50 AÑOS DE LA MUERTE DEL VATE NACIONAL
En memoria de los fallecidos por el sismo en el Occidente colombiano. Y en homenaje a Hernán Borja, novelista paisa y educador cairota que enseñó a su gran coterráneo en los predios de José Asunción Silva.

Amables lectores multicreyentes y sentipensantes, el pasado 11 de julio se cumplieron 50 años de la muerte de uno de los mayores poetas nacionales, León de Greiff -LDG-. He aquí una semblanza de sus pilatunas y rebeldías, peripecias y rutinas, sus cumbres y sus derrumbes, como un sencillo pero merecido tributo al poeta memorable.
Francisco de Asís León Bogislao de Greiff Häusler –conocido como León de Greiff– nació en 1895 en Medellín, de la unión de Luis de Greiff Obregón y Amalia Häusler Rincón, una familia antioqueña de ascendencia sueco-alemana. Desde chiquito fue un sujeto fuera de órbita, un exórbite, anarcoide, rojo y pendenciero. No comía de nada, se dice en su tierra natal, donde hizo los estudios básicos en el Liceo Antioqueño y tres años de Ingeniería en la Escuela de Minas de la Universidad de Antioquia, en la que varias enemistades y circunstancias lo llevaron a la decisión de abandonar esta profesión.
Fue uno de los trece panidas, “experto en armar tropeles en plazuelas con nombres de santos…, en una aldea que él, en 1914, calificó como banal, de gente necia y en la que había expertos en menjurjes bursátiles y ricos de panza grande.” (Spitaletta, 2026) Además de ser una revista que publicó 10 números de los cuales los tres primeros tuvieron como director a LDG y los siete números restantes a Félix Mejía Arango, los Panidas fue sobre todo un movimiento literario y artístico vanguardista que De Greiff fundó al inicio de 1915 con el filósofo Fernando González, con el caricaturista Ricardo Rendón y con otros muchachos de la época. Pero el movimiento sólo duró seis meses, pues en ese mismo año se editó el último número de la revista.
Precisamente, es en ella donde León publica la Balada de los búhos extáticos, su primer poema en el que ya se manifiestan el léxico poco usual, la ironía, el humor, y el intenso lirismo, entre arcaico y novísimo que caracterizaría su trayectoria de poeta nato, de un lector ávido y curioso, y la de “un hombre polifacético, que pudo sostener lo que podríamos llamar una doble vida —o tal vez más—: la de empleado público experto en estadística y contaduría, y la de amante de la música, de los idiomas, de la poesía, y sobre todo del lenguaje, que llevó a extremos interesantísimos de experimentación y complejidad.” (Bonnett, 2026)
Medellín era una bella villa de catolicismo y chismes, pero también, de ambientes que trascendían el amor al trabajo y a la plata. Era, según Reinaldo Spitaletta, con todo y sus banalidades, tierra de poetas, escritores, periódicos y revistas, además de algunos pintores, caricaturistas y bambuqueros del barrio Guanteros. LDG, nacido en la esquina de Bolívar con La Paz, expulsado de la mentada Escuela de Minas, protagonizó una barahúnda, o, como él mismo lo señaló, una guasábara, en la que fue hecho prisionero junto con otros cuarenta de los tirapiedras y boxeadores callejeros.
La zambra, en la que él junto con Gabriel Uribe Márquez eran cabezas visibles, “implicó a muchachos como Fernando González, Jesús Mora Vásquez –después reconocido laureanista–, Aquileo Calle y otros contrincantes de buena pegada. Aquella montonera de plazoleta fue otro de los factores que condujo a la creación” (Ibíd) de los mencionados Panidas. Dichos jóvenes eran, según el mismo De Greiff, grandilocuentes, camorristas, cafeístas y fumívoros; pero sobre todo no perdían ni una pizca del cúmulo de hechos que ellos podían convertir en monumento poético o filosófico.
Después de su ingeniería trunca, estudió Derecho en la Universidad Libre de Bogotá. A los 18 años fue secretario privado del general Rafael Uribe Uribe, poco antes de que éste fuera asesinado. De vuelta en Medellín, LDG “trabajó como cajero y contador del Banco Central. Posteriormente administró la prolongación del Ferrocarril de Antioquia por el río Cauca, en la zona de Bolombolo. Allí estuvo cerca de tres años y los trabajos no se concluyeron. Bolombolo surgió de pronto en el mundo poético de De Greiff, como el lugar en el que confluían los diversos personajes que lo habían venido poblando, nacidos de lecturas y de sentimientos, de una necesidad de disgregarse en relatos de otros, siendo sus nombres también bellos sonidos, plenos de reminiscencias de temas literarios.” (Ibíd)
En el día, pues, su oficio era el de las exactas aritméticas que le “exigían racionalidad y cálculo —aunque también dio en cierto momento clases de Historia de la música en la Universidad Nacional—, y en la noche el ser desbordado y bohemio que, desatadas las amarras de la imaginación, creó uno de los universos poéticos más originales de la literatura colombiana.” (Bonnett, 2026) LDG también fue un paleógrafo venturo autodidacta y hasta donde le ayude la miopía y la cerrazón de las vistas y del magín. Esa capacidad dicha de habitar en varios mundos es lo que lo va a llevar a crear los heterónimos, personajes que encarnan sus múltiples facetas. Y sin embargo, el centro de su poesía es su propio yo, como veremos en algunos de los poemas que analizaremos en este breve ensayo: “No un yo que comparte con el lector su intimidad, sino que se representa, un poco a la manera romántica, como un lúgubre poeta noctívago y solitario, de ingenuo corazón y juicio ayuno, como Segismundo, Hamlet y don Quijote, con los que se compara en uno de sus poemas”, como bien lo registra Piedad Bonnett.
Es así como el vate antioqueño publica Tergiversaciones en 1925, su primer poemario que es también el primero de sus famosos mamotretos. Propone una poética que parte de la tergiversación a través de la suma de poemas independientes con un índice nada tradicional en el que compila su producción lírica inicial escrita entre 1912 y 1924, moldeando piezas con sus famosos heterónimos y su estética vanguardista. Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa, célebre poema de 1916 que ironiza sobre la figura y el estereotipo del poeta romántico; y su primera publicación emblemática de 1915, son algunos ejemplos de la obra.
LDG construye este poemario “a partir de la interpretación de su identidad. A veces habla desde una unidad que simula que puede convivir con el mundo en el que habita, desde un yo poeta que se enmascara para poder hablar de sí y de su ejercicio poético. Sin embargo, en algunas ocasiones, se desenmascara y aparece más bien una pluralidad natural, en la que convive el yo poeta con sus otrosyoés. Leo Legris, Matias Aldecoa y Gaspar son las primeras tres figuras de desdoblamiento del poeta, que muestran una identidad dividida en otros que siguen conservando una relación con él mismo. El movimiento entre la unidad y pluralidad nos lleva a entender a León de Greiff como un tergiversador, es decir, como un poeta que parte de un terreno común entre él y su lector, la confesión del estar fingiendo, para poder declarar la imposibilidad de tener una única definición de identidad.” (Uniandes, s.f.)
Después de los 10 números de la revista los Panidas, entre junio y septiembre de 1925, se publicó la revista Los Nuevos, en la cual una nueva generación empezó a hacerse sentir. Nuestro vate participó en ella, junto con Jorge Zalamea, Rafael Maya, Germán Arciniegas, Luis Vidales, Alberto Lleras Camargo y otros. Ellos en Bogotá, como los Panidas en su momento en Medellín, crearon un espacio de confluencia intelectual en el Café Windsor, donde jóvenes escritores debatieron sobre arte, política y crítica social, e introdujeron el uso de la ironía y nuevas sensibilidades estéticas frente al canon literario del siglo XIX. Fomentaron una apertura hacia los problemas modernos y universales, distanciándose del tono provinciano de la época, y marcaron un hito de renovación al agrupar a una generación que desafió el academicismo, el costumbrismo y el romanticismo imperantes en la literatura colombiana tradicional.
El 23 de julio de 1927, LDG “se casó con María Teresa Matilde Bernal Nicholls, una colombiana de ascendencia inglesa a quien conoció a través de su hermana Leticia. Se casaron por la Iglesia católica en la catedral Metropolitana de Medellín, ceremonia oficiada por el fray Bernardo Jaramillo Arango, amigo mutuo de ambas familias. Juntos tuvieron cuatro hijos: Astrid, arquitecta; Boris, un renombrado ajedrecista; Hjalmar, violonchelista, editor e investigador; y Axel, arquitecto que vive en Suecia.” (W, 2026) Bernal Nicolls murió en 1966, año en que su esposo fue jurado del concurso Casa de las Américas en Cuba.
Posteriormente, él publicó estos textos: Cuadernillo poético en 1929 que trata de la exploración musical del lenguaje, la creación de un mundo imaginario y cosmopolita lleno de seudónimos y alter egos, y el rechazo al sentimentalismo común de su época mediante el humor y la ironía. Libro de Signos o Segundo mamotreto en 1930 en el que construye un universo estético autónomo y nómada, poblado de paisajes imaginarios, arcaísmos, música, referencias literarias universales y algunos heterónimos. Variaciones alrededor de nada o Tercer mamotreto en 1936 es un sinfónico libro bohemio que gira en torno al amor en múltiples formas, la música, la soledad, el viaje y la paradoja de una nada existencial llena de vida e interrogantes sobre el infinito.
Prosas de Gaspar o Cuarto mamotreto en 1937 es una obra que funciona como un espacio de viaje mental a reinos míticos, utópicos y brumosos, firmados bajo su heterónomo Gaspar von der Nacht; combina relatos poéticos y viñetas cargadas de un fuerte tono bohemio, erudito, musical e irónico. Semblanzas y comentarios en 1942 es una compilación de investigaciones biográficas de notables personalidades y artículos de interés general. Fárrago o Quinto mamotreto en 1954 donde se halla exacerbada su ironía consigo mismo, con el lenguaje y acerca del alcance de la poesía. Bárbara Charanga o Sexto mamotreto en 1957 trata de la polémica del autor con sus contemporáneos en torno a la poesía y un retorno satírico a sus raíces geográficas y culturales. Bajo el signo de Leo o Séptimo mamotreto en 1957 que profundiza en la madurez de sus obsesiones temáticas a través del juego lingüístico, el escepticismo existencial y la experimentación formal.
En 1958 hay una pausa en sus publicaciones para ejercer el cargo de secretario de la Embajada de Colombia en Suecia y en 1970 fue reconocido en su país con el Premio Nacional de Poesía. Las publicaciones se reanudan con Nova et vetera u Octavo mamotreto en 1973, nuevo y viejo volumen que rescata poemas no publicados llegando hasta 1915, recorriendo todas sus épocas. Y con Libro de relatos en 1975 que recopila y reorganiza los textos líricos conocidos como relatos que el autor tenía dispersos en libros previos y otros mamotretos; la obra funde su universo poético personal con la música, el paisaje antioqueño y sus múltiples heterónimos.
Pero en 1972 LDG había sufrido un accidente, al caerse y fracturarse el cráneo. A partir de este incidente, él empezó a perder progresivamente la memoria y su vida fue diferente a todos sus años anteriores como poeta y funcionario público. En 1974, el M-19 sustrajo la espada de Bolívar del Museo-Quinta y De Greiff, como simpatizante de ese movimiento, la ocultó durante un tiempo breve en su casa del barrio Santa Fe (Latiff, 2016). Finalmente, a sus 80 años, en julio de 1976 su hijo Boris lo encontró muerto en esa casa bogotana, donde llevaba enfermo más de un año por un problema estomacal. Como un homenaje póstumo, en 2016, su hijo Hjalmar, con el apoyo de la familia greiffiana, publica Pantaleón Décimo y once o Noveno mamotreto, que es una recopilación de la obra poética dispersa e inédita del padre; fue organizada y publicada como parte del proyecto de sus Obras completas enriquecidas con León de Greiff. Sonetos 1914-1972, libro conmemorativo que publicó este año la Universidad Nacional de Colombia con base en una recopilación de Hjalmar con revisión de su hermano Alexis, gracias al trabajo de su familia y de la UNAL.
“Que una región, un país, tengan un poeta como De Greiff, es todo un símbolo de identidad, de pertenencia a un territorio —que puede tener ancestros de muchas partes, incluso vikingos— y de distinción en las palabras, las sonoridades, los ritmos. Y, como si fuera poco, en una actitud siempre vanguardista de cuestionamientos y rebeldía.” (Spitaletta, 2026) Desde su nacimiento hasta su muerte, incomodó al poder con sus acciones, palabras e incluso hasta con su pipa.
“Era un ácrata anacoreta, pero, a su vez, una especie de soñador irreverente, un zurcidor de abstrusas cantilenas, que trascendió geografías y fue mucho más allá de cualquier patrioterismo y eludió cualquier facilismo de muchedumbre. Con todo, con tantas músicas, a veces con espectaculares disonancias, sus palabras anidaron en gentes sencillas” (Spitaletta, 2026) como mi veterano vecino bogotano en Villas de Granada, Eliseo Conde de la Fuente, un artesano aventajado que recitaba el bello poema amoroso Ritornelo, mientras sus manos trabajaban: “Esta rosa fue testigo / de ése que si amor no fue / ningún otro amor sería. / Esta rosa fue testigo / de cuando te diste mía! / El día, ya no lo sé / —sí lo sé, mas no lo digo— / esta rosa fue testigo. // De tus labios escuché / la más dulce melodía. / Esta rosa fue testigo: / todo en tu ser sonreía! / todo cuanto yo soñé / de ti, lo tuve conmigo… / Esta rosa fue testigo. /// En tus ojos naufragué / donde la noche cabía! / Esta rosa fue testigo. / En mis brazos te oprimía, / entre tus brazos me hallé, / luego hallé más tibio abrigo… / Esta rosa fue testigo. //// Tu fresca boca besé / donde triscó la alegría! / Esta rosa fue testigo / de tu amorosa agonía / cuando del amor gocé / la vez primera contigo! / Esta rosa fue testigo.”

https://pijaoeditores.com/actualidad/leon-de-greiff-poeta-anarquista-y-hacedor-de-musicas
El artesano mayor me comentó varias veces que le gustaba ese poema porque le hacía recordar un amor secreto e intenso del pasado en el que el eje central es la evocación nostálgica de la primera entrega amorosa, usando como eco constante y estribillo la frase Esta rosa fue testigo.
Pese a las complejas dificultades léxicas que pueden entrañar los poemas de LDG, “sus palabras inventadas, sus movimientos sinfónicos, el poeta ha penetrado en el alma del pueblo, de sectores que parecieran estar marginados del conocimiento de la poesía.” (Spitaletta, 2026) En mi bachillerato en Plato Magdalena, fue común escucharle el Relato de Sergio Stepansky al chofer del bus escolar:
“Juego mi vida, cambio mi vida, / de todos modos la llevo perdida. // Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo, / la dono en usufructo, o la regalo… /// La juego contra uno o contra todos, / la juego contra el cero o contra el infinito, / la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito, / en una encrucijada, en una barricada, en un motín; / la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin, / a todo lo ancho y a todo lo hondo / -en la periferia, en el medio,y en el sub-fondo…- / Juego mi vida, cambio mi vida, / la llevo perdida sin remedio.”
Este relato poético nos presenta el corolario de los tópicos del tedio, el fastidio y el aburrimiento, el proferir palabras sin sentido, el almacenar dolor, etc.; y “la aventura que se corre con la palabra, como la suerte del poeta, aguarda un postor (un lector). La poesía toda de León de Greiff es un hilo discontinuo de dramatismo y placer: el placer de jugar…, el dramatismo de perder…”, como bien dice mi condiscípulo del Instituto Caro y Cuervo, Juan Manuel Cuartas.
En estos tiempos, tal vez poco poéticos, es significativo que existan conductores de buses y artesanos preocupados por leer a un rapsoda singular como León de Greiff. Otro de los personajes populares que conocí amante del poeta antioqueño fue un panadero que recitaba regocijado la Canción de Rosa del Cauca, una “lujuriante hada”, “síntesis de Ninones y de Aspasias”, una Venus de perfectos muslos surgida en su Bolombolo amado. He aquí todo el poema dedicado a Efe Gómez:
“Cerca de donde júntase / la Comiá con el Cauca, / Rosa pícara vivía / —del campamento lujuriante Hada. // Guisos cuán apetitosos / mano albi-roja guisaba / —Rosa maritornes única! / (mejor sus manos rosa-albas, / frentes, mejillas que la fiebre dora, / frentes, mejillas que la fiebre exalta, / acariciaban —gaviotas / sobre la mar que hispe la borrasca—) /// Oh Rosa la de mis besos / y en su boca vibrátil… (tibia aljaba / de la lengua vivaz —venusina / flecha para mi boca sansebastianizada… —) //// Oh Rosa la de los ojos / como la noche cerrada: / y un sutil estrabismo los volvía / pérfidas y malignas azagayas / para mi corazón —al par audaz y tímido—,/ para mi corazón: ¡dardos, virotes y macanas! / Y me herían dulcísimos sus ojos / de terciopelo –negros– y de lascivia —¡en llamas! ///// ¡Oh Rosa de los abrazos / de fulva leona en brama! / Rosa picara felina! ////// Y en sus brazos morenos naufragaba / mi ser —mi ser, a pique, ¡jubiloso! — / ¡Oh mármol móvil en la móvil hamaca! / ¡Oh mármol ágil sobre los yerbales! / Rútilo mármol en las rubias aguas / del río Cauca: –retozante Fauno, / flavo Sileno ansioso de la nuda Oreada / fogoso mármol, Venus / sapiente, en la alcoba, a la noche insomne y ávida! /////// Cerca de donde júntase / la Comiá con el Cauca, / Rosa pícara vivía / –síntesis de Ninones y de Aspasias. //////// Por ella, riñas, enojos, / celos, duelos, algaradas: / Rosa, Helena de esa Troya, / ¡mucho más hembra que la Helena clásica! / ¡Rosa la de los labios gordezuelos / y los perfectos muslos y las róseas cúpulas elásticas! / Rosa…, fugada con los años ido…: / ¿dónde amarás ahora, Venus de Bolombolo, Lais del Cauca?”
Esta composición poética es un himno de gratitud al amor físico y a la mujer pues narra la historia de Rosa, una mujer audaz y vivaz de la región del río Cauca que me recuerda una amante caleña de mi época universitaria, y muestra el amor no como un juego frívolo, sino como un vínculo vital que equilibra la existencia humana frente a la muerte. Con toda razón que suscribo totalmente, decía el panadero de mi barrio, quien era de San Jacinto del Cauca, que esa Rosa era una maravilla de su tierra.
Con la poesía de este paisa trascendente, “Después de tantas y tan pequeñas / cosas busca, busca el espíritu mejores aires”. El Relato de Gaspar puede sonar como una despedida. O como un testamento. O como un resoplido contra una “casta inferior desglandulada”. Para comprobarlo, sigamos con las primeras y últimas estrofas de este poema un tanto largo: “Toda aquésa gentuza verborrágica / -trujamanes de feria, gansos del capitolio, / engibacaires, abderitanos, macuqueros, / casta inferior elocuenciada de impotencia-, / toda aquésa gentuza verborrágica / me causa hastío bascas me suscita, / gelasmo me ocasiona:… / Adiós, Le Gris, adiós. Adiós Ricardo. Adiós, Matías. / y tú, Calypso endrina. Y tú, blonda Isabeau. / bravos amigos. // Y abur! Y abur! Abur! engibacaires, / gansos del capitolio, abderitanos, / caimacanes, gallofos, soplapitos, / trujamanes de feria, macuqueros, / casta castá inferior desglandulada…”
Ahí el hastío del artista hacia la mediocridad social y su decisión de emprender una búsqueda íntima hacia el absurdo y la noche. El texto expresa el rechazo frontal a la hipocresía intelectual y a la «gentuza verborrágica» del entorno, que tanto fustigo el gran vate colombiano. Él siempre anduvo buscando nuevos aires, argentadas sonoridades, modos de romper tantas monotonías, incluidas las del poder. Y, con las palabras, se opuso a la Señora Muerte, esa misma que “se va llevando todo lo bueno que en nosotros topa”. Esa muerte que se reparte por parejo y arrastra con poetas auténticos y con “gramáticos solemnes y letales”. LDG, con sus poemarios o mamotretos, tiene mucho de dónde escogerse, aunque no sé si para todos los gustos. Sea con o sin ellos, he aquí el poema íntegro que el juglar dedicó a sus amigos muertos:
“Señora Muerte que se va llevando / todo lo bueno que en nosotros topa…! / Solos —en un rincón— vamos quedando // los demás… ¡gente mísera de tropa! / Los egoístas fatuos y perversos de alma de trapo y corazón de estopa…; /// manufactores de fugaces versos; / poetas de cuadrícula y balanza, / a toda pena, a todo amor adversos…; //// los que gimen patética romanza; / lacrimosos que exhiben su película; / versistas de salón y contradanza—; / cantores de la tórrida canícula; / del polo frío, del canoso invierno… / ¡liricos de alma exánime y ridícula! ///// Bardos que prostituyen el eterno / jardín, y que florecen madrigales / de un olor soporífico y externo… / Vates ultra-sensibles y banales / que ningún vaho de verdad anima… / Gramáticos solemnes y letales… ////// Malabaristas de estudiada esgrima! / … ¡Oh tristeza perenne de las cosas / que no tienen sabor, —hechas a lima! / … En un rincón quedamos las tediosas / gentes sin emoción, huecas y vanas… / ¡Lléguense las nocturnas mariposas /////// fúnebres, y que lloren las campanas…! / Este fastidio que me está matando… / ¿dónde las almas íntimas, hermanas…? / ¡Señora Muerte se las va llevando!”
Aquí está el poeta disonante “con su presente, con el aquí y el ahora que le ha tocado vivir. Como Darío, de quien se siente cercano, y como José Asunción Silva, León de Greiff tiene un espíritu aristocrático que lo hace desdeñar la mentalidad mercantil y sin vuelo de su entorno, que juzga parroquial y mezquina, y a las intonsas gentes siempre dando opiniones, la grey sumisa arrodillada, frente a la que se afirma como un ser anárquico, pesimista y ensimismado, casi siempre abúlico y a veces añorante de la muerte, que sólo encuentra solaz entre los libros y pergeñando sus versos.” (Bonnett, 2026)
En verdad, a LDG nada le importaba más que sus libros y su mundo intelectual, y por eso era descuidado, despreocupado y nada vanidoso. Cuenta Mario Méndez que alguna vez, a modo de propaganda, una conocida fábrica de vestidos publicaba periódicamente una foto en la cual encerraba la figura de alguien anónimo que aparecía en una situación de calle. Para facilitar una donación al poeta, y aparentemente al azar, apareció León dentro del redondel, hecho que lo hacía merecedor de seis vestidos. Pasaron meses y el personaje no estrenaba. Al preguntársele qué pasaba con sus nuevos atuendos, contestó que los tenía arrugándose.
Hace 50 años pues que murió El vate nacional y con él se perdió una voz vital única en el panorama lírico de nuestro idioma ya que fue uno de los poetas más singulares del Parnaso colombiano y tal vez de toda la literatura española. Leerlo sobre todo en voz alta, es una experiencia literaria y humorística incomparable. Su obra “se apartó de todas las corrientes y de su imaginación surgieron mundos de personajes imaginarios en donde se combinaban arcaísmos al lado de neologismos y donde se alojaba un sentido del humor combinado con algo de sarcasmo que hacen de sus creaciones algo sin paralelo en ninguna cultura.” (Drezner, 2026) LDG muestra cómo en el verso puede haber música y sus alter ego que coexisten en su poesía permiten adentrarse en un mundo diferente, lleno de encanto, de romance y desde luego, de risas.
Según Manuel Drezner, la obra De Greiff no solo usa las imágenes sino también el ritmo y la música y esto caracteriza sus poemas, que son, por tanto, música en palabras y no hay paralelo en la literatura de ninguna cultura de la manera brillante como destacó el valor sonoro del idioma. Esto se explica porque era un profundo conocedor del arte musical. Incluso sus prosas son música oculta que se leen una y otra vez, encontrando siempre algo nuevo en ellas. León no buscaba la facilidad ni el aplauso, sino que invitaba al lector a explorar un laberinto donde cada verso ofrecía nuevas resonancias.
En verdad, este juglar singular fue un gran conocedor de la música pues tenía a su lado a su hermano Otto (1903-1995) quien ocupa un lugar de prestigio en el panorama musical de Colombia en el siglo XX. A él tampoco la poesía no le era ajena, en efecto, en el año 2001 aparece el libro Grafismos del grifo grumete, una recopilación de la obra poética de Otto de Greiff que se debe al cuidado y esmero de su hija Ilse de Greiff. León “era un poeta con un enorme sentido de la música de la lengua. De ahí poemas como Balada del mar no visto, donde combina de forma extraordinaria las cadencias más amplias con las más cortas y contundentes, con una maestría tan admirable como la de su maestro Rubén Darío.” (Bonnett, 2026)
Por todo lo anterior, en muchos de los poemas de LDG “aparece el tópico de la huida de los simbolistas y los modernistas. Una huida imaginaria a mundos lejanos y exóticos, pero, sobre todo, una fuga por los caminos de la imaginación que el alcohol y la locura propician. En fin, que lo que De Greiff rechaza es la tenaza de lo racional, a la que se opone la libertad asociativa de la poesía, capaz de hacer decir al lenguaje lo que la funcionalidad cotidiana le impide decir… Pero no se crea que León es amargo o cínico. El suyo es un espíritu burlón, escéptico, lleno de humor, que ama el juego, la hipérbole y la extravagancia” (Ibíd); según lo pintaron sus contemporáneos, él fue un excéntrico, con todo lo que esa palabra entraña de originalidad, gusto por los márgenes y deseo de romper con la convención. Un escéptico que creía, sin embargo, en el poder de las palabras y en la belleza de la poesía, del arte y la música.
Enfatizo con Piedad Bonnett que la cultura de León de Greiff fue amplísima, y la erudición un enorme filón del que se nutrió su poesía, no para reverenciarla o exhibirla, sino para ponerla al servicio de sus ideas, e incluso para mofarse de ella y desmitificarla. Es culterano como Góngora, pero también conceptual como Quevedo. En sus poemas abundan las onomatopeyas y las aliteraciones —Trinan turpial y mirlos al resol / estridencias vernáculas de añil, /y el zentzontle y el loro y el bulbul”—, pero también los anacronismos y los neologismos, que aceptamos abandonados a nuestra propia intuición del lenguaje —para no matar la magia— o acudiendo a la búsqueda feliz de aquellos significados que nos inquietan. Pero también en sus poemas encontramos, más allá de las destrezas del versificador, la capacidad de síntesis y precisión, y el rigor en el manejo de la métrica y la rima de un género especialmente exigente.
LDG estaba poseído por la poesía. “Escribía con pasión desbordada, como si de eso dependiera su vida, pero también sin un anhelo de gloria o de éxito inmediato. Para él la escritura era una vocación.” (Ibíd) De ahí el caudal inmenso de su obra, dentro de la cual se cuentan los poemas analizados. “Todos muestran su genio, pero el lector encontrará, cada tanto, piezas memorables. De esas que nos dejan alelados —para usar un término del poeta— y nos impelen a compartir el poema, o a memorizarlo, como suele pasar con aquellos textos que, por definitivos” (Ibíd) acompañaron buen trecho de la vida al artesano, al chofer, al panadero o a cualquier otro ser.
El hecho de que artesanos, choferes, panaderos y otras personas populares entendieran y entiendan el arte literario greiffiano y tengan conciencia crítica para cuestionar y tratar de mejorar la sociedad, pulveriza la idea de que ellos están limitados para este arte. Por eso, LDG elevó la literatura y el acceso a la misma. En definitiva, el enorme artista antioqueño produjo tanta belleza arcaica y vocablos llenos de sonoridad, “que uno no podía creer que existiera alguien capaz de decir tantas cosas en lenguaje libre de los corsés de la consonancia y la asonancia; solo defendiéndose con su propio ritmo interior” (Méndez, 2026), que sólo leyendo y analizando su vida y obra las entenderemos cada vez más y mejor en estos tiempos tan difíciles.
En suma, entonces, la obra de LDG retrató nuestras simulaciones, arribismos y complejos, con una maestría poética y un humor singular. Este memorable poeta antioqueño tan vigente nos sigue advirtiendo acerca del peligro de tener una total inopia en los cerebros. En verdad, vivimos aún en una aldea, todavía de sucesos banales, pero en la que hay algún concejal o nuevo presidente “con agresivo bate (nada que ver con ningún vate, ni con Barba, ni con Epifanio, ni con De Greiff); y en la que, en algunos atardeceres, uno recuerda las fábricas de crepúsculos con arrebol, en donde, en alguna nube, se aparece el poeta de la taheña barba.” (Spitaletta, 2026) Todavía tenemos chismes y catolicismo agravados ahora con el estilo de la patria milagro del ultra Abelardo de la Espriella, un presidente que tiene ademanes sólidos de aprendiz de sátrapa; no obstante, en algún lugar de esa Colombia partida por la mitad se nos aparece el poeta de la pipa que nos está recordando aquellas alegrías que ya se murieron… Pero es tan bello ver fugarse los crepúsculos y veraparecer las rebeldías que estaban adormecidas.
Por fortuna, después de cincuenta años de su muerte, LDG continúa sonando. Es una música de extrañas melodías, que tiene de río y hasta de aquel mar no visto, como armonías dodecafónicas. ¡Qué extraño poeta! ¡Qué necesario poeta! Efectivamente, “sus creaciones siguen vigentes porque dejan constancia de que la poesía también puede ser juego, ironía, erudición y libertad creadora. En su obra, la propuesta es el placer de escuchar su música y aceptar el reto de algo que nunca deja de sorprender. Esa es la definición de un gran artista” (Drezner, 2026) que pudo en su instante privilegiado recibir como ningún otro el calificativo de Poeta nacional:
“Ningún autor de versos suscitó tantas adhesiones —y reacciones— como él, ninguna obra fue al final más admirada, ninguna imagen personal más querida y, no obstante, puede afirmase que, como la suya, ninguna poesía en cuanto obra de conjunto fue y ha sido menos leída”, afirma Jaime García Maffla. Ojalá pues que a los 50 años de la muerte física de El vate nacional lo leamos mucho más, sería el mejor homenaje que le podríamos brindar: su lectura nos deleita, fomenta el espíritu crítico y nos hace ciudadanos insatisfechos con el control estatal, lo que lo convierte en el mejor antídoto contra la sumisión colectiva.
INDISPENSABLES MURMULLOS REFERENCIALES
BONNETT, Piedad (2026, jul 11). 50 años de la muerte de León de Greiff: un excéntrico poseído por los sonetos. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/50-anos-de-la-muerte-de-leon-de-greiff-un-excentrico-poseido-por-los-sonetos/
DREZNER, Manuel (2026, jul 16).50 años sin León de Greiff. El Espectador,Bogotá,https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/manuel-drezner/50-anos-sin-leon-de-greiff/
LATIFF, Laura (2016, jun 19). «El tesoro de León de Greiff escondido en un prostíbulo en Bogotá». Las Dos Orillas, Bogotá, https://www.las2orillas.co/el-tesoro-escondido-de-leon-de-greiff-en-un-prostibulo-de-bogota/
MÉNDEZ, Mario (2026, ago 4). Encuentro satelital con León de Greiff. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/mario-mendez/encuentro-satelital-con-leon-de-greiff/
SPITALETTA, Reinaldo (2026, jul 14). Las fábricas de crepúsculos de León de Greiff. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/reinaldo-spitaletta/las-fabricas-de-crepusculos-de-leon-de-greiff/
wikipedia.org (2026, jul 28). León de Greiff. Fundación Wikipedia, San Francisco, California, USA, https://es.wikipedia.org/wiki/Le%C3%B3n_de_Greiff
