EL FENÓMENO THERIAN
En homenaje a COLOMBIA -lista cerrada del Pacto Histórico- y JOSEFINA -N.º 112 de la lista abierta del Partido Nuestra Fuerza- VILLAMIL QUIROZ, curtidas luchadoras sociales y profesionales bolivarenses con gran experticia comunitaria dispuesta a ser senadora y representante a la cámara importantes en 2026-2030, periodo en el que pretenden legislar reformas sociales para ayudar a seguir construyendo un país del tamaño de nuestros sueños colectivos: ¡Ojalá las elijamos el 8 de marzo! Seguro que no nos defraudarán.

Amables lectores multicreyentes y sentipensantes, en medio del umbral de la Tercera Guerra Mundial y una especie de parálisis mental global, vemos que en calles, parques, plazas y redes sociales aparecen en público en estos días los therians que son jóvenes a los que les gusta disfrazarse de animales; aunque hoy se perciba como una polémica tendencia reciente, el fenómeno con antecedentes más antiguos empezó a organizarse en comunidades digitales en los años noventa. A pesar de que nos estamos acostumbrando a las penas y a las bombas que caen por todas partes, no me voy a detener en esa desgracia universal, sino en el origen y las características de los jóvenes-animales, contrastándolos con la mitología regional, la política nacional y la literatura universal.
“En América Latina se ha identificado la presencia de esta subcultura digital en México, Argentina, Chile, Uruguay, Perú y Costa Rica, donde se organizan foros y encuentros entre los miembros de esa comunidad para compartir sus vivencias animales.” (semana.com, 2026) La palabra proviene del inglés therianthropy-teriántropía-, que a su vez deriva del griego therion-que quiere decir bestia o animal salvaje- y ánthropos-humano-. “Un therian (o therianthrope) experimenta una conexión persistente con uno o varios animales no humanos, conocidos como su teriotipo.”
¿Estamos ante un trastorno? “La teriantropía no está reconocida como trastorno en los manuales diagnósticos psiquiátricos, y la literatura clínica distingue entre experiencias identitarias no clínicas —la mayoría— y casos raros con creencias delirantes. Reducir todo el fenómeno a la patología sería intelectualmente pobre, pero la conclusión contraria —que no hay nada que analizar— también lo sería… Como suele ocurrir en la era digital, la reacción pública ha sido más rápida que la comprensión y ha oscilado entre dos extremos previsibles. Por un lado, la ridiculización automática: la tentación de despachar el fenómeno como una simple extravagancia. Por otro lado, la validación acrítica con el fin de evitar cualquier pregunta incómoda.” (Anzola, 2026)
Ninguna de las dos posturas ayuda a entender lo que está ocurriendo a esos “humanos que deciden encarnar animales mientras los ciudadanos los observan en manadas emitiendo mugidos y ejecutando conductas de la especie copiada, como defecación pública” (Silva, 2026), correr en cuatro patas o reproducir sonidos. Pero en la práctica describe a personas que experimentan una afinidad profunda con una especie animal concreta con “nuevas gestualidades que desafían modos de civilización” (Ibíd) usando máscaras.
Así, los therians o terios son personas que se identifican, en un plano psicológico, lúdico o espiritual, con un animal no humano. “Se trata de un fenómeno social y cultural que no implica una transformación física ni la creencia de poseer un cuerpo distinto, sino una vivencia interna de identidad” (Mendoza y Munárriz, 2026) en la que hay primero un proceso de identificación: “yo me identifico con un perro; y un segundo paso de alienación y transferencia; introyectan la otra especie: El perro soy yo.” (Silva, 2026)
En el que sí hay una implicación física con la creencia de poseer un cuerpo distinto es en el hombre-caimán de Plato Magdalena en donde un hombre se transforma en ese animal. “Aunque las referencias a híbridos humano-animales existen desde la antigüedad en mitos y leyendas, la identidad therian como comunidad moderna surgió en la década de los noventa en foros de internet, donde personas con estas experiencias comenzaron a compartir y validar sus vivencias.” (semana.com, 2026) En este caso, parte se debe a una moda como si todo pudiera resolverse con esa palabra, y el del hombre-caimán en su totalidad es un mito integrante de la cultura de ese pueblo del Caribe colombiano.
En verdad, ambos casos dejan algo profundo: ¿por qué los humanos quieren ser animales? Los dos se refieren a la capacidad de transformarse en animal: en los terios la metamorfosis es espiritual en el sentido de experimentar una conexión interior con un animal determinado, pero esta transformación no se daría de manera física; y en los hombres caimanes la transformación es tanto espiritual como física.
En torno a lo anterior dice Aristóteles que la incomunicación con los animales ha retrasado la comprensión y el desarrollo humanos. Y Horacio Quiroga afirma que el hombre es –de todos los animales— el único capaz de reír. En efecto, la condición humana de nuestros días, aunque es una variante más de la estupidez en general, se caracteriza por su gran capacidad de risa. “El hombre es una cuerda tendida entre la bestia y el superhombre”, sostiene Nietzsche, quizás intuyendo que esta enfermiza y contrahecha construcción en la que nos reconocemos como criaturas inteligentes y racionales no es más que el prólogo turbio y siniestro hacia una criatura monstruosa que podemos ir materializando en Netanyahu, Trump y Putin por las barbaridades que están perpetuando en Oriente Medio y Ucrania.
Vuelvo al interrogante: ¿Por qué a hombres, mujeres y no binarios nos gustan tanto los animales? Porque -supongo- pueden ser a la vez despreocupados e ignorantes y porque les bastan con vivir: no piden nada más. En realidad, los animales buscan lo necesario para la existencia sin preocupaciones por intentar hacerla soportable. Pero cuidado que esto es más complejo, pues, la contemporaneidad nos arroja, con frecuencia, “fenómenos que la mirada superficial cataloga como extravagancias lúdicas, pero que, bajo un examen riguroso, revelan fracturas ontológicas profundas. La reciente emergencia de los therians… constituye un síntoma de una búsqueda de alteridad.” (Daza, 2026)
Aunque no faltan personas como Daniel Samper Ospina (2026), así sea con mamagallismo, que digan que se necesita ser muy animal para considerarse therian, muy bestia. Y otro tanto también para observar los videos que proliferan en las redes por culpa de los cuales perdí -afirma él- un día entero de mi vida: porque, para mi pesar, confieso que desde que miré el primero no pude parar, y pasé una improductiva jornada laboral analizando manadas de therians en una plazoleta de Montevideo; o de therians gatos que se lamían los brazos en un parque de Buenos Aires. Incluso llegué por rebote al video de un japonés que se autopercibía como una boa y se arrastraba por el suelo para avanzar, como un contratista corrupto. Una vergüenza… A esto hemos llegado: a llenar el mundo de personas que, como Gregorio Samsa, amanecen convertidos en animales.
Pero ojo señor Samper que el therianismo, más que una rareza o curiosidad cultural, “puede funcionar como un espejo de la época en la que habitamos… Aunque hoy parezca nacido en TikTok, el therianismo tiene antecedentes en foros de internet de los años noventa en Estados Unidos, donde los usuarios comenzaron a compartir experiencias de identidad animal. Lo que ha cambiado no es tanto la existencia del fenómeno como su escala de visibilidad.” (Anzola, 2026)
Las plataformas digitales -continúa Marcela Anzola- han creado el ecosistema perfecto para que las identidades de nicho se vuelvan virales. El contenido therian combina varios elementos que los algoritmos premian: corporalidad llamativa, estética reconocible y narrativa identitaria. El resultado es una amplificación que puede hacer parecer masivo lo que, en realidad, sigue siendo minoritario. Pero el tamaño del fenómeno no es lo más importante. Lo importante es lo que revela: la individualidad posmoderna en estado puro.
“Vivimos en una época en la que la identidad ha dejado de ser, en buena medida, un dato heredado para convertirse en un proyecto personal. Esta frase captura una de las transformaciones centrales de la modernidad tardía… Durante décadas, sociólogos como Ulrich Beck, Zygmunt Bauman o Charles Taylor advirtieron que las sociedades modernas avanzaban hacia una creciente individualización del yo. En ese marco, las personas pasan de ocupar identidades relativamente estables a gestionarlas activamente.” (Ibíd)
Tal vez el verdadero dilema de cualquier ciudad entorno a los terios “no consista en aceptar que llevamos un animal simbólico dentro, sino en decidir si permitiremos que ese animal gobierne nuestra conducta. Más que instinto, poseemos conciencia; más que reflejos, discernimiento; más que manada, comunidad. Y en esa muy basta diferencia, tenue pero decisiva, se juega nuestra dignidad.” (Ibíd) Pero a veces lo que parece extravagante es solo una grieta.
Al igual que Aldo Civico (2026) he conversado con jóvenes y hay un hilo común: el cansancio. No es un cansancio físico, sino algo más profundo. Una sensación de que la vida es una competencia continua. Ser humano hoy parece significar competir, destacarse y gestionar la identidad como si se tratara de una empresa. Cada talento y cada experiencia deben generar algo; incluso el sufrimiento debe transformarse en aprendizaje visible. No es que alguien nos vigile; la presión es sutil. Nos decimos que debemos ser mejores, más productivos e interesantes. Si no lo logramos, la culpa es nuestra. La libertad se convierte en obligación. En Colombia, esta presión tiene un trasfondo particular: un país de desigualdad y violencia, pero también de un discurso de superación individual. Sí se puede se ha vuelto un mantra nacional. ¿Pero a qué precio? ¿Cuánto puede soportar un cuerpo joven antes de convertirse en un peso?
Claro que la pregunta verdaderamente relevante “es si nuestras categorías sociales, educativas y políticas están preparadas para una generación que concibe la identidad como un territorio infinitamente maleable… Cuando miremos hacia atrás, es posible que los therians no aparezcan como una rareza. Sino como una señal temprana —y bastante elocuente—” (Anzola, 2026) de hacia dónde se estaba moviendo esa subcultura. “Por eso, más que una curiosidad excéntrica, el fenómeno funciona como un pequeño laboratorio de la subjetividad contemporánea… Probablemente el boom viral se desinfle —muchas tendencias juveniles lo hacen—. Pero incluso si la etiqueta therian pierde visibilidad, las fuerzas culturales que la impulsan seguirán ahí. Porque el punto de fondo es sociológico.” (Ibid)
Cuando algunos adolescentes dicen sentirse terios, “no expresan un deseo de abandonar la humanidad, sino un anhelo de escapar del rendimiento. En su imaginario, el animal no necesita optimizarse, no construye una marca personal ni vive bajo la mirada constante de los demás. Sin embargo, tampoco conviene romantizar este gesto. Habitamos una cultura que lo absorbe todo” (Civico, 2026), pero rechaza virulentamente la diferencia. “A veces lo que nace como un gesto de escape termina encontrando su lugar en el escaparate. Se vuelve nombre, se vuelve grupo, se vuelve perfil. Y entonces empieza a circular. La diferencia atrae miradas, suma seguidores, genera pertenencia” (Ibíd) y también genera persecución y represión por parte de partidos de extrema derecha y neoconservadores o de extrema izquierda como los que respaldan al trío monstruoso mencionado.

La Patria de Manizales, feb 25/26, https://www.lapatria.com/opinion/caricaturas/caricatura-25-de-febrero-del-2026-un-mundo-de-therians
En América Latina, específicamente en Argentina y México, e incluso en Europa han aparecido elementos que ya fueron protagonistas del mismo fenómeno: “el pánico moral —la reacción exagerada ante un comportamiento de un determinado grupo, presentado como una amenaza—, los bulos y la manipulación ultraderechista para alimentar el discurso de una supuesta decadencia moral de la sociedad, con la diversidad en el punto de mira.” (Mendoza y Munárriz, 2026)
Según Paola Mendoza y Ángel Munárriz, el fenómeno therian “es un ejemplo perfecto de cómo los algoritmos y las redes, con una mezcla de interés político y morbo, pueden fabricar una noticia de la nada”, apoyados en Adrián Juste, analista en el laboratorio de ideas Al Descubierto, que ha visto cómo, antes de llegar a España, esta burbuja cultural ya se ha inflado en varios países de América pese a que se trata de una subcultura poco relevante, con su impacto concentrado en la adolescencia y consistente sin más en disfrazarse de no humanos por ocio o por hacer el memo. “Eso es lo que estamos viendo en España”, explica Juste, que observa cómo hay grupos que aprovechan la atención que suscita para presentarlo como la última expresión de unos supuestos excesos en el reconocimiento de la diversidad. “La tolerancia a lo diferente está bajo mínimos, y hay claramente un discurso que alimenta esto”, apunta.
La viralidad de los therians se vuelve así, continúan Mendoza y Munárriz, en manos de la extrema derecha y empujada por unos algoritmos que premian el escándalo, “en contra de las personas trans, de las personas LGTBIQ+, reafirmando ese discurso de decadencia de la sociedad moderna, según el cual ir en contra de la naturaleza humana o de los designios de dios termina por llevarnos a la decadencia”, explica Juste. “Los therians son utilizados para decir ‘¡fijaos lo que se está poniendo de moda!, ¡es ridículo!, ¡nos vamos a la mierda!’ Así se redirige la rabia y la frustración de la sociedad hacia algo que no existe. De cada 100 comentarios sobre este tema, 95 son de odio, del tipo ‘que vuelva la mili’, o ‘hay que darles dos hostias’. Y todo al margen de la realidad. Es una burbuja cultural».” (Ibíd)
Marcelino Madrigal, experto en redes y ciberseguridad -también consultado por Mendoza y Munárriz-, explica que el auge de la conversación en las redes sociales sobre los therians obedece al impulso de los grupos ultras: “Les resulta muy fácil atacar la identidad, el género y las elecciones de los niños motivadas por lo que ellos llaman políticas woke”. Madrigal ve un embate directo contra el reconocimiento de la diversidad de género y las personas trans, aquellas con una identidad de género distinta al sexo con el que nacieron: “Se quieren diferenciar como aquellos que defienden a los niños normales, llevando a la exageración de decir que la gente se convierte en perros y gatos”.» (Ibíd)
La periodista Fabiola Solano -igualmente citada por Paola y ángel- apunta que Argentina funcionó como un laboratorio para construir un enemigo funcional: “El encuadre que se hace es sistemático: patologización, ridiculización y asociación directa con el progresismo, la agenda woke y las identidades de género. La subcultura aparece presentada como un trastorno mental, delirio identitario o resultado de una supuesta ingeniería cultural que estaría desdibujando la identidad humana”. Basta ver los grupos de ultraderecha en Telegram en los que los usuarios hablan de “subnormales disfrazados” y “animales que deben ser tratados como tales, durmiendo en el jardín todo el año”.» (Ibíd)
Figuras de la extrema derecha como Agustín Laje en Argentina y Eduardo Verástegui en México, “ambos con una larga trayectoria de ataques a personas trans, a los que presentan como síntomas de la degeneración moral de Occidente, se han sumado ahora a la ola de desprestigio de los therians. Estos funcionan, para ellos, como una demostración del supuesto delirio de la obsesión de la izquierda por las llamadas políticas de identidad. Laje, uno de los agitadores de cabecera de Javier Milei, se ha referido al fenómeno como degeneración de los therian trans animales y germinación de masas sin identidad. Verástegui ha afirmado que debían estar en un psiquiátrico y ha presentado su aparición como la prueba de que su clásico discurso de alerta por degeneración social iba bien encaminado. “Dijeron que esto nunca iba a pasar y nos llamaron exagerados. Familia, esto es más que preocupante. Tenemos que hacer algo URGENTE”, ha escrito Verástegui…» (Mendoza y Munárriz, 2026)
Por estos días, en la Puerta del Sol de Madrid, comentarios de odio también se hicieron escuchar. “Para Madrigal, esto es justo lo que la extrema derecha necesita: Cuando Vox pone la carpa no la pone para los chavales, la pone para los padres de los chavales. Entre los murmullos y las caras de asombro de los presentes ese sábado, José Carvajal, padre de dos chicas de 12 y 17 años, asegura que los therians son una gilipollez. Sus hijas le habían pedido acudir a Sol para ver si algo pasaba, y se quedaron por la presencia del youtuber Mihail Amoli, con casi un millón de seguidores, que sí triunfó con la convocatoria.» (Mendoza y Munárriz, 2026) Así, la ultra y la derecha motivan e intentan aprovechar las aglomeraciones juveniles de esas convocatorias para atacar el fenómeno Therian como una desviación de las buenas costumbres, de la moral cristina y de los canales democráticos.
Pues bien, conforme la democracia se agrieta y se vuelve temblona e indecisa, crece la hostilidad hacia los raros. “Una nueva normalidad se impone con insultos y risotadas, la normalidad de quien se siente mayoría, legítimo representante de la gente… y abanderado del sentido común, que es el más abyecto de los sentidos, pues en su nombre se han montado las peores carnicerías. El viejo recato burgués de las novelas del XIX, sobre el que cabalgaron los cuatro jinetes del antisemitismo del XX, se renueva en formato digital pero con la misma agresividad. Hoy, como ayer, señala como amenaza cualquier vida distinta, cualquier manifestación de libertad, cualquier diversión que violente su muy estrecho sentido del decoro.” (Del Molino, 2026) En 1888 el filósofo del superhombre, Nietzsche, “autor de la crítica más radical a los valores occidentales hasta matar su Dios, iba caminando por Turín y, al ver a un cochero que golpeaba a un caballo, corrió, lo abrazó y lloró.” (Silva, 2026)
En verdad, si a los 15 ó 16 años alguien ya percibe que ser humano pesa demasiado, “algo nos está diciendo, no sobre él, sino sobre el mundo que le estamos entregando. Tal vez no se trata de que quiera ser otra especie. Tal vez lo que está rechazando es esta versión agotadora de lo humano que hemos construido: una vida entendida como un examen permanente, como una meta que siempre se corre un poco más lejos. Porque nadie puede crecer sintiendo que siempre está en evaluación, que incluso su forma de existir necesita justificarse.” (Civico, 2026)
Aunque en mi época adolescente, como en la de Daniel Samper Ospina, había amigos que eran perros con las novias, compañeros de colegio que eran bestias para las matemáticas; gallitos finos para pelear; incluso burros que fumaban marihuana. Pero a ninguno de ellos se le habría ocurrido conformar todo un estilo de vida que exigirá el respeto de sus derechos en el futuro próximo. A las empresas se les pedirá contratar un mínimo de therians; lo mismo al gabinete presidencial: por lo menos un par de ratas. Y tres sapos. Y la tendencia se tomará el mundo entero hasta que lo naturalicemos.
Como estoy seguro de que esa tendencia no se tomará el mundo y probablemente su auge viral disminuirá, unos hijos therian antes que desaparezcan “les deseo a toda esa gentuza que parece que se corta el pelo en la misma peluquería y se viste en la misma tienda. Ahora que han popularizado un fenómeno inexistente, ojalá se vuelva masivo y descubran que sus hijos adolescentes quedan los sábados para olerse el culo con máscaras de scottish terrier, en vez de emborracharse con garrafón y vomitar entre los coches aparcados, como hacen las personas decentes.” (Del Molino, 2026)
Desaparezca o no la tendencia terio, lo cierto es que en las actuales elecciones colombianas está Abelardo De la Espriella que “es un candidato therian por partida doble: se autopercibe como un tigre pero se viste como un lobo, lobo con piel de oveja; confesaba ser ateo pero ahora posa con unos pastores (que parecen hienas) para meternos gato por liebre. O Paloma Valencia, que es therian desde su propio nombre, no para de dar lora y se autopercibe mascota de Uribe. O el propio Fajardo que se observa a sí mismo en un espejo como si fuera una de las ballenas que le gusta contemplar. O Roy, que pasó de ser un lagarto de coctel a identificarse como un zorro de la política y convertirse en el verdadero candidato del jaguar: por encima, incluso, de Iván Cepeda, el candidato que se autopercibe comunista al que se le comieron la lengua unos therians de su partido que se consideran ratones.” (Samper, 2026) Pocos saben qué opina de los casos de corrupción del Gobierno, incluyendo las mordidas que, al parecer, ofreció Bonillita, el exfuncionario que se define como french poodle.
¡Qué elecciones! Parecen un zoológico-sigue Samper-. Una vez más, autopercibieron a Íngrid Betancourt como una arpía. María de la Paz Gaviria es uno de los muchos delfines que pretenden aterrizar en el Congreso, ese nido de víboras, esa fábrica de micos. Claudia López se zambulle en el Orinoco como si fuera un pirarucú atrapado en el cuerpo de una candidata y hace en la campaña lo mismo que el pez en el agua: nada. Pero quiere que la cuenten al lado de un señor de apellido Huerta, un ciudadano que se autopercibe como aspirante presidencial y por el que votarán cuatro gatos.
En suma, pues, es claro que diversas culturas han venerado u odiado a los animales, deificados o vilipendiados, protegidos o diezmados. Distintos países han incorporado a los animales en sus creencias y costumbres. En torno a ellos han surgido leyendas y mitos en pueblos de naciones apartadas entre sí como las de América Latina y España. Los humanos, simios ascendidos a otra categoría por obra del azar, nos hemos convertidos en el animal risueño más audaz e inteligente, pero también en el más perverso. ¡Qué humanidad!: no existe otra especie de la naturaleza capaz de tantas tonterías y perversidades como las que están desplegando Trump, Netanyahu y Putin en Oriente Medio y Ucrania.
En definitiva, entonces, los animales están vivos en la mente del pueblo latinoamericano e incluso en la del español. Encontramos en el fenómeno Therian, en la mitología regional, en la política nacional y en la literatura universal un camino adecuado para traducir en términos de razón última la diversidad, los tabúes, las mentiras sociales, las verdades oficiales, las ideas manipuladas, sobrepasando la idea original de aquel pescador plateño que se convierte en cocodrilo por amor o voyerismo. Por eso, deseo finalmente que ojalá ninguno de nosotros nos acostumbremos a la persecución de la diferencia de los terios y mucho menos a esa desgracia universal de las penas y las bombas que caen por todas partes porque desgarran nuestras entrañas y las de la humanidad en general.
INDISPENSABLE TÁBULA GRATULATORIA
ANZOLA, Marcela (2026, feb 26). THERIANS: LA POLÍTICA SILENCIOSA DE LA IDENTIDAD SIN LÍMITES. Razón Pública, Bogotá, https://razonpublica.com/therians-la-politica-silenciosa-la-identidad-sin-limites/
CIVICO, Aldo (2026, feb 24). Therians o el cansancio de ser humano. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/aldo-civico/therians-o-el-cansancio-de-ser-humano/
DAZA CASTRO, Jesús (2026, feb 27). VALLEDUPAR Y LOS THERIAN: Bestiario único. El Pilón, Valledupar, https://elpilon.com.co/opinion/columnas/valledupar-y-los-therians-bestiario-unico
DEL MOLINO, Sergio (2026, feb 24). Ojalá te salga un hijo ‘therian’. El País de España, Madrid, https://elpais.com/opinion/2026-02-25/ojala-te-salga-un-hijo-therian.html
MENDOZA, Paola y MUNÁRRIZ, Ángel (2026, feb 23). Therians’, el fenómeno viral sin base que sirve a los ultras para cebar su discurso ‘antiwoke’. El País de España, Madrid, https://elpais.com/sociedad/2026-02-24/therians-el-fenomeno-viral-sin-base-que-sirve-a-los-ultras-para-cebar-su-discurso-anti-woke.html
semana.com (2026, feb 21). El fenómeno de los therians en América Latina: todo lo que debe saber sobre esta tendencia. Semana, Bogotá, https://www.semana.com/nacion/articulo/el-fenomeno-de-los-therians-en-america-latina-todo-lo-que-debe-saber-sobre-esta-tendencia/202641/
SAMPER OSPINA, Daniel (2026, feb 22). POLÍTICOS QUE SON THERIANS. Cambio Colombia y Los Danieles, Bogotá, https://cambiocolombia.com/los-danieles/articulo/2026/2/politicos-que-son-therians/
SILVA, Armando (2026, feb 27). ‘Soy un perro’. El Tiempo, Bogotá, https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/soy-un-perro-3536188

A los therian hay que recomendarle al brujo que busco Saúl Montenegro para que lo convirtiera en Hombre Caiman. Y vive en plato magdalena
Gracias por la lectura y la recomendación a los therians.
Gracias profe Dayro, por compartir. El tema esta en primer puesto de las redes y la comunidad, como muy bien lo has mencionado, se presta para diversos comentarios y análisis; desde la burla hasta la falta de respeto.
Desde mi perspectiva solo espero que no se extienda mucho, de no ser así, darle solo la importancia que amerita.
Profe Víctor, con mucho gusto. Muy amable por leída y mensaje.