CIEN AÑOS DE LA VORÁGINE

La imagen de arriba fue tomada de https://delbuenvivir.wordpress.com/2019/06/06/la-voragine-en-visperas-del-centenario/

En memoria de los indígenas colombianos aplastados por el capitalismo salvaje, el narcoparamilitarismo, la narcoguerrilla e incluso por el mismo Estado. Y para recuerdo de Juan Carlos Henao, rector y constitucionalista fallecido recientemente de manera prematura, su “muerte significa una gran pérdida para el país y para la consolidación de nuestro Estado de derecho” y la paz anhelada.

¡Noble lector sentipensante y librepensador exigente!, en los aniversarios importantes de 2024 en la literatura colombiana e hispanoamericana se celebra el primer centenario de publicación de la primera edición de la novela cumbre de José Estausio Rivera -JER-, un hito de la literatura nacional. Después de María (1867) “vivimos cien años de soledad en nuestra producción novelística, con excepción de La vorágine… Pasó ese tiempo y llegó Cien años de soledad, en 1967.” (Alarcón, 2023) Así que La vorágine de JER y María de Jorge Isaacs son las precursoras de las grandes novelas colombianas. Por lo anterior, estas notas sintetizan de modo particular e invitan a conocer la vida y obra de Rivera a quien le deseo con el escritor Hernán Borja la mayor audiencia para bien de nuestra nación.

Por eso ahora vale la pena leer esa narración centenaria de nuevo en la estupenda edición patrocinada por la Universidad de los Andes, que incluye un conjunto de documentos, antiguos y recientes, para colocarla en contexto con investigaciones de Margarita Serge y Erda von er Walde, edición que llega a complementar la compilación brillante que hizo Montserrat Ordoñez Vila en 1987 con motivo de los cien años del nacimiento del escritor en un pueblo cercano a Neiva Huila llamado San Mateo en 1888, quien muere prematuramente en 1928 en Nueva York –después de su muerte su pueblo cambió su nombre por el apellido del escritor-, “apenas vislumbrando los efectos del veloz éxito de la novela” en que confiaba porque tenía profunda convicción del valor de su obra. Esos son dos libros complementarios sobre el contexto, la vida y la obra de Rivera.

JER fue abogado, maestro, poeta, dramaturgo, novelista, diplomático y político; secretario de las embajadas en México -1921-, Perú (1924) y Cuba (1928). Fue diputado al Congreso e inspector del gobierno en las explotaciones petrolíferas de la región del Magdalena. En 1922 “fue secretario de una de las comisiones que demarcaron la frontera colombo-venezolana; así conoció todo el llano y la región cauchera del Orinoco. De esos viajes y exploraciones nació su obra.” (Camacho, 1982:231) En ellos conoció al que sería el estereotipo social de Arturo Cova, el nativo Luis Franco Zapata, “quien dio a Rivera innumerables pormenores sobre la trágica existencia de la selva” y “sobre muchos de los personajes que incorporó Rivera a sus páginas”. No obstante, ese estereotipo se “había engendrado en la República conservadora, lo había irrigado con indecisa mano hipócrita la República liberal. Era apenas natural que floreciera agresivamente con todos sus terrores en la Cristolandia de Laureano Gómez.” (Gutiérrez, 1982:235)

La vorágine narra las peripecias de Arturo Cova y su mujer Alicia por las llanuras del Casanare y por la región amazónica hasta que la selva los devora. Ellos se sumieron en una pasión desenfrenada parecida al remolino “impetuoso que hacen en algunos parajes las aguas del mar, de los ríos o de los lagos” por la acción del viento, las corrientes o por los sentimientos muy intensos en medio de un ambiente violento y desigual. Muchas parejas de enamorados, obedeciendo a sus apasionados instintos, han encarnado la aventura de Alicia y Arturo Cova, pero buscando un remanso en sus corazones.

Este texto sigue siendo no solo la gran novela de la selva sino un libro inagotable, susceptible de múltiples lecturas, un verdadero clásico de la literatura latinoamericana. Uno de los grandes valores de esta narración “reside en su forma de atrapar al lector y hacer de la lectura una metáfora de la selva”, experiencia que seguramente hemos vivido muchos de sus lectores desde su inicio magistral: “Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia.” (Rivera, 1976:7) Violencia ejercida contra los indígenas y su cacería para sacarlos de sus tierras selváticas que con la denuncia de los horrores de la explotación cauchera -capitalismo salvaje- son algunos de los temas principales de la novela, la cual, según Jean Franco, “se puede considerar de diversas maneras: como una alegoría romántica, como la visión terrorífica de la barbarie de su país de un intelectual de ciudad, como una novela de protesta”. (Gutiérrez, 1982:233)

La vorágine “también ofrece una compleja visión alegórica, cristiana y pesimista, de la pérdida del hombre del Paraíso y de su castigo y su muerte final en los círculos concéntricos del infierno. En términos históricos y realistas, el infierno de Rivera se encuentra en las selvas caucheras de Colombia pero esto no impide que también se identifique con el `bosque oscuro` del Infierno de Dante o con la vorágine negra de la Eneida de Virgilio…” (Menton, 1982:199)   

Dejarse embrujar “puede ser la mejor forma de acercarse a La vorágine y de entrar en los silencios y los murmullos: el riesgo de perderse en el tejido textual/vegetal bien vale la pena” (Ordoñez, 1997: 16); pero sin dejarse atrapar por la vorágine de la selva que se tragó a Arturo Cova, a Alicia y a sus acompañantes. En el brillante epílogo novelesco las autoridades colombianas ordenan su búsqueda y un día, el ministro del Interior recibe un mensaje del gobernador de San Fernando que dice: “Hace cinco meses búscalos en vano Clemente Silva. Ni rastros de ellos. Los devoró la selva.” (Rivera, 1976:276) No olvidemos que vorágine deriva del latín vorare, vorago, -inis que significa devorar; esquemáticamente, su estructura novelesca sería “una trágica peregrinación de unos personajes a través de un medio que al fin los devora”.

Pero no sólo La vorágine selvática de Rivera embruja a sus lectores y se traga sus personajes, sino que además se traga su obra poética (Tierra de promisión, 1921) que a pesar de que tiene sonetos que “no han perdido ni en frescura ni inspiración; y no han perdido ninguna de sus virtudes, porque fueron consecuencia de emociones directas tomadas de las eternas fuentes de la naturaleza. La sensación del paisaje perdura en sus poemas, dándoles frescura, como el aceite mantiene siempre brillantes las huellas del pincel en la tela.” (Maya, 1982: 7) Verbigracia, “Cerca del ancho río que murmura,/ en las arenas que el cenit rescalda/ vela el caimán, cuya rugosa espalda/ parece cordillera en miniatura. //Viendo nadar sobre la linfa pura/ lustroso pato de plumaje gualda,/ como túrbido grano de Esmeralda/ agranda el ojo entre la cuenca dura./// Pérfidamente sumergido un rato/ en la líquida sombra, de repente/ aprietan sus mandíbulas al pato; ////entonces flota la dispersa pluma,/ abre un círculo enorme la corriente,/ y tiembla, sonrojándose, la espuma.” (Rivera, 1982:27)  

La vorágine selvática también se traga su obra dramática (Juan Gil, 1911) en la que “Rivera presenta la desintegración de una familia tolimense en Bogotá, la agonía de una forma de estar en el mundo y la condición de vileza que exige la naciente sociedad burguesa. El drama es una interpretación de la sociabilidad bogotana y del espíritu nacional de la primera década del siglo XX, la integración de Colombia al mercado mundial, una expresión dramática de escepticismo y desgarramiento ante el quebranto de los valores tradicionales y la vida perdida en la `hacienda lejana`.” (Cortés, 2018) He aquí, “la asimilación axiológica de la familia Gil instalada en la capital y el fin de la trascendencia en la muerte del “ideal” como la apuesta central de la dramaturgia riveriana.” (Ibíd)

En fin, ¡noble lector sentipensante y librepensador exigente!, La vorágine se traga pues la producción dramática y poética de Rivera porque es su novela totalizadora. En esta narración magistral, los protagonistas principales parten de Bogotá, epicentro del drama de Juan Gil, y hacen un extraordinario recorrido por la selva para hacer una denuncia o protesta valiente, en medio de un festín destructivo de violencia despiadada contra los indígenas y una desigualdad extrema, con una mirada crítica a la vida de los habitantes de tierras alejadas del centro del país, asuntos encerrados en Tierra de promisión.

En suma, entonces, el personaje-narrador Arturo Cova de esta novela clásica latinoamericana que le da talla mundial “devora a su propio autor y la ficción afecta las interpretaciones de su vida e incluso de su muerte. Su selva se dobla, se desdobla y, para bien y para mal, se funde en el imaginario de y sobre América Latina. La marca de La vorágine, palimpsesto más que huella, es parte de una herencia colectiva. Envuelta en la historia de su recepción, la novela resiste y perdura, se repite y se refleja, inseparable de sus lecturas.” (Ordoñez, 1997: 13) Celebremos pues el centenario de esta obra cumbre del gran José Eustasio Rivera, leyéndola o releyéndola no como una novela del siglo XIX sino del siglo XXI porque gracias a ella podemos confrontar el capitalismo salvaje y la ineficacia estatal, y entender mejor la crisis ambiental contemporánea; es decir, comprender mejor nuestro afligido país amado para afrontar las incertidumbres y ayudar a construir una mejor sociedad.

INDISPENSABLE TÁBULA GRATULATORIA

  • Alarcón, Óscar (2023). “María” y “Cien años de soledad”. El Espectador, Bogotá, publicado el 18 de diciembre en https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/oscar-alarcon/maria-y-cien-anos-de-soledad/
  • Camacho Guizado, Eduardo (1987). La novela del posmodernismo. En Ordoñez Vila, Montserrat (1987) LA VORÁGINE: Textos críticos. Compilación. Alianza Editorial Colombiana: Bogotá.
  • Cortés, Juan Gabriel (2018). Juan Gil de José Eustasio Rivera: la muerte del ideal o la experiencia del Nihilismo. Maestría thesis, Instituto Caro y Cuervo. Biblioteca digital, Bogotá, publicado 7 de octubre de 2019 en https://bibliotecadigital.caroycuervo.gov.co/1343/#:~:text=Resumen%20%2F%20Nota%20%2F%20Rese%C3%B1a,exige%20la%20naciente%20sociedad%20burguesa.
  • Gutiérrez Girardot, Rafael (1987) Locus terribilis. En Ordoñez Vila, Montserrat (1987) LA VORÁGINE: Textos críticos. Compilación. Alianza Editorial Colombiana: Bogotá.
  • Maya, Rafael (1982). Los sonetos de Rivera. Prólogo al poemario Tierra de promisión publicado por Canal Ramírez-Antares: Bogotá.
  • Menton, Seymour (1987). La vorágine: el triángulo y el círculo. En Ordoñez Vila, Montserrat (1987) LA VORÁGINE: Textos críticos. Compilación. Alianza Editorial Colombiana: Bogotá.
  • Rivera, José Eustasio (1976). La vorágine. Plaza y Janés Editores: Bogotá.

10 respuestas a «CIEN AÑOS DE LA VORÁGINE»

  1. Espectacular Reflexión acerca de este Best seller, ilustra la actual realidad de cualquier país que posee un recurso forestal, el cual es explotado por el hombre para su interés particular…

    1. Releer las obras literarias que ponen en evidencia la tragedia nacional, es un deber patriótico. Ponerlas de presente a las nuevas generaciones es otro deber también patriótico. Tuve la oportunidad de leerla en calidad de estudiante de secundaria motivado por la inteligencia del profesor de español: lo recuerdo con profundo aprecio, despertó mis sentimientos de odio y desprecio a la injusticia, a la codicia y a los depredadores de la especie humana y la naturaleza. Un abrazo de inteligencia por no dejar en el olvido tan meritoria obra.

  2. Profesor, nos sigues enseñando a través de tus escritos. ¿Quién que haya leído «La Vorágine» no ha sucumbido a la fascinación de sus páginas? Y es que, como bien lo mencionas, está estructurado con elementos narrativos primordiales, como el ritmo de las frases, la vívida materia de su cosmos que nos lleva a él y nos hace participar de sus acontecimientos, la acertada onomástica, las estructuras narrativas (tan bien encontradas por Ernesto Porras Collantes), en fin, sería interminable recordar aspectos que la crítica ya ha establecido. En términos sociológicos e históricos, una revelación para quienes desconocíamos esas inhumanidades; en estos aspectos, se diferencia de «María», que le puso un velo rosado a la realidad (por ejemplo, presentar el esclavismo como una relación paternal).
    A propósito, me he encontrado en librerías con la novela antropológica «Gitoma: El Hombre Solar», de Hugo Niño, quien durante un gran transcurso de su vida se ha dedicado a explorar los territorios indígenas amazónicos y a reconstruir sus relatos. Además, ha teorizado, con propiedad, suficiencia y acierto, sobre el concepto de ‘etnoliteratura’. Niño llega a los temas de Rivera, pero su mirada es desde adentro de la cosmovisión indígena. Son dos libros complementarios y comparten muchas características narrativas, además de los referentes históricos. También a esta nueva mirada sobre esos territorios destrozados, le deseo la mayor audiencia para bien de nuestra nación, pues son sus artistas quienes finalmente la instauran y la defienden de las garras de sus usufructuadores.

  3. Me puedo dar el lujo de haber leído la magistral obra La Vorágine de José Eustasio Rivera, la cual tengo en mi poder y me tocará leerla de nuevo; además, me vi todos los capítulos de la novela que fueron llevados a la televisión colombiana, hace muchísimos años. Mi estimado profesor Dairo González Quiroz, con su escrito, me remonto a mis años mozos, de juventud; su relato cautiva a los lectores, me incluyo.

  4. Fabuloso recorderis! Nuestra naturaleza y su realidad, la selva, nos hace pensar de nuevo en este nuestro territorio, invadido y explotado por un modelo salvaje y cruel!.. esta obra literaria, nos acerca a verla, vivirla y amarla , Madre Selva te quiero con el alma!.. de humano enardecido!…

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