea no era ser la última guardiana de esa memoria, sino asegurarse de que no existiera tal cosa como la última.” De ahí que además de ella, quedan otras artistas que también comparten esa misión cultural. Según Cindy Martínez, quedan entre otras: Adriana Lucía y la reinvención del caribe, Petrona Martínez, la voz ancestral del bullerengue, y Nidia Góngora, la guardiana del Pacífico colombiano.

“Colombia tiene la costumbre de convertir a sus muertos en monumentos justo cuando ya no pueden incomodar a nadie. Totó incomodó en vida: llevó al mundo una Colombia que no salía en las postales oficiales, la de los pueblos ribereños, la del mestizaje africano e indígena, la del tambor que antecede al Estado y que, muy probablemente, lo sobreviva. Esa Colombia es la que lloró tras su partida. Y esa Colombia -no la de los homenajes póstumos- es la que tiene la obligación de seguir sonando” (Guevara, 2026) para que La Momposina permanezca siempre en la memoria de quienes la admiramos, acompañamos y quisimos: ¡Ojalá suceda esto mismo con las nuevas generaciones!

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BEJARANO BEJARANO, Andrés Felipe (2026, mayo 19). Estas son las canciones más recordadas de Totó la Momposina que marcaron generaciones con cumbia, porro y otros ritmos del Caribe colombiano. El Tiempo, Bogotá, https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/obras-mas-famosas-de-toto-la-momposina-fallece-la-iconica-maestra-que-llevo-las-cumbias-y-el-folclor-nacional-a-todo-el-mundo-3

BENAVIDES, Iván (2026, mayo 20).  Aguacero de mayo. El Tiempo, Bogotá, https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/aguacero-de-mayo-3557070

EE (2026, mayo 22). Totó la Momposina: adiós, morena. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/editorial/toto-la-momposina-adios-morena/

GALINDO, Laura (2026, mayo 22). Totó la Momposina y La cantadora del monte. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/lauragalindo/toto-la-momposina

GUERRERO ALDANA, Daniel (2026, mayo 19). La cantante Totó La Momposina falleció en México a los 85 años: “Murió tranquila”. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/revista-vea/lo-ultimo/toto-la-momposina-fallecio-a-los-85-anos-murio-tranquila-esto-s

GUEVARA RODRÍGUEZ, Santiago (2026, mayo 25). Totó la Momposina: el cuerpo que fue río. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/lectores/columnas-del-lector/columna-del-lector-toto-la-momposina-el-cuerpo-que-fue-rio/?cx_testId=98&cx_testVariant=cx_

MARTÍNEZ LÓPEZ, Cindy Katerine (2026, mayo 24). Las herederas de Totó la Momposina: las mujeres que mantienen viva el alma del folclor. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/revista-vea/famosos/las-herederas-de-toto-la-momposina-las-mujeres-que-mantienen-viva-el-alma-del-folclor/

OSORIO, Camila (2026, mayo19). Muere Totó La Momposina, la voz de la cumbia colombiana. El País de España, Madrid, https://elpais.com/america-colombia/2026-05-19/muere-toto-la-momposina-la-voz-de-la-cumbia-colombiana.html

12 respuestas a «TOTÓ LA MOMPOSINA, ESTRELLA DE LA MÚSICA COLOMBIANA»

  1. Compadre, maestro y dilecto amigo. Gracias por su mención. Hermoso artículo que recorrió, cómo la música, mis venas y llegó al centro de las emociones: mi corazón.
    Ese recorrido geográfico y vivencial por los rincones de la Colombia olvidada, antes, ahora ennoblecida por los discursos de nuestro presidente GPU… Hizo remover los recuerdos de las memorables parrandas que hacíamos con sus hermanos, entre ellos el Requeñeque Mayor Leonel González y sus invenciones literarias: la Iguana, La Puerca Ñoñera, el Sancocho e’Bocachico… Herencia y productos de esa herencia cultural que nadie enseña, pero que se aprende de tanto disfrutarla!!!.
    A esa Alcahuetería parrandera debo mi formación folclórica. Abrazos a todos y todas los que la hicieron posible!!!.

  2. Me esperaba este cálido artículo. La tierra y los ancestros.
    Es un sentimiento común la admiración y la gratitud a Sonia Bazanta.
    La Costa es la que nos pone a bailar a los andinos. Desde niño sentí un mundo encantador que llegaba con sus ritmos.
    Una noche me dormía de aburrimiento en una reunión política, cuando irrumpió ella con sus tambores. Nunca olvido la magia de su presencia escénica incendiado la noche bogotana.

  3. Distinguido Maestro Dairo, acabo de leer su artículo y de verdad, felicitaciones, en él aflora el sentimiento, tiene información relevante para el folclor y lo mejor está muy bien documentado, con fuentes claras y verificables.
    La descripción cronológica que nos hace de nuestra «Totó» es sencillamente espectacular, abordando cada etapa de su vida.
    No me sorprendió para nada la calificación que dio Enrique Santos, con segundo apellido para no confundirlo con el bueno (Discépolo), el de este es Montejo el famoso Calibán, cuando señala la música de Don Luis Eduardo como merienda de negros, pues con anterioridad había dicho de nuestra ciudad: «Medellin es una ciudad de camándula en el día y un lupanar en la noche.»
    Felicitaciones Maestro y gracias por entregarnos este valioso documento.

    1. Mi estimado Elkin Antonio, muchas gracias por tu juiciosa lectura y gran comentario. Me alegra saber este pequeño ensayo fue escrito con ese placer sentipensante que tu lo leíste. De nuevo, muy amable y te invito a seguir leyendo este Blog.

  4. Jamás podrá ser reemplazada nuestra cantadora Toto La Momposina.
    Llegarán quienes le sigan sus pasos; pero, nunca la igualaran.

  5. Un hermoso relato de la vida de una mujer que fue muchas mujeres de Colombia, que rescató con su música nuestro origen y lo difuminó por el mundo, por el universo. Gracias Dayro, por contarlo y dejarlo en nuestra mente y nuestro corazón.

  6. Una pérdida irreparable de una auténtica representante de nuestro folclor. Toto no ha muerto. Está en nuestros huesos, en nuestra carne, sobre todo la esencia más pura del alma. Cantaremos y bailaremos con gaitas y tamboras, siempre.

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