ASTRONOMÍA Y POLÍTICA EN MEDIOS ADVERSOS
En homenaje al Capitán DAIROSKY GONZÁLEZ ROMERO, gran piloto de Avianca

Amables lectores multicreyentes y sentipensantes, el pasado 10 de abril la misión Artemis II finalizó con éxito su asombroso viaje a la luna después de más de medio siglo, a pesar de que la tierra está carcomida por el autoritarismo e idiotez y cayéndose a pedazos por la corrupción global y las guerras de Rusia y Ucrania, y la de USA, Israel e Irán (guiada por el procesado líder lunático que celebra que “la humanidad alcance el confín espacial más remoto y, luego, no es que prevenga de la desaparición de un gobierno o de un régimen o de un país, sino de una civilización por completo”), en las que el empantanamiento de las negociaciones entre Moscú-Kiev y Washington-Teherán abre nuevas amenazas de inestabilidad cada día que nos tienen al borde del vértigo. El contraste del avance del conocimiento astronómico en condiciones imperfectas y entornos políticos tenebrosos es el tema de este breve ensayo.
En verdad, mientras todos estábamos en vilo por lo que pudiera pasar en el Medio Oriente, la humanidad entera se veía completa desde la Luna. Ciertamente, con dicha misión vuelven a la Tierra las grandes paradojas de siempre y algunas de nuevo cuño. “La principal es el contraste chocante entre una ciencia luminosa capaz de llevar a la humanidad a explorar sus límites y la percepción lacerante de la guerra, el exterminio y la estupidez que nos acompañan desde que la especie se asomó al mundo hace más de 100.000 años. Pero así es la condición humana, y el avance del conocimiento debe seguir por más que parezca condenado a hacerlo en condiciones” (elpaís.com, 2026A) adversas. Pese a ellas, demos la bienvenida a la Tierra a esa deslumbrante misión.
Este nuevo viaje a la luna ha permitido sobrevolar la cara oculta del satélite y obtener información muy valiosa para futuras misiones. Los cuatro tripulantes de la NASA de Artemis II llegaron más lejos de lo que ha llegado ningún astronauta y marcaron “hitos importantes respecto a anteriores programas. En esta misión ha participado la primera mujer, Christina Koch; el primer afroamericano, el piloto Victor Glover, y el primer no estadounidense, el canadiense Jeremy Hansen. Junto con el comandante Reid Wiseman, todos ellos componen una tripulación que no solo es científicamente capaz, sino que representa un cambio simbólico en la exploración espacial y abren la puerta a misiones más inclusivas y representativas.” (elpaís.com, 2026B)
Esta misión no es solo conquista espacial. “Es geopolítica. Más que demostración científica, es parte de la expansión imperial estadounidense. La coyuntura muestra a Washington muy agresivo en sus bravatas de superpotencia, tal como lo declaró el neonazi anaranjado Donald Trump: Estamos ganando económica, militarmente y ahora más allá de las estrellas. Quién sabe. Quizás se estrelle en Irán y el imperio podría quedar viendo un chispero” (Spitaletta, 2026), pues, su país está en un incierto populismo grotesco, macabro, peligroso y desastroso ya que él está amenazando con la muerte de la civilización persa (¿acaso lo que se ha construido durante generaciones y siglos puede aniquilarse en unas pocas horas?), pero lo que está muriendo es su imperio porque “él es el emblema de esa descomposición, como demuestra la repugnante ligereza con la cual profiere amenazas genocidas”. Yo soy el imperio al final de la decadencia, reza el célebre verso de Paul Verlaine que le encaja perfectamente al autócrata estadounidense.
En torno a la NASA, se dice que “no es una agencia espacial con un buen gabinete de comunicación, sino una agencia de comunicación que lanza cohetes. Es una maldad, porque la agencia espacial estadounidense ha sido siempre la mejor del mundo” (elpaís.com, 2026A), y lo sigue siendo pese a haber caído ahora bajo un gobernante plutócrata empeñado en infligir un hachazo histórico de un 20% a sus presupuestos; ¡no señor de la guerra!, la NASA requiere una movilización masiva de recursos, y es necesario que usted esté dispuesto a mantenerlos o aumentarlos a cambio del avance del conocimiento astronómico que necesitamos todavía más. Claro que un presidente tan anticientífico como éste “es sensible a la competencia que le puede hacer China en el espacio, y las misiones Artemis son en buena medida una consecuencia de ello. Las misiones Apollo que llevaron a la humanidad a la Luna también respondieron al deseo del presidente John F. Kennedy de no quedarse detrás de la Unión Soviética en la carrera espacial” (Ibíd), incurriendo en un gasto extraordinario, con el país en llamas y el desastre de Vietnam. Definitivamente, “la ciencia del espacio nunca ha sido independiente de la política, y nunca lo será.”
Elegimos ir a la Luna y hacer las otras cosas, no porque son fáciles, sino precisamente porque son difíciles, dijo Kennedy en 1962. “Dice Eliot que la verdadera poesía es capaz de comunicar antes de ser comprendida, y el discurso de la Rice University el 12 de septiembre de 1962 contiene los versos más bellos jamás escritos para un país en plena crisis de identidad. Kennedy murió asesinado un año más tarde, en noviembre del 63.” (Pereirano, 2026) En aquel discurso del 62 él dijo que somos nosotros los que elegimos ir, y agregó: Es un reto que estamos deseando aceptar, y que no queremos posponer. Ese plural mayestático -continúa Martha Pereirano- no sólo interpela íntimamente al país que gobierna, la nación cuyo mito fundacional es un viaje hacia lo desconocido, y la conquista de un nuevo mundo en el que construyó una nueva sociedad. Podría ser que incluyese a toda la civilización, cuando también dice: ¿Por qué escalamos la montaña más alta? ¿Por qué cruzamos el Atlántico? Porque son la clase de decisiones difíciles que nos impulsan como especie y transforman a la humanidad en una civilización. Por eso dice que son aquellas que elegimos, y no aquellas que debemos o tenemos que hacer. La Luna no es un sacrificio, ni una necesidad, ni una obligación. Es una de las cosas que elegimos porque son difíciles. Así es la humanidad.
Cuando el hombre fue a la luna aquel 20 de julio de 1969, el mundo había superado dos guerras mundiales. La fisión del átomo con toda su proyección estelar y la era atómica había arrancado con los mortíferos hongos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki. El comunismo dividía al mundo en Este y Oeste. La comunicación telegráfica, radial y telefónica, la aviación y el cine, ya habían sido enriquecidos con las imágenes mágicas ofrecidas por el gran invento de la televisión; al igual que el transporte terrestre y fluvial con la maravilla y misterio de la aviación. En efecto, cuando el hombre eclipsó la luna por primera vez, una de las hazañas con que la humanidad había soñado desde tiempos de Cyrano de Bergerac (1619-1655) o quizás desde mucho antes, yo tenía 10 años. Me acuerdo, perfectamente más asombrado como ahora: mientras unos millones de ojos en el planeta tierra veían asombrados, frente a las pantallas de televisión, otros millones de oídos como los míos en el villorrio de Tacamocho Bolívar, al lado de radios, escuchábamos emocionados e incrédulos el brinco más grande de la especie humana en toda su historia, liderado por el presidente estadounidense Richard Nixon.
Oscuridades y destellos de la memoria, mi quinto libro publicado este año por autoreseditores.com (págs. 34 y 35) y lanzado en la Fria Internacional del Libro de Bogotá, recuerda aquella hazaña así:
La historia se divide en dos: antes y después de este instante soberbio, se expresaron los científicos de la Nasa, ebrios de felicidad. Las frases disonantes, parte vital del desafío humano de este milenio, también se oyeron: Se ha expandido el ámbito de la estupidez humana, dijo el filósofo inglés Bertrand Russell. La Osa Ame, mi madre, se niega a creer que el hombre haya ido a la luna. Su argumento es contundente: En realidad, la luna no está tan lejos. El hombre puede ir muchísimo más lejos sin salir de sí mismo. Ahora bien, si fueron, ¿por qué no contaron?
Y es cierto, uno esperaría que luego de semejante periplo no se viera a la tierra como una generosa teta que nos da de mamar leche y veneno sino como una bella piedra helada que rueda en la soledad del universo, también uno esperaría que se escribiera la saga del hombre y las estrellas, pero lo que nos dejaron los cosmonautas fueron tres frases, más bien de cajón: Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la luz nocturna de la tierra, envuelto en un extraño traje terrícola de explorador lunar, pronunció sin inflexiones ni vanidad esta frase: Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad. Otro, Edwin Aldrin, segundo hombre en tocar suelo del satélite, metido en una escafandra lunar, afirmó: Desde aquí la tierra es azul. Y el otro, Michel Collins, tercer hombre integrante de la hazaña, teniente coronel que piloteó el módulo Columbia, quien permaneció en la órbita circular a 11 Kms. de la superficie lunar, acotó: Por aquí no he visto a Dios.
Esto me lleva a pensar o que bien Amelia Rosa Quiroz Jiménez tiene razón, o que definitivamente nuestros astronautas son muy cortos de ingenio narrativo. De todas maneras, lo cierto es que la luna, que antes sólo inspiraba a escritores y poetas, es ahora base de investigaciones científicas para descubrimientos que ojalá beneficien a la raza humana, que hoy está tan maltratada y devastada por el demonio del neoliberalismo y todos los extremos políticos y religiosos. (Hasta aquí la memoria recogida por Oscuridades y destellos).

La Ché, 07 de abril de 2026, https://www.elespectador.com/opinion/caricaturistas/la-che/la-che-587/
Sea como sea, lo que ocurrió en 1969 no fue “más que lo que habrían predicho Kepler, Galileo o Newton cuatro siglos antes —el origen de la ciencia moderna tiene mucho que ver con los movimientos de nuestro satélite por el cielo nocturno—, pero nadie podrá negar el valor inspirador que ejercieron aquellas primeras personas que caminaron por un objeto celeste distinto de la Tierra.” (elpaís.com, 2026A) Ese es justo el valor que tendrán Artemis y sus sucesoras en las generaciones actuales: “el de observarnos a nosotros mismos desde fuera de nuestro mundo, el de situarnos en la modesta perspectiva que nos corresponde en el gran marco de las cosas, también el de recordarnos el poder de la ciencia frente a la ignorancia y la superstición.” (Ibíd)
A propósito, el libro brillante, Poder y progreso, de los economistas Daron Acemoglu y Simon Johnson, explica cómo los grandes avances astronómicos y tecnológicos han enriquecido a la élite y explotado a la población durante los últimos mil años, con el lubricante de los mitos, los discursos y la religión. De todos modos, el éxito de Artemis II es indiscutible y entre los niños que contemplaron sus imágenes estarán los astronautas, los ingenieros y las científicas del futuro. Si solo fuera por eso, esta aventura espacial ya habría merecido la pena, aunque esto le importe un bledo al Gobierno del plutócrata procesado.
Viendo las imágenes de los astronautas, algunas veces concentrados, otras risueños ante las cámaras, otras cavilosos por las ventanillas, pensé al igual que Pascual Gaviria (2026) en algunos otros viajes que nos ha dejado la literatura. Los cuatro tripulantes de la Misión Artemis II tienen algo de los tres viajeros de la enorme bala cilíndrica impulsada por un cañón de 900 pies de largo que viaja en Alrededor de la Luna, de Julio Verne. Un francés y dos americanos que, por una pequeña desviación en el camino, no llegaron hasta el centro del satélite y debieron contentarse con mirar por la ventanilla. Viven la misma ingravidez a la que llaman física recreativa: en el mismo instante varios objetos, armas, botellas, abandonados a sí mismos, se sostuvieron como por milagro. También hablan de afán del contemplar el globo donde hormiguean nuestros semejantes y quieren mandar cables hasta la Tierra. La diferencia es que almuerzan con conservas y buen vino francés, discuten sobre la existencia de los selenitas y van acompañados por dos perros –Diana y Satélite– que orbitan alrededor de su nave. Y una no menor, no tienen idea de cómo regresarán a la Tierra. Posiblemente el impulso de un volcán lunar, piensan. El libro de Verne es un intento de divulgación científica envuelto en el papel aluminio de una nave de ficción.
Y volviendo al libro de Cyrano publicado en 1675, agregaría con Gaviria que De Bergerac tiene intenciones muy distintas, aunque el mismo combustible para el despegue. Ahora es un solo hombre quien acude a la pólvora partiendo desde Canadá. Al apagarse los cohetes, el impulso final lo entrega el cuarto menguante de la Luna que chupa la médula de los animales. El viajero había cubierto su cuerpo de tuétano luego de la caída en un despegue fallido. Al llegar a ese paraíso perdido comienza la descripción de un mundo contrario a la tierra. Sus habitantes lo hacen pregonar que la Tierra es Luna y la Luna es Tierra. En las cantinas se paga con poemas, los hombres llevan penes de cobre colgados al cinto en vez de espadas. No pueden creer que en la tierra los instrumentos de generación pasan por ignominiosos y los de destrucción por honorables. La vida en la Luna es una caricatura para avergonzar a los hombres. Al discutir, los selenitas suenan como una sinfonía, las voces son violines, violas, contrabajos. Y hasta los más jóvenes son sabios, llevan consigo instrumentos como relojes que entregan los libros en la voz de sus autores: decidí poner los libros como pendientes de las orejas y salir a caminar, dice el terrícola de C. de B.
Continuando con Artemis II -apoyado en elpais.com (2026A)-, hay que enfatizar que su misión es solo otro paso. Los cuatro astronautas dieron una vuelta a su alrededor, obteniendo unas imágenes maravillosas de su cara oculta y también de la Tierra poniéndose detrás del satélite. Pero eso es solo una preparación para la verdadera aventura que vendrá luego, porque los próximos vuelos Artemis no solo pondrán astronautas en la superficie del satélite, sino que empezarán a establecer una base lunar, el primer asentamiento humano estable fuera de nuestro planeta. “También la agencia espacial china tiene esa intención, y es probable que esa competencia resulte un acicate para ambas partes. Estados Unidos sigue liderando esta nueva carrera espacial, pero compite de cerca con China, que ya posó las primeras sondas robóticas en el polo sur de la Luna en 2019 y prevé enviar su propia misión tripulada en 2030.” (Ibíd, 2026B)
Así, en juego no está solo colocar una bandera, sino el control estratégico de un enclave rico en recursos y quién va a definir las normas que regirán el uso del espacio. Si todo va bien, en unos años conoceremos a los primeros habitantes de la Luna, los primeros lunáticos en el sentido literal que nunca ha tenido esta palabra. De todos modos, esperamos que el reality cósmico que acaba de pasar “nos entregue las ensoñaciones y divertimentos del lado oscuro de la Luna, ya que no tenemos a nadie en el satélite para mostrar nuestro lado oscuro.” (Gaviria, 2026)
Claro que como la tripulación de la nave Orion regresó sana y salva a la Tierra, Artemis 2 se consolidó como un éxito de EE UU justo en todo aquello que no representa la desastrosa Administración de Trump. “Junto a la diversidad de su tripulación, el programa consolida una red de alianzas globales en torno a objetivos científicos y tecnológicos que pone en valor el poder de la multilateralidad. Entre esas aportaciones se incluye el Módulo Europeo de Servicio, que es el pulmón de la nave Orion, a la que proporciona propulsión, energía, oxígeno y aire, y que ha sido construido por empresas del Viejo Continente.” (elpais.com, 2026B) Trump se vanagloria de los logros obtenidos por la misión, pero reitero: la realidad es que ataca a la ciencia y aplica drásticos recortes al presupuesto de la NASA. “Su Administración, conocida por su oscurantismo e irracionalidad, ha dejado en manos privadas buena parte de los avances en la carrera espacial en los últimos años. Y aunque el Congreso ha frenado parte de las rebajas, ha sido esta Casa Blanca la que ha propuesto los mayores recortes en investigación en Estados Unidos desde la II Guerra Mundial, en el marco además de una brutal campaña de acoso a las principales universidades del país y al conjunto de la comunidad científica.” (Ibíd)
Pero eso no es raro porque en esa semana de la misión lunar “el mismo poder que con una mano suspendía el horror de su amenaza sobre el mundo con la otra estuviera alcanzando la cara oculta de la Luna. Las dos cosas parecen los dos extremos de la condición humana, su barbarie feroz y su ambición sublime, pero en realidad ambas pertenecen al peor costado del hombre: su prepotencia casi sobrehumana. Ambas se alzan para no dejarnos ver la cara oculta de la tierra, este mundo donde el creciente irrespeto por lo humano sigue siendo más visible que la capacidad humana de reaccionar.” (Ospina, 2026) Por eso, “es saludable recordar una de las elipsis que nos han ahorrado más tiempo en la historia del cine, la de 2001: Una odisea del espacio. Un homínido prehistórico que acaba de matar a otro lanza un hueso al aire y, hop, se convierte en una nave espacial. La historia de la humanidad está entre esos dos extremos: humanos primitivos violentos en la Tierra y orfebrería técnica en los cielos.” (Domínguez, 2026) Pareciera que no salimos de ahí, hemos vivido una secuencia parecida a lo sucedido en la tierra en la semana de la misión de Artemis II.

Artemis II por Mheo, 06 de abril de 2026, https://www.elespectador.com/opinion/caricaturistas/mheo/mheo-449/
Finalmente, amables lectores multicreyentes y sentipensantes, diría que de regreso a la Tierra la misión, no trajo nada de la Luna, allí no se detuvieron, pero quizá el cohete sí trajo algo pegado, una partícula utópica que ojalá ayude a contrarrestar la nueva forma de dominación que usa el terror para destruir al ser humano. La misión lunar es bella y necesaria así requiera “una movilización masiva de recursos científicos, educativos, energéticos e industriales tan grande que sólo estamos dispuestos a aceptar a cambio de algo que necesitamos con más urgencia: un sentimiento colectivo de identidad y propósito. Una vacuna contra el apocalipsis, que tenga el efecto inverso a la doctrina del shock. La cuestión es por qué no podemos convertir la Seguridad Social, el empleo público, la educación y la sanidad universal en un relato heroico colectivo.” (Pereirano, 2026)
El programa lunar habría sido imposible sin la prosperidad que trajo el New Deal implementado por el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt entre 1933 y 1939. Un nuevo acuerdo o trato global es lo que necesita el presente convulsionado por el que atraviesa la humanidad para el surgimiento de nuevas realidades, de nuevos escenarios, que nos lleven a creer en un futuro esperanzador y en un mundo mejor. En esencia, el verdadero poder, contrario a lo que se piensa, es lo opuesto a la violencia e ignorancia, es lo que posibilita el sentimiento colectivoque puede permitir la construcción del relato heroico comunitario: El poder verdadero es la capacidad de los seres humanos de conciliar y crear estructuras políticas que expresan sus convenios” que luchen contra la guerra y consideren una prioridad la vida, la cultura, la paz y la dignidad humana. En definitiva, la política puede -y debe- aspirar a hacer la vida más digna, más justa y también más humana. Porque, al final, las sociedades terrenales “no se sostienen solo sobre leyes o presupuestos, sino sobre la calidad de los vínculos que construyen… Y ahí, en ese espacio intangible pero decisivo, es donde los valores vuelven a importar” (Batet, 2026) como el corazón mismo de un proyecto de orfebrería técnica en los cielos para que incida con sus partículas utópicas en la transformación de los humanos primitivos violentos de la Tierra.
INDISPENSABLE TÁBULA GRATULATORIA
BATET, Meritxell (2026, abril 26). Toca recuperar el lenguaje moral. El País de España, Madrid,https://elpais.com/espana/catalunya/2026-04-27/toca-recuperar-el-lenguaje-moral.html
ELPAIS.COM (2026A, abril 12). Bienvenidos a la Tierra. El País de España, Madrid, https://elpais.com/opinion/2026-04-13/bienvenidos-a-la-tierra.html
_________ (2026B, abril 7) Una nueva era espacial. El País de España, Madrid, https://elpais.com/opinion/2026-04-08/una-nueva-era-espacial.html
DOMÍNGUEZ, Iñigo (2026, abril 11). El lado oscuro de la Tierra. El País de España, Madrid, https://elpais.com/ideas/2026-04-12/el-lado-oscuro-de-la-tierra.html
GAVIRIA, Pascual (2026, abril 8). El lado oscuro de la Tierra. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/pascual-gaviria/el-lado-oscuro-de-la-tierra/
PEREIRANO, Martha (2026, abril 5). La Luna como destino. El País de España, Madrid,https://elpais.com/opinion/2026-04-06/la-luna-como-destino.html
SPITALETTA, Reinaldo (2026, abril 7). Luna de Guerra Fría y de otras guerras. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/reinaldo-spitaletta/luna-de-guerra-fria-y-de-otras-guerras/
