50 AÑOS DE LA MUERTE DE FRANCO Y LA SAGA DEL FRANQUISMO

Lo mejor que se puede hacer con el pasado, empezando por el más tenebroso, es entenderlo: esa es la única forma conocida de poder dominarlo y de impedir que sea él quien nos domine a nosotros, obligándonos a repetir una y otra vez los mismos errores… es imposible hacer algo útil con el futuro sin tener el pasado siempre presente.

Amables lectores multicreyentes y sentipensantes, la cita anterior de Javier Cercas (2025) me sirve de umbral para decir que estuve en la discutida Madre Patria durante la reciente conmemoración de los cincuenta años de la muerte de Francisco Franco. La coincidencia de esa efeméride con la culminación de mi semestre sabático—el pasado 20 de noviembre—es un pretexto para hacer el perfil del “Generalísimo, el temido y odiado, pero también venerado dictador —“caudillo de España por la gracia de Dios”, rezaban las monedas que mandó acuñar—, que por 36 años rigió con mano de hierro a su país” (Santos, 2025); y también para reseñar la coronación de Juan Carlos I–JCI–y el proceso de transición a la democracia que empezó en España, después de 1975: eso y la saga colombo-española del franquismo son los temas de este breve ensayo.

Hacer un perfil sobre Francisco Franco Bahamonde (FFB), quien nació en 1892 en Ferrol La CoruñaGalicia– en una familia de marinos de clase media, no es fácil por su vida polémica y obras discutibles. De todos modos, aquí sigo con su padre, Nicolás Franco, que fue capitán de la Armada y sirvió en intendencia; su madre, María del Pilar Bahamonde, procedía también de una familia de marinos. Formado en la Academia Militar de Toledo (1907-1910), FFB permaneció en Marruecos de 1912 a 1926, salvo por alguna interrupción, y ascendió vertiginosamente por méritos de guerra.

Según la Real Academia de Historia de España (rah.es), en 1923, él llegó a la jefatura de la Legión marroquí y se casó con Carmen Polo Martínez Valdés, una mujer de familia acomodada de Oviedo con quien tuvo una hija única que le dio siete nietos. En 1926, con 33 años, era ya general. Dos años después, se le nombró director de la Academia General Militar de Zaragoza que el gobierno de Manuel Azaña cerró en 1931. Bajo la Segunda República (1931-1936), que Franco recibió con profunda desconfianza y considerables reservas, ascendió a general de división en 1934, fue comandante en jefe del Ejército de Marruecos y jefe del Estado Mayor Central. En julio de 1936–cuando se puso al frente del movimiento militar contra la República–era comandante militar de Canarias.

La carrera militar de FFB se desarrolló pues principalmente en África, donde ascendió rápidamente y se hizo conocido por su liderazgo, convirtiéndose en uno de los generales más jóvenes de Europa. Fue básicamente un militar convencido de que el Ejército era la columna vertebral de la patria, “pensaba que el liberalismo y los partidos habían sido responsables de la decadencia de la España contemporánea, que en 1923 recibió con satisfacción la dictadura de Primo de Rivera y que, aunque sirvió bajo ella, identificaba la Segunda República con anarquía, división nacional, humillaciones al Ejército e infiltración comunista… Cuando en 1936 asumió, como Generalísimo, el mando militar de las fuerzas sublevadas, Franco tenía 43 años y era sin duda uno de los militares más prestigiosos del Ejército. Definían ya su carácter rasgos que serían permanentes: era frío, distante, reservado, desconfiado, cauteloso.” (rah.es)

Ese fue el hombre que encabezó en julio de 1936 el levantamiento militar preparado desde febrero contra la Segunda República. No fue, como Hitler o Mussolini, el líder de un partido o movimiento de masas. FFB fue elevado, en octubre de 1936, a la doble jefatura del Estado y del gobierno de la España nacional por el acuerdo de sólo nueve generales y dos coroneles. En 1937, él prácticamente “se autoproclamó jefe nacional de la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS), partido único resultado de la fusión de la Falange Española de las JONS y de la Comunión Tradicionalista.” (wikipedia.es) Así, respaldados por los falangistas, este militar tradicional lidera el bando sublevado en la Guerra Civil Española –GCE– desde 1936 hasta la victoria del bando nacional en 1939. En ella, Franco fue un estratega conservador que tuvo su mayor acierto al llevar en marzo de 1937 la guerra al Norte; pero hubo errores de frentes mal dispuestos, “penetración en 1938 hacia Valencia por el Maestrazgo, obstinación en guerra frontal en la batalla del Ebro… Ganó por la fuerte unidad militar y política de la España nacional, por la alta moral de sus tropas, por la calidad y oportunidad del apoyo alemán e italiano y por los propios errores de la República.” (rah.es)

El enfrentamiento entre republicanos y nacionales, como se denominaba a los franquistas, fue total y sin cuartel. “Más de quinientos mil muertos y un país desolado produjo la guerra civil más sangrienta que se haya registrado en Europa. La polarización y la división interna fueron absolutas. No había neutrales y más del cincuenta por ciento de las familias tuvo miembros en ambos bandos.” (Santos, 2025) La GCE concentró la atención del mundo entero porque ahí se libró “la más clara confrontación política, social, ideológica y militar entre izquierda y derecha, en un momento en que el nazismo de Hitler, el fascismo de Mussolini y el comunismo de Stalin ejercían gran influencia de masas. Todos intervinieron a fondo en la contienda. Los miles de voluntarios de otros países que conformaron las Brigadas Internacionales para apoyar a la República, incluyendo a la Abraham Lincoln, integrada por estadounidenses, dan muestra del significado internacional que tuvo el conflicto ibérico.” (Ibíd)

Acabada la guerra, el general FFB instauró una dictadura autoritaria o régimen fascista,​ “e incorporó una influencia clara de los totalitarismos alemán e italiano en campos como las relaciones laborales, la política económica autárquica, la estética, el uso de los símbolos y el denominado Movimiento Nacional. En sus últimos estertores, el régimen transitó más próximo a las dictaduras desarrollistas, ​ aunque siempre conservó rasgos fascistas vestigiales,​ régimen que en su conjunto es conocido como franquismo” (wikipedia.es), el cual es definido por una ideología anticomunistanacionalista, católica y antiliberal. Durante su mandato, FF gobernó bajo un régimen dictatorial caracterizado por la represión de la oposición política y el exilio de miles de españoles. En sus primeros años hubo una despiadada represión brutal y fusiló sin contemplación a miles de republicanos. España entró en un periodo de aislamiento internacional que se prolongó hasta comienzos de los cincuenta. Un pasado de privaciones y exilios que el país ha demorado muchos años en asimilar y superar.

La dictadura estatalizó ferrocarriles, minas, teléfonos, distribución de gasolina y transporte aéreo. Para impulsar la industrialización, en 1941 creó el Instituto Nacional de Industria, que entre 1941 y 1957 construyó fábricas y empresas de aluminio y nitratos, industrias químicas, astilleros, grandes siderurgias, refinerías y fábricas de camiones y automóviles. El régimen impulsó las obras públicas y controló precios y salarios, y el comercio exterior. Integró desde 1940 a trabajadores y empresarios en la Organización Sindical y creó un modesto sistema de seguros sociales de tipo asistencial y paternalista. La política agraria del primer franquismo fue un fracaso. Los años 1939-1942 fueron años de hambre. La reconstrucción de lo destruido durante la guerra fue sólo aceptable. La producción no alcanzó el nivel de 1936 hasta 1951, en 1960 España era uno de los países más pobres de Europa. (rah.es)

No obstante–continúa la Academia Hispánica–, del 1960 al 1975 fueron años de desarrollo relativos porque lo industrial y urbano avanzaron. Grandes migraciones transformaron su estructura demográfica: cuatro millones de personas dejaron las zonas rurales entre 1960 y 1970, de las que casi la mitad emigraron a Europa. El turismo cambió la economía de muchas zonas costeras. La producción y uso de automóviles y electrodomésticos crecieron. Entre 1961 y 1964 la economía española creció a una media anual del 8,7%, y del 5,6% entre 1966 y 1971. En 1970, el 75% de la población laboral trabajaba ya en la industria y los servicios, y sólo el 25% lo hacía en la agricultura. En 1975, en torno al 75% de la población vivía en ciudades de más de 10.000 habitantes. Aunque en estos años también hubo fuertes desequilibrios regionales, elevado éxodo rural, sector público ineficiente y deficitario, graves insuficiencias de tipo asistencial, excesos urbanísticos en las zonas turísticas y en las grandes ciudades, hacinamiento de la población industrial (en Madrid, Barcelona, Bilbao).

Por eso, arreciaron los conflictos y la agitación—en demanda de derechos democráticos— en las universidades españolas rebrotó a partir de 1964 y se hizo endémica prácticamente hasta el final del régimen. La ley de Convenios Colectivos de 1958 movilizó a los trabajadores en demanda de libertades sindicales y del derecho de negociación, movilización que propició la aparición de nuevos sindicatos clandestinos de oposición. Aunque la huelga estuvo siempre prohibida, hubo ya 777 huelgas en 1963 y 1.595 en 1970. Reapareció el descontento regional tanto en Cataluña como en el País Vasco donde surgió ETA en 1959, organización independentista y marxistizante que desde 1968 recurrió al terrorismo como forma de lucha armada por la liberación nacional vasca. España, era una sociedad en vías de modernización; el franquismo, un régimen político autoritario en el que su continuismo era ya sumamente problemático: su naturaleza debilitaba su propia autoridad política y moral ante los conflictos lo cual amenazaba su propia estabilidad. Con un caudillo ya anciano y debilitado por el Parkinson y sobre cuyas decisiones influían ahora las personas de su entorno familiar, fue muy dudoso, ya desde 1969, que el régimen fuese capaz de garantizar su propia continuidad institucional. (Ibíd) Y obvio, apareció la inevitable parca.

Desde la capilla ardiente instalada en el Palacio de Oriente en nov 23 de 1975 hasta el Valle de los Caídos, la despedida en el cortejo fúnebre de FFB, el Generalísimo, Caudillo de España por la Gracia de Dios, sacó a sus fieles a las calles. Yace muerto en su caja. “Su piel ha adquirido un tono macilento. El rostro, cerúleo y embalsamado, es aún más inexpresivo que de costumbre.” (Cerdá, nov 16/25) A pesar de ese adiós alabado, con su muerte en Madrid, según el también autor ibérico Javier Cercas (2025), no se acabó la rabia. Cuarenta años son una eternidad: el 20 de noviembre de 1975, muchos españoles solo habían conocido el franquismo y casi consideraban que aquel régimen tenebroso de pícaros, patanes y meapilas era, más que una dictadura, el estado natural de las cosas. Esto explica que el sentimiento más extendido en España, el día de la muerte de Franco, no fuera ni de alegría ni de tristeza; el sentimiento más extendido era de incertidumbre, de perplejidad, de desasosiego.

Se ha vuelto un lugar común decir que la muerte de Franco marcó el fin del franquismo y el inicio de la Transición española–TE– hacia la democracia. Nada más falso porque esa muerte “no representó el fin del franquismo; tampoco, el principio de la democracia. El franquismo era robusto a la muerte de Franco, aunque no lo bastante robusto para imponerse al antifranquismo; el antifranquismo era robusto a la muerte de Franco, aunque no lo bastante para imponerse al franquismo. De ese empate de impotencias surgió en España la democracia.” (Ibíd)

Después de la muerte del dictador FFB–sigue Javier Cercas–, democracia y libertad no surgieron enseguida. Lo que trajo su muerte fue el arranque de una serie de movimientos políticos y sociales que con el tiempo se conocería como TE, y que terminó acarreando el cambio de una dictadura por una democracia. Ese período histórico se ha vuelto políticamente controvertido, no porque los políticos tengan un interés real en la historia, sino porque incluso el político más zoquete sabe que, para controlar el presente y el futuro, primero debe controlar el pasado. Esta elemental sabiduría orwelliana es la responsable de que, desde que a mediados de la década pasada se desintegró o pareció desintegrarse el sistema de partidos engendrado por la T, esta haya ingresado en el campo de batalla político: los nuevos partidos necesitaban imponer una versión del pasado útil para sus intereses, manipulándolo o falsificándolo a conveniencia con el fin de deslegitimar a sus oponentes, a quienes consideraban con razón responsables de él. El resultado fue el afloramiento en el debate público de un relato dual y contradictorio de la T, que hasta entonces había permanecido soterrado, en germen.

“Resultado de ese resultado: ahora mismo existe una versión rosa y una versión negra de la Transición. La versión rosa, respaldada por la derecha y por muchos protagonistas del período ansiosos por reivindicar su ejecutoria, postula que la Transición fue un período de concordia sin fisuras entre unas élites ejemplares, cuya sensatez inflexible y cuyo sentido histórico propició un tránsito pacífico de la dictadura a la democracia; respaldada por la extrema izquierda y los secesionistas, la versión negra argumenta que la Transición fue un enjuague ignominioso gracias al cual el… franquismo se transmutó en el Régimen del 78, que en el fondo no es una democracia auténtica sino una falsa democracia: el franquismo por otros medios…” (Cercas, 2025) Ambas versiones son falsas. “La verdad es que, como muestran todos los índices de calidad democrática del mundo, la Transición alumbró una democracia real, peor que algunas y mejor que muchas, imperfecta como todas; también alumbró los mejores cincuenta años de la España moderna. No es menos verdad, sin embargo, que aquel fue un período muy complejo, saturado de claroscuros éticos, equilibrios políticos, tensiones sociales y violencia de derecha y de izquierda, y que, aunque desde mediados de 1976 hasta finales de 1978 dominó en la clase dirigente el acuerdo político, la responsabilidad histórica y la voluntad de salir entre todos de la dictadura y construir una democracia, a partir de principios de 1979, una vez aprobada la Constitución, la vida política conoció una discordia sin cuartel, una polarización extrema y, por momentos, una irresponsabilidad suicida, todo lo cual terminó abocando dos años más tarde a un golpe de Estado.” (Ibíd)

Ese fue el momento clave, según Cercas. Jurídicamente, la democracia empezó el veintisiete de diciembre de 1978, cuando se promulgó la Constitución después de haber sido aprobada en referéndum tres semanas antes; realmente, empezó a las seis y media de la tarde del veintitrés de febrero de 1981, en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, cuando los tres políticos más determinantes para la instauración de la democracia, que durante la mayor parte de sus vidas no habían creído en ella —Adolfo Suárez, el general Gutiérrez Mellado, Santiago Carrillo—, decidieron jugarse el tipo por la democracia. ¿Murió también entonces el franquismo? No hay que hacerse el interesante: sí, por motivos obvios; no hay que ser ingenuo: no, porque el pasado no pasa nunca: es una dimensión del presente sin la cual el presente está mutilado. Lo mejor que se puede hacer con el pasado, empezando por el pasado más tenebroso, es intentar entenderlo: esa es la única forma conocida de poder dominarlo y de impedir que sea él quien nos domine a nosotros, obligándonos a repetir una y otra vez los mismos errores. En otras palabras: es imposible hacer algo útil con el futuro sin tener el pasado siempre presente.

En esta línea, para conocer las reacciones del pasado no hay que ir a ningún oráculo, sino a las bibliotecas digitales e impresas serias porque el pasado está más o menos bien estudiado. Los estudios expresan que “la sindéresis y civilidad de la mayoría de las fuerzas políticas hicieron posible que, a pesar de su desprecio mutuo, sus dirigentes se sentaran a hablar y a diseñar un nuevo Estado.” (Gómez, 2025) FFB había dispuesto que después de sus días se restaurara la monarquía y JCI “ocupara la jefatura de Estado con el compromiso de mantener los principios del Movimiento Nacional, que era el único mecanismo posible de participación política. Sin embargo, el rey sabía bien que era imposible que su país continuara sumido en el autoritarismo y no se incluyera las fuerzas políticas que emergían con todo vigor después de la muerte de Franco.” (Ibíd)

 Quintatinta, El país de España, madrid, nov 16/25, https://elpais.com/opinion/2025-11-16/franco-medio-siglo-despues.html

Sin dudas, el monarca apostó por la democracia, pero, a cambio, la primera fase de la TE, la que va de la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 a las elecciones generales del 15 de junio de 1977, “estuvo muy condicionada por la necesidad de compatibilizar democracia y monarquía. El rey estaba dispuesto a reformar el franquismo de arriba y abajo, hasta convertirlo en una democracia liberal, siempre y cuando la propia institución monárquica no se sometiera a revisión.” (Sánchez, 2025) El problema estribaba en el hecho de que JCI había jurado en dos ocasiones cumplir con las Leyes Fundamentales del franquismo y guardar lealtad a los principios del Movimiento Nacional: “lo hizo cuando fue nombrado sucesor, el 23 de julio de 1969 y, de nuevo, en el día de su coronación, el 22 de noviembre de 1975. Por eso, el rey necesitaba que el cambio político se hiciera según la legalidad franquista. Cualquier otra opción habría supuesto una quiebra de su juramento.” (Ibíd)

El primer Gobierno de JCI–sigue Ignacio Sánchez–, el de Carlos Arias Navarro y Manuel Fraga, intentó cambios mediante una batería de medidas que no consiguieron abrirse paso con claridad en las instituciones de la dictadura (y eso que dichas medidas eran muy tímidas). Tras muchas vacilaciones, el rey se quitó de en medio a Arias Navarro y lo remplazó por Adolfo Suárez, quien propuso un método más expeditivo para poder celebrar elecciones libres sin romper con la legalidad franquista, esa forma de hacer la T garantizó la impunidad de las élites franquistas e impidió un debate abierto y necesario sobre lo sucedido durante la dictadura. Por último, la continuidad legal facilitó que el Estado–fuerzas de seguridad, jueces, altos funcionarios– no se viera sacudido por el cambio político (el Ejército, en los años ochenta, sí pasó por una transformación importante). El rey favoreció la democracia, pero lo hizo apostando por un cambio político al servicio de la monarquía, en el que los cimientos democráticos no fueron tan sólidos como podrían haberlo sido.

Así, JCI “ha pasado de ser una especie de tótem político a ser una figura cuestionada”. Es lógico que se reactiven las opiniones favorables y desfavorables sobre el rey y su trayectoria: “Hace 50 años murió el dictador de España. Nos dejó un rey muy barato: solo costó un Franco”, dijo con humor el colombiano Oscar Alarcón Núñez. También La publicación en francés de sus memorias ha añadido picante al tema, en ella el rey sostiene que le están robando su historia y él tiene derecho a buscar su Reconciliación –así se llama el libro–con el país que tanto ama y añora; él, en el crepúsculo de su vida y lejos de su familia, hace entonces su confesión.  

“A pesar de que la Justicia no ha querido juzgarlo, acogiéndose al artículo 56 de la Constitución que establece que la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad, se han acreditado diversos delitos monetarios durante su reinado. Sabemos que el rey tenía una fortuna en paraísos fiscales, que recibió unos regalos escandalosos de las monarquías del Golfo, que los servicios secretos tuvieron que cubrir sus aventuras en algunas ocasiones y que se utilizó dinero público para comprar el silencio de alguna de sus amigas (tal como reveló Emilio Alonso Manglano, quien fuera director del Centro Superior de Información de la Defensa).” (Sánchez, 2025) En fin, una historia poco edificante que provocó su abdicación en 2014 y su posterior traslado a Abu Dabi en los Emiratos Árabes Unidos, donde por interés económico-monárquico lo quieren mucho y está cómodamente asilado.

En Colombia, el impacto del conflicto español también se hizo sentir “y creó apasionadas polarizaciones y choques entre liberales defensores de la República y conservadores partidarios del franquismo, que llegaban a agredirse físicamente en teatros y escenarios públicos. El líder conservador Gilberto Alzate, admirador de Mussolini, creó grupos de choque al estilo de las “camisas negras” fascistas, mientras que dirigentes liberales como Eduardo Santos fueron defensores acérrimos de la República. Como presidente (1938-1942), Santos les otorgó asilo a centenares de refugiados republicanos y llegó a financiar de su peculio huelgas de los mineros de Asturias contra el régimen.” (Santos, 2025)

Estos recuerdos de la historia colombiana me los suscita, al igual que Enrique Santos Calderón (2025), el reciente viaje a España que, como digo, coincidió con los 50 años de la muerte de FFB, en un país que hoy es una democracia moderna, vibrante y próspera, que sin embargo no ha logrado reconciliarse del todo con su pasado. Me impresionó la cantidad de artículos y polémicas sobre por qué en España no ha habido el deseo de confrontar abiertamente el pasado, como si hubiera un miedo a revivirlo. Como si el fantasma de Franco siguiera rondando a los españoles. Para algunos, el anciano dictador no es pasado. Es presente y lo seguirá siendo “hasta que los españoles no se reúnan para enterrarlo”, según opinan quienes piensan que el reto es entender, sin odio, nostalgia ni ánimo vengativo, cómo y por qué esos horrores del pasado han sido silenciados por el olvido. Otros, como el escritor Pablo Ordaz, sostienen que los españoles llevan por dentro una herencia franquista: “Se amoldaron a la dictadura y luego se autoindultaron abrazando la democracia”.

Sucedáneo de Hitler y Mussolini, FFB montó en España una dictadura sanguinaria; según Cristina de la Torre (2025), él alargó sus tentáculos con singular eficacia hacia los promotores de la Violencia en Colombia, y sus ideas renacen en oscuros extremismos que ganan espacio en el mundo. El cincuentenario de su muerte es una alerta contra los Erdogan y los Trump y los Ortega y los Bukele que lo emulan hoy. Escoltado por sotanas y fusiles, el ideario del franquismo reposa en élites siniestras que se han adaptado a los tiempos. Pese a la transición a la democracia que acaeció en España, el franquismo no ha muerto. Ni allá ni acá. Fue potente motor de la reacción en nuestra conflagración conservadora-liberal; y su corporativismo –amancebamiento coercitivo y asimétrico de patronos y trabajadores dizque para suprimir la lucha de clases– sobrevive en líderes como Álvaro Uribe Vélez. Al trípode familia, patria y religión añadió este fascismo español el nacional catolicismo, el anticomunismo y el concepto de hispanidad, tan caro a nuestra muy criolla dirigencia azul en los años 30 y 40. Con ellos ganó Franco su guerra contra la república y a Laureano Gómez le alcanzaron para librar la suya contra la reforma liberal de López Pumarejo, a la que catalogó de comunista.

“Pero la reforma de López tenía mucho de New Deal (Nuevo Trato o Nuevo Pacto y se refiere a un conjunto de programas económicos y sociales implementados por el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, en la década de 1930 para combatir los efectos de la Gran Depresión; estas políticas buscaban crear empleo, asistir a los necesitados, reformar el sistema financiero y recuperar la economía) y nada de estalinismo. Se inscribía en la modernización liberal en boga y comprendía reforma agraria, función social de la propiedad so pena de expropiación con indemnización, intervencionismo de Estado para dirigir la industrialización, separación de Iglesia y Estado y educación laica. Contra esta amenaza escribió el líder conservador: Las masas desencantadas de la actividad democrática terminarán por buscar en métodos fascistas la reivindicación de los derechos conculcados. Fueron casi 300.000 los muertos” (De la Torre, 2025), cifra escalofriante que es la mitad de la también escalofriante cifra de muertos de la GCE.

“En 1938, mientras Franco cosechaba en campaña decenas de miles de muertos, le elevó Gómez un panegírico: Se levantó el paladín y volvió a correr sangre impetuosa… reapareció la purificadora llama del heroísmo… el torrente revolucionario estaba detenido. ¡Arriba España, católica e imperial!. Venía de rendir homenaje a Franco y sus falanges, en las cuales inscribimos nuestros nombres con gozo indescriptible. Un lustro después, como presidente, propuso una reforma constitucional corporativista, a instancias de Franco, Mussolini y Oliveira Salazar. El régimen fascista del portugués había cooptado la doctrina social de la Iglesia.” (Ibíd) Y la derecha católica lo permitió al igual que en España y Colombia.

“Salvo Juan XXIII, cuando el Vaticano no se alineaba con los más sórdidos dictadores (Pío XII con Hitler, Juan Pablo II con Pinochet) jugaba a la sociedad inmóvil, sin antagonismos ni conflictos, que es también nostalgia del fascismo. Este coopta corporaciones y sindicatos para convertirlos en órganos del Estado, con bendición divina. En la naciente industria textil de Antioquia, las primeras organizaciones obrero-patronales fueron creadas por la Iglesia. Rige la tutela de la Iglesia como control disciplinario sobre las operarias que desfallecen en el temor de Dios… y del patrón. La religión al servicio del capital.” (De la Torre, 2025) Corporativismo, recurso paralelo de nuestra derecha más rancia, “que predicaba la acción intrépida y el atentado personal hasta hacer invivible la república. Como en efecto lo logró. Décadas después, pero en idéntica invocación, abogará Uribe por una economía cristiana sin odio de clases, por un país fraterno, sin confrontación entre empleadores y trabajadores. Mas el asalto a los derechos laborales y el asesinato de 6.402 engañados con señuelo de trabajo perpetrados en su gobierno son contracara de la impostura… Sí, el franquismo es también una impostura, disfraza de gesto viril o divino la cobardía: caída la máscara, ruge, exhibe garras y colmillos, infla el peludo pecho y mata a mazazos a seres indefensos” (De la Torre, 2025) como los poetas Miguel Hernández Gilabert –MHG– y Federico García Lorca–FGL– y tantos otros.

En aquellos tiempos de guerra y de persecuciones en los que cualquier vecino podía ser un delator y cualquier labriego u orfebre podía ser un espía, MHG intentó vender un reloj que le había regalado años atrás el también poeta Vicente Aleixandre “para pasar por Rosal de la frontera, Huelva, llegar a Portugal y salvarse de los agentes franquistas que lo buscaban, pero el joyero de segunda mano que cerró el negocio por unas cuantas pesetas llamó a uno de sus amigos, que era amigo de los gendarmes del pueblo, y fue detenido. Era el 3 de abril de 1939.” (Araújo, 2025) La GC había concluido, “pero los odios y las venganzas apenas se iniciaban. Hernández era republicano, y también, comisario político militar comunista, y más allá de todo aquello, y sobre todo aquello, era poeta.” (Ibíd) Por ser poeta y haber tomado partido fue perseguido en la guerra y por ende en la dictadura franquista. De acuerdo con Araújo, un similar de MHG, el mexicano Octavio Paz, cuando supo de su muerte en una de las tantas cárceles a las que lo llevaron luego, escribió que lo había conocido en 1937 cantando canciones populares españolas: “Poseía voz de bajo, un poco cerril, un poco de animal inocente: sonaba a campo, a eco grave repetido por los valles, a piedra cayendo en un barranco”, dijo en su ensayo “Recoged esa voz”. Un año antes de aquel encuentro, Hernández había escrito “Temprano levantó la muerte el vuelo, / temprano madrugó la madrugada”, un poema a su amigo del “alma tan temprano”, José Marín Gutiérrez o Ramón Sijé, y quien había fallecido el 24 de diciembre del 35. “Un manotazo duro, un golpe helado, / un hachazo invisible y homicida, / un empujón brutal te ha derribado”, decía en su Elegía.

Cumplido pues el 20 de noviembre pasado 50 años de la muerte del generalísimo FFB, el gobierno político de izquierda del presidente Pedro Sánchez –PS– “se ha pasado el año conmemorando el aniversario con conferencias, exposiciones y actividades culturales bajo el lema “España en libertad”, una celebración de cómo floreció la España democrática tras el régimen opresor de Franco. Esta conmemoración dista mucho de ser universalmente aceptada. Los partidos conservadores y de extrema derecha españoles —el Partido Popular y Vox— se han negado en gran medida a participar… Ha regresado el miedo a que nuestro pasado nos divida. Franco, muerto, aún perdura. Es un fantasma que persigue a los vivos de España. Al olvidar su reinado de terror y blanquear su memoria, corremos el riesgo de trivializar el autoritarismo y debilitar la democracia.” (Cerdá, nov 28/25) Aunque en 1975, tras la muerte de Franco –reitero con Paco Cerdá–, la transición de España a la democracia se inició con el Pacto del Olvido, una decisión tomada por las élites españolas y acordada por gran parte de la sociedad para pasar por alto la guerra civil y los 36 años de dictadura franquista. Se decidió enterrar el pasado.

Teniendo en cuenta antecedentes históricos importantes, PS insiste con la España en Libertad. Según Cerdá, en Italia, la cultura antifascista de posguerra se centró en la condena de Benito Mussolini y la exaltación de la Resistencia. Juntas sirvieron como narrativa fundacional de la democracia italiana tras la II Segunda Guerra Mundial, en la que FF se alineó con la Europa de Hitler –España no entró en esa guerra, pero mandó la División Azul a Rusia en 1941–. En Alemania, el arrepentimiento histórico por los crímenes del Tercer Reich dio lugar a la Vergangenheitsbewältigung, término que significa enfrentarse al pasado o reconciliarse con el pasado. El rechazo del nazismo, de Hitler y de la maquinaria del terror industrial fue fundamental para la creación de la Alemania moderna. Sin duda, casi 80 años después, la claridad del antifascismo de posguerra se ha visto enturbiada por el auge del populismo y el ascenso de Giorgia Meloni en Italia y el ascenso de la ultraderechista Alternativa para Alemania. Pero tras la guerra, en general, hubo pocas excusas públicas para Hitler o el fascismo.

España salió del fascismo 30 años después de la derrota de las potencias del Eje. En aquel momento–continúa Cerdá–, los españoles no rechazaron el fascismo. Simplemente lo borraron. No hubo juicios de Nuremberg ni tribunales de la verdad y la reconciliación. Ese borrado se produjo no solo porque Franco, a diferencia de sus contemporáneos, murió en su propia cama y ovacionado por cientos de miles de españoles en su entierro; también porque España nunca tuvo una cultura antifascista que honrase la memoria del exilio de los republicanos españoles que huyeron durante y después de la guerra. Nunca hubo una reivindicación de la cultura cívica republicana, ni un acogimiento generalizado —y mucho menos una disculpa— a las víctimas de la represión franquista.

En los años transcurridos desde el nacimiento de la actual democracia española, jamás ha existido el deseo real de enfrentarse abiertamente al pasado. “Peor aún, las escuelas no han logrado establecer una memoria colectiva entre los jóvenes. El resultado ha sido un gran vacío. Esa memoria colectiva es más difícil de crear porque cada vez quedan menos personas vivas capaces de vincularnos a un recuerdo directo y compartido de la guerra. En un país de casi 49 millones de personas, el número de personas que aún viven y tenían más de 10 años durante la guerra civil es cada vez menor, y la mayoría de nosotros —unos 28 millones— nacimos después de 1975. Si ni siquiera vivimos bajo la dictadura, cómo la vamos a recordar”, apuntala el español Paco Cerdá.

“Nuestra realidad demográfica, con tanta gente nacida después de la muerte de Franco, es determinante para comprender dos tendencias alarmantes: según encuestas recientes realizadas para el diario El País, el 30,6 por ciento de los españoles menores de 24 años apoya a Vox, el partido de extrema derecha. Aún más inquietante, uno de cada cuatro jóvenes españoles preferiría el autoritarismo a la democracia en algunas circunstancias … Por eso, sin memoria directa y sin enseñanza educativa, Franco y su dictadura se definen para los jóvenes a través de YouTube, X y TikTok. Muchos creadores de contenido en redes sociales cuentan a sus jóvenes audiencias la supuesta generosidad y eficiencia de Franco, su amor por España y los españoles. Insisten en que trajo al país gran fortuna y prosperidad… Hoy, para demasiados jóvenes, Franco es la antítesis a la llamada cultura woke. Un símbolo de rebelión contra lo políticamente correcto. Franco, por kafkiano que parezca, es el nuevo punk. Y cuando el fascismo es disidencia, el mundo está patas arriba.” (Ibíd)

“En 2019 el cuerpo de Franco fue retirado del Valle de los Caídos, el grandioso y espeluznante mausoleo que el dictador construyó para su propia glorificación utilizando presos políticos como mano de obra. Allí yació durante décadas, junto a los restos de 33.000 combatientes muertos en la guerra, lo que la convirtió en la mayor fosa común de España, un país lleno de antepasados enterrados en fosas comunes que nunca recibieron justicia… El cuerpo de Franco fue reinhumado en una cripta familiar ubicada dentro de un cementerio público de Madrid. Su espíritu, que ha envenenado la vida pública española durante casi un siglo, también debe ser enterrado en la memoria democrática. Debemos empezar a explicar—sin odio ni nostalgia ni afán de venganza— cómo fueron posibles todos aquellos horrores silenciados por el olvido.” (Ibíd)

 Franco por Mheo, 23 de noviembre de 2025 https://www.elespectador.com/opinion/caricaturistas/mheo/mheo-388/

Desde hace muchos años, los activistas por los derechos humanos han presionado para que se cree una Comisión de la Verdad en España. “Este año se han producido avances con la creación de un Consejo de la Memoria Democrática para documentar las violaciones de derechos humanos durante la guerra civil y la dictadura mediante la recopilación de testimonios y documentos que conduzcan a la reparación de las víctimas. Es un paso importante… Con todo, aún queda mucho por hacer. Más de 11.000 víctimas de la represión siguen enterradas en fosas comunes y deben ser recuperadas. Debemos catalogar y resignificar los lugares donde acontecieron estos horrores, los muros de ejecución o las antiguas cárceles para presos políticos.” (Cerdá, nov 28/25) Se debe mejorar el acceso a los archivos de aquella larga época de censura y abusos. Y, sobre todo, se debe consensuar un currículo educativo que enseñe a los jóvenes el terror que supuso el franquismo. Es la única manera de desafiar el enorme poder engañoso de las redes sociales y su influencia, sin filtros, sobre la juventud española. Incluso hoy, tantos años después, algunos abuelos evitan hablar del terrible asesinato de sus padres. Recordar ese pasado, como a tantos miles de españoles, le despierta el trauma. (Ibíd)

Todo lo anterior es demostración de que el terrible legado de la dictadura fascista de represión y asesinatos políticos, como el de FGL–gran autor fusilado en plena juventud en los primeros años de la GCE–, y el silencio que muchos se vieron obligado a guardar en los años siguientes, es necesario recordar y revisar. “Definitivamente, mirar de nuevocontemplar– no solo es un acto político en esta época: es revolucionario… Franco no es pasado. Franco es presente.” (Ibíd). ¡Amables lectores multicreyentes y sentipensantes!, permítanme enfatizar una vez más el epígrafe de Javier Cercas: “el pasado no pasa nunca: es una dimensión del presente sin la cual el presente está mutilado. Lo mejor que se puede hacer con el pasado, empezando por el más tenebroso, es entenderlo: esa es la única forma conocida de poder dominarlo… es imposible hacer algo útil con el futuro sin tener el pasado siempre presente.” Hace 50 años pues que murió en Madrid FFB, el dictador que gobernó con mano de hierro a España por la Gracia de Dios, durante casi cuatro décadas. Lo de la Gracia de Dios estaba grabado en las monedas de cinco pesetas. Ferrol, su pueblo natal, había pasado a llamarse Ferrol del Caudillo, como en su momento lo hicieron algunos otros dictadores. “Cambian los nombres de las cosas para eternizarse hasta cuando la historia las vuelve a poner en su lugar. Y la memoria.” (Bayona, 2025)

El asco insuperable que me produce la muerte me impide alegrarme incluso de la de un individuo tan siniestro y sanguinario como Francisco Franco. Estoy casi seguro que no es eso lo celebrado por los españoles. Pero, sin dudas, es preocupante que, a 50 años de la muerte del dictador, una parte de los jóvenes considere que la democracia es peor que la dictadura. En suma, entonces, al evocar la traumática transición de España a la democracia, es claro que con FFB no se vivía mejor, pues, además de derogar el divorcio y penalizar el aborto, su régimen creía que el papel de la mujer era encontrar a quién someterse. Pese al revisionismo histórico y el discurso de la extrema derecha, el desmontaje de la legislación de la dictadura ha llevado a España a la época de mayor libertad y progreso. “Si quieres identificar una dictadura, es muy sencillo: Todo lo que no es obligatorio está prohibido”. En medio del magnetismo que ejerce esta efeméride, la frase del periodista Iñaki Gabilondo ilustra con lucidez casi cuatro décadas de franquismo, pero la desmemoria, el desconocimiento y el olvido son imperdonables.

Para mí pues, en el reciente semestre sabático, fue fascinante escuchar y leer casi todo lo que salió en España en esta fecha y la forma pasional pero civilizada como abordan el tema de su reciente historia, tan llena de desgarradores recuerdos. A pesar de todo, nosotros, con un duro pasado de violencia política –ahí tenemos el doble fuego sangriento de la toma del M19 del Palacio de Justicia y la retoma del Ejército Nacional– y un conflicto armado interno aún no resuelto, haríamos bien en aprender lecciones que en este campo nos deja la experiencia de la supuesta Madre Patria. Recordar las infamias que somos capaces de cometer contra nosotros mismos es un deber absolutamente necesario porque no podemos aceptar que la historia sea un inventario de ocultamientos, medias verdades o versiones interesadas. Por eso, no tenemos más remedio que volver a contarlo todo porque sabemos que nunca se terminan de contar del todo las tragedias. (Vásquez, 2025) No podemos ser amnésicos o encubridores, sabemos que “todas las catástrofes del pasado se manipulan o se tapan para que los hechos dolorosos no tengan responsables, o para que los responsables sean siempre los otros. Porque en esto somos expertos: en condenar la violencia cuando la cometen los otros y en justificarla cuando la cometen los nuestros. Será por esto por lo que siempre es tan difícil entender nuestro pasado.” (Ibíd)

Notícula. A todos los amables lectores multicreyentes y sentipensantes, a quienes aprecio y respeto montones, les deseo una feliz navidad y un próspero año nuevo: qué las energías positivas del universo, los cósmicos susurros sagrados y las ciencias pobladas de amor, educación y virtud nos protejan.

INDISPENSABLES MURMULLOS REFERENCIALES

Araújo Vélez, Fernando (2025, dic 7). Miguel Hernández, “que tenemos que hablar de muchas cosas…” El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/fernando-araujo-velez/miguel-hernandez-que-tenemos-que-hablar-de-muchas-cosas-el-caminante/

Bayona, Juan Carlos (2025, dic 12). Medio siglo después. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/juancarlosbayona/medio-siglo-despues/

Cercas, Javier (2025, nov 16). Nada que celebrar. El país de España, Madrid, https://elpais.com/espana/2025-11-16/nada-que-celebrar.html

Cerdá, Paco (2025, nov 28). España debe enterrar el fantasma de Franco. The New York Times, Washington, https://www.nytimes.com/es/2025/11/28/espanol/opinion/espana-franco.html

___________ (2025, nov 16). Silencio y ‘Cara al sol’: entierran al Caudillo. El país de España, Madrid, https://elpais.com/espana/2025-11-16/silencio-y-cara-al-sol-entierran-al-caudillo.html

De la Torre, Cristina (2025, nov 25). La saga del franquismo en Colombia. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/cristina-de-la-torre/la-saga-del-franquismo-en-colombia/

Gómez, Juan Carlos (2025, nov 24). Adolfo Suarez, el acierto del pragmatismo. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/juan-carlos-gomez/adolfo-suarez-el-acierto-del-pragmatismo/

Real Academia de Historia de España (sin fecha). Biografía de Francisco Franco Bahamonde. Madrid, https://historia-hispanica.rah.es/biografias/17068-francisco-franco-bahamonde

Sánchez-Cuenca, Ignacio (2025, nov 18). Juan Carlos I en la Transición. El país de España, Madrid, https://elpais.com/opinion/2025-11-18/juan-carlos-i-en-la-transicion.html Santos Calderón, Enrique (2025, dic 7). EL FANTASMA DE FRANCO. Los Danieles y Cambio-Colombia, Bogotá, https://cambiocolombia.com/los-danieles/articulo/2025/12/el-fantasma-de-franco/

10 respuestas a «50 AÑOS DE LA MUERTE DE FRANCO Y LA SAGA DEL FRANQUISMO»

  1. No necesariamente se necesita vivir bajo una dictadura para vivir sin libertad; Colombia, país aparentemente democrático, tiene sus zonas urbanas y rurales bajo el yugo del más fuerte; zonas completamente sin libertad.
    Ojalá; algún día, tengamos en nuestro territorio nacional una completa y verdadera libertad.

  2. Vivir una Dictadura es un proceso muy terrible para una comunidad que requiere estar libre todo el tiempo, aunque algunos conglomerados les toca vivirla y aceptarla por el régimen que impera y son conformistas, pero el hombre por el hecho de Nacer ya su naturaleza le otorga el don de tener libertad eterna. Gracias González por este gran Texto.

  3. Gracias profe Dayro, interesante reencuentro histórico de lo sucedido durante el franquismo, en paralelo con situaciones propias de nuestro país.
    Historias que a mi parecer, se seguirán presentando a lo largo de la historia de la humanidad; por efectos de la «naturaleza» del hombre, quien pone sus intereses personales por encima de los generales, por su egocentrismo e intereses de poder, ojalá algún día se piense y se viva diferente, en pro de un futuro mejor para nuestra especie.

  4. Excelente panorama que abre ventanas de investigación. Ahora, el franquismo también se está novelando muy bien. Por ejemplo, «Patria» de Aramburu, y muchas otras obras, poco referenciadas en Colombia, pues no dejamos de eternizarnos leyendo el boom.

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