MANUAL Y GUAYABA A FLOR DE PIEL

Amables lectores multicreyentes y sentipensantes, el pasado mes de julio murió Plinio Apuleyo Mendoza García (PAMG) en Bogotá a los 94 años, un talentoso y polémico escritor, uno de los mejores prosistas de nuestro tiempo y una figura destacada del periodismo y la literatura latinoamericana. Sobre él hablaré ahora enfatizando su relación con el inmortal Gabriel García Márquez (GGM).
PAMG nació en Tunja el 1 de enero de 1932 en el seno de una culta familia acomodada en la que creció con olor a tinta por su padre, Plinio Mendoza Neira, con el apoyo incondicional de su madre, la matrona Soledad García. Su padre también hizo política en Boyacá, inclinado hacia el centro-izquierda, en los años en que ser liberal equivalía a enfrentarse a las huestes conservadores de la región. Mendoza Neira fue representante a la cámara y senador que puso en marcha la estructuración orgánica de su partido al inicio de la llamada República Liberal (1930-1946). Además, fue ministro de Guerra y contralor general de la República. Su pasión por el periodismo y la pasión de su esposa por el servicio comunitario inclinaron a sus hijos Elvira, Soledad, Consuelo y Plinio a ser buenas personas y profesionales éticos.
El nombre de PA rinde “tributo a dos escritores célebres durante los años del Imperio Romano: Plinio el Joven y Apuleyo”. Por eso decían sus allegados que con ese nombre tenía que dedicarse a escribir. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de la Sorbona en París, carrera “que resultó determinante tanto en su formación intelectual como en sus vínculos personales. En la capital francesa ejerció como Primer secretario de la Embajada de Colombia y comenzó a publicar artículos en medios internacionales…” (Ospina, 2026)
Regresó a Colombia, en 1959, a ser el primer director de Semana en la época dorada de Felipe López Caballero, cuando esa revista revivió. Ahí, según testimonio de López, Plinio, como un profesor muy estricto, casi siempre rajaba a los nuevos periodistas que llegaban; además, era furioso y gruñón. Se descontrolaba con cualquier pequeño error y palmoteaba o rompía un lápiz, antes de hacer una bola de papel con el artículo rechazado y botarlo energúmeno a la basura. Pero para ellos fue un excelente profesor de periodismo. Sin dudas, fue un maestro del oficio que tenía obsesión por la brevedad, “la importancia de sintetizar una gran idea en un título de dos líneas, el respeto por las normas del lenguaje y el irrespeto por los dogmas periodísticos gringos. Y, sobre todo, su devoción por la originalidad como valor supremo.” (Santos, 2026)
Después, de acuerdo con Daniel Ospina, fue nombrado director de Prensa Latina en Colombia, la agencia de noticias cubana, cargo que ocupó hasta 1961 en un período en que la fresca Revolución cubana generaba entusiasmo entre amplios sectores de la intelectualidad latinoamericana. PAMG no fue ajeno a ese fervor: durante años compartió con GGM y otros escritores de su generación una posición política de izquierda y un apoyo abierto al proceso liderado por Fidel Castro.
Paralelo al diseño de su brillante obra periodista, Plinio también fue diseñando su propia obra narrativa escrita con pincel, pues, “sus crónicas y perfiles son pequeñas obras maestras. La llama y el hielo, Ráfagas de tiempo y Los retos del poder son, al tiempo, documentos históricos y lecciones de prosa.” (Londoño, 2026) Además, su colección de cuentos, El desertor (1974), fue reeditada en varias oportunidades. En 1979 ganó el Premio de Novela Plaza y Janés con Años De Fuga, obra exitosa que consolidó su nombre en el campo de la ficción: “qué descripciones tan bellas como de los inviernos y veranos de París; qué buen relato del bogotazo cuando mataron a Gaitán, quien iba acompañado de su padre el 9 de abril” (Alarcón, 2026) de 1948, cuando el país comenzó a partirse en dos.
PAM estaba con sus hermanas tomando las onces en el restaurante Monte Blanco, en el centro de Bogotá, “cuando escuchó los disparos que mataron al caudillo liberal. Desde la ventana vio a Gaitán tendido y a los transeúntes empapando pañuelos con su sangre. Tenía 16 años y ya llevaba dentro, sin saberlo, el material de una vida entera de crónicas.” (Cano, 2026) En verdad, este episodio terrible marcó la memoria familiar, que el autor tunjano evocaría décadas después no sólo en crónicas sino en sus memorias. Plinio fue reconocido durante su vida como un buen escritor y diplomático, pero su verdadera esencia siempre fue el periodismo. “Él siempre hablaba de sus días de gloria trabajando hombro a hombro con García Márquez en Prensa Latina, la agencia que había fundado Fidel Castro para defender la Revolución cubana. Además, había sido un periodista de izquierda importante en Colombia, en Venezuela e inclusive en Francia.” (López en entrevista con Rueda, 2026)
En efecto, PAM fue uno de los mejores amigos de GGM. Se conocieron entre 1947 y 1948 en un tradicional café bogotano de la época, punto de reunión habitual para jóvenes bohemios e intelectuales: Gabo tenía unos 20 años y había llegado recientemente desde el Caribe colombiano a estudiar derecho, mientras que Plinio era un joven de 16. Su íntima y legendaria amistad se consolidó años después, en 1955, en el Barrio Latino de París – Gabo vivió ahí feliz e indocumentado-, donde compartieron penurias económicas, proyectos periodísticos y un profundo intercambio literario. GGM llegó como corresponsal de El Espectador; PAM escribía notas para El Tiempo mientras terminaba sus estudios. Vivían en hoteles frente a frente, hablaban de literatura a diario y se leían sus manuscritos.
“El Gabo de entonces era para mí un típico costeño, ruidoso, borracho, mal estudiante, vestido con un descuidado traje tropical que le hacía vulgares propuestas a la camarera, mientras yo era lo contrario: un cachaco nacido en el frío altiplano, tímido, cortés y respetuoso”, recordó PAM en una entrevista publicada por La Gaceta de Argentina, según Daniel Ospina. Luego, GGM lo nombraría padrino de su hijo mayor, Rodrigo, y desde entonces lo llamó compadre. “Mi amistad con Gabo duró hasta su muerte. Éramos como hermanos”, afirmó Plinio.
De la estrecha amistad entre ellos surgió El olor de la guayaba (1982), libro célebre escrito a cuatro manos en el que el Nobel reveló, entre otras cosas, cómo se le ocurrió la idea de Cien años de soledad -CAS- durante un viaje a Acapulco. “La obra, considerada la entrevista más profunda y precisa que concedió el Nobel, recorre su infancia, su proceso creativo, sus amores y sus convicciones políticas” (Ospina, 2026), la vida pública y otros temas. Este libro traducido a 17 idiomas se convirtió en una clave para entender la gran obra de García Márquez.
En los inicios de la revolución cubana fueron periodistas de la agencia Prensa Latina en Nueva York, pero el régimen de la isla comenzó a distanciarlos. Plinio recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en el año 1983, compartido con sus hermanas -Elvira, Consuelo y Soledad-. El galardón les fue otorgado como reconocimiento a la vida y obra de la familia en el ejercicio periodístico, honrando una destacada trayectoria en los medios de comunicación y la profunda tradición de periodismo que caracterizó a su familia.
Después, en 1984, “cuando Mendoza publicó su libro La llama y el hielo, Gabó consideró que su amigo y compadre había revelado algunos hechos y detalles que debían permanecer secretos entre ellos.” (Alarcón, 2026) Más allá de lo ideológico, según Enrique Santos Calderón -ESC-, el distanciamiento con Gabo se agudizó tras la infidencia de Plinio -le fascinaban los chismes- sobre amoríos del Nobel, la cual produjo una reacción fulminante de Mercedes Barcha, la Gaba, quien decidió cancelar al padrino del primero de sus hijos. Duro para Plinio. Incómodo para Gabo. Y tema suculento para la chismografía intelectual izquierdosa. “A pesar de las circunstancias, la admiración de los dos se mantuvo, Plinio siguió siendo defensor de regímenes de derecha y Gabo continuó con la amistad de Fidel Castro.” (Alarcón, 2026)
De acuerdo con ESC, quien lo trató a lo largo de varios años en París y Bogotá, aunque no le tocó su primera época de izquierdista comecandela, cuando regañaba a GGM por falta de conciencia revolucionaria, para años después reprocharle su amistad con la Cuba revolucionaria de Fidel Castro. Por eso, el brinco ideológico de Plinio fue inmenso. Años de fuga y El día que entregamos las armas son dos estupendos relatos suyos donde ya se olfateaba su escepticismo con la causa marxista, “que transformó luego en una furiosa cruzada periodística que lo consagró como el vocero más destacado de la derecha y los militares en esa época turbulenta.” (Ibíd)
PAM volvió sobre esa relación en Aquellos tiempos con Gabo (2000), “volumen en el que reunió cartas, anécdotas y recuerdos de más de seis décadas de amistad. El libro se publicó posteriormente bajo los títulos Un García Márquez desconocido (2009) y Gabo: cartas y recuerdos (2013).” (Ospina, 2026) Le siguieron las novelas Cinco días en la isla (1997) y Entre dos aguas (2010), además de libros de memorias como Muchas cosas que contar (2012), Retazos de una vida (2017) y Postales de una vida (2021), que sería su último libro, “una especie de despedida escrita: un mosaico de recuerdos entre Bogotá, Barranquilla, Boyacá, París, Roma, Moscú, La Habana y Caracas, con retratos de amigos como Marvel Moreno, Fernando Botero, Pablo Neruda y el propio Gabo.” (Cano, 2026)
También en 2021 el Gobierno del subpresidente Iván Duque le otorgaría la Orden de Boyacá en el grado de Comendador. La mente de PAMG de los últimos días de su vida “se quedó congelada en los años en que vivió en Europa y también en Barranquilla, cuando convivió con Marvel Moreno, la escritora de esa hermosa novela En diciembre llegaban las brisas” (Alarcón, 2026) y destacada columnista que fue su 1ª esposa.

No lo conocí de manera presencial, ni francamente quise hacerlo en 2012 cuando era jefe del área de Humanidades en el colegio Usaquén de Bogotá; en esa ocasión una colega, gran amiga y familiar de él, me insistió para invitarlo a nuestra institución distrital y yo siempre me negué con cualquier pretexto, menos con la razón verdadera: sus posiciones políticas que llegaron hasta una repugnante legitimación del paramilitarismo y porque en sus obras, varias de ellas notables, adivino al igual que Pacho Gutiérrez Sanín, un tufillo de envidia que me molesta muchísimo.
Hoy me arrepiento y pienso que pudimos haber debatido virulentamente, pero con un lenguaje respetuoso y con los sentidos de la evidencia y las técnicas de argumentación compartidos pues se había se convertido en uno de los ideólogos más respetados de la derecha latinoamericana. Era lo que María Isabel Rueda -amiga de él y su 2ª esposa talentosa, la pintora Patricia Tavera- llama “un mamerto converso, igual que Vargas Llosa”, que llegó al extremo de escribir sendos artículos en los que saluda las labores de espionaje que cumplieron los cuerpos secretos colombianos para detectar infiltrados de la guerrilla en los medios de comunicación y en las universidades públicas.
Importante citar el testimonio de ESC, quien se distanció de PAM en lo político, aunque no en lo personal: continuamos conversando, tomando vino aquí y allá y discutiendo, a veces con excesivo ardor, lo que pasaba en el mundo, pero sobre todo en Colombia. Yo -sigue Santos- le reprochaba sus mal disimuladas simpatías por el paramilitarismo y él me decía que yo seguía bajo el embrujo de un socialismo fracasado y se burlaba con venenosa ironía de los líderes de la izquierda. Era un agudo y acelerado conversador, que se tragaba las palabras en su afán por discutir y convencer. Y por provocar, porque era bueno para el vainazo retador. Además de su talante boyacense y su sardónico sentido del humor, Enriquerecuerda de Plinio su afición por la controversia. Le fascinaba discutir y confrontar puntos de vista. Entre más derechista se volvía, más quería escuchar críticas. ESC no recuerdo en qué momento Plinio dio la voltereta ideológica que lo aterrizó en la derecha radical, aunque el desplome de las dictaduras comunistas en Europa Oriental y el ruinoso fracaso del modelo soviético hablaban por sí mismos. Casi toda la intelectualidad europea que simpatizaba con Moscú viró hacia la socialdemocracia. Mendoza García, que era un tipo sanguíneo y visceral, fue mucho más allá en su rechazo a la antigua causa.
Como PAM fue un personaje complejo, contradictorio y genial, su pensamiento político describe un arco que él mismo reconoció sin ambigüedades. Reitero que en los 50 y 60, él compartió con GGM el entusiasmo por la Revolución cubana “y la condena a las dictaduras militares que proliferaban en América Latina. Pero esa posición fue cambiando con el tiempo… Fui un hombre de izquierda, pero la realidad me convenció de otra cosa. Me niego a que me rotulen como de derecha. Soy un liberal, no de partido sino de pensamiento. Creo en la libertad política y económica; en la libertad del individuo, declaró Mendoza en una entrevista con El Espectador.” (Ospina, 2026)
Entre 1993 y 1995, Mendoza García volvió a combinar su periodismo con la diplomacia siendo embajador de Colombia en Italia y Portugal. Después, su convicción derechista -liberal, enfatiza él- encontró su expresión más contundente en el Manual del perfecto idiota latinoamericano (1996), escrito en coautoría con el periodista cubano Carlos Alberto Montaner y el periodista peruano Álvaro Vargas Llosa, con prólogo de Mario Vargas Llosa. “El libro, concebido como la antítesis de Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, analiza con tono satírico la mentalidad de las élites políticas e intelectuales latinoamericanas que, según los autores, perpetúan el subdesarrollo al abrazar el populismo, el nacionalismo y el estatismo. El idiota latinoamericano, según la tesis del libro, no advierte que el problema de la región reside en la estructura del Estado y en la concentración de poder en caudillos, y toma como ejemplos paradigmáticos el peronismo argentino y el castrismo cubano.” (Ospina, 2026)
Este manual tuvo una amplia repercusión continental y fue seguido por Fabricantes de miseria (1998). Después, estando dedicado de lleno a la escritura y a los medios, su vida no fue del todo tranquila pues, en 1999, sobrevivió a un atentado con un libro bomba atribuido al ELN. Fabricantes de miseria fue seguido a su vez por El regreso del idiota (2007) y las Últimas noticias del nuevo idiota iberoamericano (2014), todos con los mismos coautores.
De ahí que uno de los primeros en reaccionar a su muerte fue el expresidente Álvaro Uribe Vélez: “Se fue un ser excepcional, el periodista, el escritor, el humanista, el liberal, el crítico, el soldado de la democracia, el defensor de los soldados. Soy deudor de su apoyo de tantas horas”, dijo. Obvio que algunos no les perdonan a los escritores sus coqueteos con la derecha. “Tienen razón. Una cosa es simpatizar con la maldita derecha, exitosa desde Súmer hasta hoy, y otra muy distinta es menearle la cola a lo peor de la derecha, como hizo Borges con Pinochet, Vargas Llosa con Keiko Fujimori, Plinio con Uribe o William Ospina con Rodolfo Hernández.” (Londoño, 2026)
INDISPENSABLES MURMULLOS REFERENCIALES
ALARCÓN, Óscar (2026, ago 4). Plinio Apuleyo Mendoza. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/oscar-alarcon/plinio-apuleyo-mendoza/
CANO, Juan David. (2026, jul 28). Murió el periodista y escritor Plinio Apuleyo Mendoza. Cambio Colombia, Bogotá, https://cambiocolombia.com/pais/articulo/2026/7/murio-el-periodista-y-escritor-plinio-apuleyo-mendoza
LONDOÑO, Julio César (2026, ago 8). Una flor para Plinio. El Espectador, Bogotá, https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/julio-cesar-londono/una-flor-para-plinio/
OSPINA, Daniel (2026, jul 28). Murió Plinio Apuleyo Mendoza: escritor, periodista, y uno de los más cercanos a Gabriel García Márquez. El Espectador, Bogotá, https://www.infobae.com/colombia/2026/07/28/murio-plinio-apuleyo-mendoza-escritor-periodista-y-uno-de-los-mas-cercanos-a-gabriel-garcia-marquez/
eltiempo.com (2026, AGO 3). ‘Contraté a Plinio Apuleyo Mendoza por un seudónimo’: Felipe López Caballero / Entrevista de María Isabel Rueda. El Tiempo, Bogotá, https://www.eltiempo.com/cultura/como-fue-la-historia-de-que-contrato-a-plinio-mendoza-porque-le-encantaba-como-escribia-con-un-seudonimo-3575633
SANTOS CALDERÓN, Enrique (2026, ago 2). LA ERA ABELARDISTA. Los Danieles y Cambio Colombia, Bogotá, https://cambiocolombia.com/los-danieles/articulo/2026/8/la-era-abelardista
