COLOMBIA PARTIDA POR LA MITAD

“Colombia no necesita vencedores que humillen ni derrotados que desconozcan” porque nos pueden conducir a una posible guerra civil con su tanda de “sangre, sudor y lágrimas”.

Amables lectores multicreyentes y sentipensantes, después de las diferentes reacciones al resultado de las elecciones presidenciales en Colombia, después de la finalización del Mundial de Fútbol explotado e irrespetado al máximo por el presidente procesado estadounidense y el codicioso director de la FIFA y después de que el diario El Espectador me publicara el Antieditorial Entre democracia y polarización, decidí ampliarlo en Colombia: el país escindido, un problema agravado aún más tras la eliminación de nuestro sueño mundialista por parte de los suecos, quienes nos regresaron a la apabullante realidad odiosa el pasado martes 7 de junio.

Este breve ensayo lo escribo atónito en medio de una tensa calma después de la más alta expectativa ante la cual tomar posición ecuánime se vuelve casi que una hazaña. Pero los resultados de las elecciones presidenciales del pasado domingo 21 de junio dejan dos asuntos esenciales que cualquier colombiano demócrata siente antes de cualquier análisis político. El primero e importante es que ganó la democracia, pues la votación masiva alcanzó los 26.345.588 de sufragantes lo que equivale a un porcentaje del 63,5 %, el más alta del país desde la Constitución del 91.

Nuestra democracia es, en ciertos aspectos, sólida, pero tiene también defectos profundos y enfrenta riesgos no menores. La abstención sigue siendo muy alta –1,63% equivalente a 426.848 votos en blanco–, a pesar de la alta participación. Violando la prohibición constitucional, la intervención en política del presidente Gustavo Petro Urrego (GPU) a favor de Iván Cepeda Castro –ICC– fue evidente, así como lo fue la de algunos alcaldes de la oposición (como el de Medellín y Barranquilla) que favorecieron a Abelardo de la Espriella –ADLE–.

También hubo “denuncias creíbles de la persistencia de compras de votos o de constreñimiento al elector, aunque la tesis de periodistas irresponsables, como Luis Carlos Vélez, de que un supuesto voto fusil es el que explica el apoyo a Cepeda carece de cualquier sustento empírico, como lo mostró con rigor estadístico el profesor de los Andes Michael Weintraub y le respondió acertadamente a Vélez Tomás Uribe Moreno, a quien nadie puede acusar de simpatizante de Cepeda. El Consejo Nacional Electoral, como era de esperarse por su dependencia de los partidos, no fue un árbitro creíble de las controversias electorales: por ejemplo, su decisión de impedir a Cepeda participar en la consulta de marzo fue sesgada.” (Uprimny, 2026) Todo esto muestra que nuestras elecciones distan de ser perfectas, por lo cual es urgente una reforma electoral que, entre otras cosas, despolitice el CNE.

Además, los resultados que le dieron la victoria a Abelardo de la Espriella con 12,9 millones de votos frente a un Iván Cepeda con 12,7 millones, con una diferencia de 250.830 sufragios, no son más que el reflejo de la polarización que existe entre los colombianos este es el segundo asunto esencial pero muy grave– y que se observa no sólo cuando hay comicios sino en el diario vivir, desde la elección de Ernesto Samper en 1994, cuando la diferencia de votos con Andrés Pastrana fue de casi 157.000. “Se mostró con claridad en el 2016 con el plebiscito por el acuerdo de paz que evidenció esta división. En ese momento triunfó el No, representado por el gobierno de Álvaro Uribe, los conservadores y el empresariado, que representaban los intereses económicos del gran capital, y se instaló esta polarización en las elecciones presidenciales de 2022” (Solano, 2026) y ahora en 2026. Así es como en su historia reciente la discusión política en Colombia se ha vuelto áspera y peligrosa, siendo difícil encontrar un día que no haya sido marcado por la extrema polarización agresora que nos ha convertido en uno de los seis países más polarizados del mundo.

El 1% de diferencia entre ADLE e ICC ratifica que el electorado se halla dividido por la mitad entre una propuesta de populismo de ultraderecha contra una propuesta progresista de izquierda, lo que representa también una tajante división geográfica y socioeconómica –incluso al interior de las grandes ciudades– porque las regiones de la periferia, las más pobres y las más golpeadas por la violencia, se decantaron por Cepeda, el candidato de la izquierda democrática de Petro, mientras el centro del país lo hizo por el ultra de Abelardo, bendecido por Trump. “En general, las regiones postergadas y empobrecidas votan por el progresismo, la región central vota por la derecha y los sectores sociales como indígenas, campesinos y afrocolombianos votaron por la izquierda, porque les permite afianzar los derechos fundamentales y en el reclamo por una vida digna. Expertos señalan que en las ciudades como Cali, Bogotá, Medellín y Barranquilla en general los que tienen menores ingresos votaron a la izquierda y los de ingresos altos y medios se inclinan por un proyecto conservador.”(Solano, 2026)

Según la escritora Laura Restrepo, estas elecciones demuestran que no hay una mayoría única: la izquierda se consolida como fuerza política de casi trece millones de colombianas y colombianos activos y contados, con mayoría progresista en el Parlamento, comprometidos con la paz, con los logros de cuarenta años de proceso democrático, y con los avances sociales y ambientales del gobierno Petro, al cual le debemos, ante todo, la toma de conciencia por parte del pueblo colombiano de unos derechos inalienables.

Sea como fuere, por esa mínima diferencia, “una cantidad abrumadora de gente empieza a albergar y a atizar la ficción, la ilusión –en el verdadero sentido de la palabra– de que su candidato, que perdió las elecciones, fue el que las ganó.” (Constaín, 2026) Así, entre esas pugnas irreconciliables, con la elección del polémico abogado machista descubrí que en un sistema democrático con inconvenientes y con poca educación política de muchos electores gana el peor candidato.

La tensión entre los extremos es evidente, si ADLE decide llevar adelante sus propuestas demagógicas, “encontrarán resistencia en la otra mitad, y en medio de la confrontación ningún país puede avanzar hacia el bienestar y la equidad y la paz social, que es lo que al fin y al cabo la gente busca” (Ramírez, 2026), propósito de ICC. Esto nos hace pensar que caminaremos sobre el filo de la navaja, reaparecerá la costumbre de macartizar a quienes dicen que la tierra es para quien la trabaja y se enfatizará: ¡ojo, son comunistas! Entonces, no faltarán los destripadores de personas como el filósofo y senador Cepeda, quien enarbola las banderas de la justicia, la equidad y la vida digna para todos.

ADLE gana con un programa que entre sus principales aspectos informa que va a convertir la elección en una decisión histórica de defensa nacional; va a levantar una mayoría moral y política para detener la captura del Estado y reconstruir la República; va a ejecutar una limpieza inmediata en las cabezas y órganos directivos de las instituciones públicas para erradicar cualquier filtro de narcotráfico, corrupción y mala gerencia; y supuestamente va centrar su mirada en los que dizque NUNCA han sido vistos por el Estado y darles prioridad: Juntos construiremos una Patria Milagro nunca antes vista, es el lema con que presentó su programa ganador, cuando el verdadero milagro es que aún haya patria.

A propósito de los NUNCA, hasta ahora, el ultra A. de la Espriella ha designado a 12 de sus 18 ministros, con protagonismo de apellidos políticos conocidos, pero sumando a cristianos, militares y trumpistas; es decir que los de SIEMPRE copan su primer gabinete que es más provocador y menos provocativo de un nuevo rumbo que necesitará algo más que un milagro. Él ha anunciado también que tiene listos 90 decretos que expedirá el 7 de agosto próximo por puro milagro. Eso es lo que nos han acostumbrado a pedir todos los días los amos del establecimiento conjunto de élites y grupos de poder que dominan las instituciones del Estado, la economía y los medios de comunicación–, quienes son pregoneros de milagrerías y loteadores de paraísos y nirvanas, tal lo dice El sueño de las escalinatas de Jorge Zalamea.

Enfatizamos que su candidatura y programa contó con el descarado apoyo radical del vociferante presidente Trump, quien no es la vieja derecha tradicional conservadora, sino la extrema derecha que hace recortes masivos del gasto público, que suprimen programas sociales y hace alineamiento militar y de seguridad con el Escudo de las Américas, la alianza encabezada por USA. Justamente, De la Espriella abraza la doctrina Donroe de Trump que se expande por América Latina con la cual se pretende restaurar la preminencia estadounidense en el hemisferio occidental que el magnate multimillonario resume en hacer lo que queremos en el hemisferio, porque pertenece a EE UU; con ella se revive las llamadas esferas de influencia y alinea a los países de su área de interés y evita la presencia activa de otra, u otras, potencias, que le disputen su prevalencia. O sea que, con Trump, la doctrina Donroe es una nueva versión de la nefasta doctrina Monroe, que tantas invasiones produjo en América Latina entre 1823 y 1989. 

Cartones de Garzón: Equipo de trabajo. 05 de julio de 2026, https://www.elespectador.com/opinion/caricaturistas/garzon/cartones-de-garzon-242/

Intencionalmente, los triunfadores pírricos insisten que la polarización es un asunto exclusivo del presidente GPU y de su partido, el Pacto Histórico; ellos desconocen que su férrea oposición ha sido tan virulenta como despiadada y polarizante. Asimismo, la oposición actual da a entender que la Casa de Nariño estuvo en campaña buscando darle la vuelta a un resultado adverso a sus intereses; sin embargo, el presidente buscaba que el preconteo y el escrutinio fueran totalmente pulcros y ajustados a las normas electorales vigentes.

Lamento que el presidente electo haya ofrecido un discurso de victoria con un tono un poco parecido al utilizado durante su campaña, ya que él pidió a sus seguidores defender los votos de las urnas y encarar a quienes “pretenden desconocer la voluntad mayoritaria del pueblo”. Además, exigió agresivamente a Petro e Iván que “respeten la voluntad del pueblo” y se abstengan “de desatar un incendio… Acá no va a haber una tercera vuelta en las calles. Acaten el resultado, hagan sus maletas y prepárense para ejercer la oposición”. Obvio que tendrá una indispensable oposición constructiva no sólo petrista y cepedista, sino también de las organizaciones sociales y de la sociedad civil en su conjunto pues nuestra cultura de paz llegó para quedarse. Si lo que pretende es fomentar la confrontación sistemática para arrasar con las conquistas sociales, la sociedad en su conjunto le impedirá volver al pasado.

Precisamente, el actual senador y excandidato presidencial, después de reconocer su derrota e iniciando la oposición, convocó a la desobediencia, sin ser nada nuevo porque él ha hablado reiteradamente de una resistencia pacífica; pero la otra mitad de colombianos está escandalizada con el llamado a la desobediencia, equiparándolo casi con un llamado a la lucha armada, desconociendo que la desobediencia civil es una estrategia de larga data en los movimientos de derechos humanos. “Su gestor fue nada menos que Mahatma Gandhi, quien logró de esa forma la independencia de la India del imperio británico. Fue un movimiento pacifista seguido luego por Mandela y por Martin Luther King.” (Londoño, 2026) 

La DC consiste en una acción consciente y pública de incumplimiento de la ley en protesta por la injusticia. “Henry David Thoreau dijo al respecto que las personas tienen el deber moral de oponerse a leyes injustas y John Rawls hizo énfasis en su carácter público, por un lado, para que la protesta tuviera un impacto social, y llamó a que los manifestantes aceptaran las consecuencias que de la infracción para que el gesto fuera más poderoso. Para Habermas, la desobediencia civil es un síntoma de una democracia madura, en la que la ciudadanía es capaz de adoptar una postura crítica frente a las leyes y el gobierno, y el manejo (laxo o restrictivo) por parte del Estado es un termómetro de la cultura política.” (Ruiz-N., 2026) Pero en realidad la idea de la DCP está en la fundamentación de la protesta social como la entendemos hoy.

Además, la DC está en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en cuyo preámbulo dice que es esencial que los derechos humanos “sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”, ya que “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”. Es decir, sigue Catalina Ruiz-Navarro, que la rebelión siempre debe poder ser una opción frente a la tiranía y que el compromiso con los derechos humanos, con la humanidad, está por encima de las leyes y los gobiernos.

“Uno puede estar o no de acuerdo con las razones de Cepeda para llamar a la desobediencia (sin duda es muy preocupante tener un presidente que ha jurado fidelidad y renunciado a cualquier lealtad a otra nación que no sea Estados Unidos), pero no puede ni decir que la desobediencia civil es ilegitima o acusarlo de violencia cuando está llamando a una resistencia pacífica.” (Ibíd) La DCP ha sido y seguirá siendo una medida necesaria y legítima para defender los derechos humanos, y el manejo de la protesta en el próximo gobierno será la medida de sus garantías democráticas.

En esta línea, se sabe que el presidente electo ha dicho en varias ocasiones que no está de acuerdo con el matrimonio igualitario ni con la adopción por parte de parejas del mismo sexo; tampoco está de acuerdo con la rebelde izquierda progresista ni con los tatuajes, los piercings, los tintes de colores, la música alternativa ni ciertas formas de vestir que se asociaban a personas, sobre todo jóvenes, que rechazaban lo tradicional y buscaban romper con las normas más ultraconservadoras.  Su proyecto antiderechos llevó al colectivo LGBTIQ+ del país a invitar a votar por el candidato que defendiera los Derechos Humanos, y a declarar que un gobierno de ADLE “sería de retroceso y de amenaza a los derechos de las personas LGBTIQ+”. Por lo menos en el campo educativo, se avizora que así será con el anuncio del homofóbico presidente electo que su ministra de educación va ser Vivian Morales, una mujer antiderechos y contraria la perspectiva e identidad de género.

 Por eso, la mayoría de dirigentes y seguidores abelardistas en la reciente conmemoración del Orgullo de la libertad sexual reaccionaron con una retórica anacrónica y troglodita en su contra; ellos se sienten con renovados esfuerzos para destruirla e incluso su líder hace desafiantes amenazas al presidente de que podría ser extraditado para ser juzgado en los EE UU. Por desgracia hay derechos que nunca pueden darse por seguros y esto exige defenderlos, en el Congreso y también por parte de la sociedad civil, como lo demostró la pasada conmemoración del Orgullo en la capital de la República colombiana. Así, “las amenazas del gobierno entrante, con tintes abiertamente neofascistas, son reales. La persecución de la izquierda y de la prensa y los retrocesos monumentales en derechos humanos y ambientales dejaron de ser peligros hipotéticos. En las circunstancias actuales recae sobre la izquierda, como principal fuerza opositora, la tarea de impedirlo.” (Vargas, 2026)

Obvio que después de tantos venires e ires de los últimos días, los colombianos vamos a seguir protestando por una vida mejor. No porque ICC nos convoque, “ni porque una supuesta guerrilla –que no existe hace una década– nos orqueste. Un gobierno inteligente que de veras quisiera hacer un milagro” (Ronderos, 2026), aprendería las lecciones de los estallidos sociales de 2019 y 2021 y, en lugar de sacar feroces robocops a reprimir, “desplegaría ejércitos de funcionarios a mejorar caminos y reparar servicios, a proteger a la gente y a debilitar a las mafias territoriales… Solo que a juzgar por la calidad de los discursos del gobierno que entra y de la oposición que se viene, será lo mismo que antes –como decía Jaime Garzon– y obtendremos idéntico y triste resultado: ciudadanos que no encuentran un sistema que les ayude a vivir mejor, condenados a protestar y a aguantar palo por otros cuatro años.” (Ibíd)

Queda palmario que el establecimiento no necesita detentar el mando gubernamental para erosionar las reglas y deteriorar nuestra democracia, sino que le basta construir un candidato ultra con un lobby mediático poderoso para mentir, convencer y vencer volviendo incluso los delitos en hazañas que alimenten la hagiografía de sus líderes para los votantes. Es palmario también que el polémico abogado penalista va a ser un presidente obsequioso y servil a la voluntad de USA lo cual puede resucitar el viejo nacionalismo antimperialista colombiano, que no ha desaparecido, sino que se halla agazapado, y despertará si se comienza a azuzarlo. Ojalá que ADLE renuncie a su ciudadanía estadounidense: muchos seguimos considerando con Uprimny que, por las graves implicaciones del juramento de nacionalización en ese país, la doble nacionalidad estadounidense es materialmente incompatible con la función presidencial en Colombia.

Tan demócratas por Zuleta, 09 de julio de 2026, https://www.elespectador.com/opinion/caricaturistas/zuleta-zuleta/tan-democratas/

En medio de tanta polarización, es claro que el país necesita dejar a un lado tanta agresividad y requiere un diálogo sincero y transparente para llegar a un verdadero acuerdo nacional, metas que son muy difíciles de alcanzar, pero no imposibles: “Colombia no necesita vencedores que humillen ni derrotados que desconozcan. Esto exigirá del vencedor aparcar la retórica divisiva al estilo de Trump… Si no, la fractura será temible. Cuando un país aparece partido casi por mitades, gobernar significa construir puentes. Esa será la verdadera prueba del próximo presidente”, concluyó con acierto un editorial de El País de España que analizó nuestra contienda electoral.

Ojalá que los partidos de las dos mitades no fíen “más su victoria a la confrontación con el otro que a una estrategia de entendimiento” porque la consigna no puede ser bloque contra bloque ya que la animadversión más intensa dirimirá la contienda. La reconciliación de Colombia sólo será posible cuando las dos mitades tengan la valentía de decir la verdad, y no olvidemos que acercarnos a la verdad es esencial para entendernos. Hay que recordar que son posibles cambios radicales de mentalidades “cuando las voluntades se unen, aunque sólo sea para prevenir o evitar daños mayores”. Por eso, el conjunto de la sociedad “debe hacer un llamado a las élites políticas que van a gobernar para facilitar diálogos que eviten que avancen posturas extremas que deriven en sometimiento y radicalización” (Solano, 2026) que nos conduzcan al matadero de una posible guerra civil con su tanda de “sangre, sudor y lágrimas”.

En definitiva, entonces, urge un diálogo sincero y transparente para llegar a un verdadero acuerdo nacional que disminuya o acabe el país dividido; la vía diplomática y la conversación para intentar solucionar los conflictos entre las dos mitades no debe ser algo residual: es tiempo de bajar el tono y reconocer que los colombianos no necesitan más enfrentamientos exterminadores entre sus dos bandos. Más ahora que Suiza y el azar pusieron fin al sueño nacional y volvimos a nuestras disputas, miedos e incertidumbres. Durante esos “días fuimos otra cosa, fuimos un país que olvidó el odio, el sectarismo y pensó que era posible tener un propósito nacional. La pesadilla continúa. La Selección nos hizo creer que caminábamos hacia el cielo, cuando en realidad la política nos empuja hacia el infierno.” (Pérez, 2026) Ojalá que así no sea.

INDISPENSABLES MURMULLOS REFERENCIALES

CONSTAÍN, Juan Esteban (2026, JUN 10). Por fin otra vez. El Tiempo, Bogotá, https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/por-fin-otra-vez-3563439

LONDOÑO PAREDES, Julio (2026, jul 10). Ante los hechos: ¡echar para adelante! Semana, Bogotá, https://www.semana.com/opinion/articulo/ante-los-hechos-echar-para-adelante/202600/

PÉREZ FLÓREZ, Guillermo (2026, jul 12). De regreso al infierno, tras la eliminación del Mundial. El País de España, Madridhttps://elpais.com/america-colombia/2026-07-12/de-regreso-al-infierno-tras-la-eliminacion-del-mundial.html

RAMIREZ, Sergio (2026, jun 29). América Latina partida por la mitad. El País de España, Madrid, https://elpais.com/opinion/2026-06-29/america-latina-partida-por-la-mitad.html

RONDEROS, María Teresa (2026, jul 6). Un gobierno inteligente ante la protesta social. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/maria-teresa-ronderos/un-gobierno-inteligente-ante-la-protesta-social/

RUIZ-NAVARRO, Catalina (2026, jun 25) La patria de milagro: refundación narrativa de la nación. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/catalina-ruiz-navarro/la-patria-de-milagro-refundacion-narrativa-de-la-nacion/

SOLANO, Lilia (2026, jul 6). Gobernar para todos los colombianos, una oportunidad en un país dividido. El País de España, Madrid, https://elpais.com/america-colombia/2026-07-06/gobernar-para-todos-los-colombianos-una-oportunidad-en-un-pais-dividido.html

UPRIMNY, Rodrigo (2026, jun 28). Nuestra democracia: robusta, defectuosa y en riesgo. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/rodrigo-uprimny/nuestra-democracia-robusta-defectuosa-y-en-riesgo/

VARGAS ACEBEDO, Santiago (2026, jul 11). Presidente Petro, llegó la hora de hacerse a un costado. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/santiago-vargas-acebedo/presidente-petro-llego-la-hora-de-hacerse-a-un-costado/

2 respuestas a «COLOMBIA PARTIDA POR LA MITAD»

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